Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

8 de noviembre de 2016

'Literaturra'

(Así de simple) 
La literatura es como el sexo, está muy sobrevalorada. Hay que ver lo que es capaz de hacer la gente por echar un polvo, bueno, pues eso mismo o más es capaz de hacerlo también por escribir, por publicar y por darle a los demás una turra innecesaria y, sobre todo, inmerecida.
Se me dirá (1,80 metros) que soy un iconoclasta, que leer es la salvación del hombre, el antídoto de la ignorancia,
lo que hace libre al ser humano, lo que le permite desarrollar el propio discernimiento y todas esas gilipolleces y topicazos que a mí me provocan sarpullido en las criadillas.
Yo particularmente soy más partidario de la literatura y del sexo orales. Hablar, contar y divertirse supone para mí un buen ejercicio de aireamiento de las neuronas, que, salvo excepciones, no he encontrado nunca en la lectura. Si a ello le unimos que la Iliada, mi obra más 'favor', se concibió para ser contada o cantada en voz alta, lo mismo que los poemas de Snorri Sturluson (v.g. la saga de Egil Skallagrimsson) o que los romances del Prisionero o del Infante Arnaldos, entonces ya no tengo más que decir, salvo buagazas, mechodandrino y fimollante de Estepona (dícese de aquellas personas que gustan de hacer el amor en la vía pública con la gabardina puesta: mi pequeño homenaje a los geniales Tip y Coll).
No creo que por leer novelas uno vaya a ser más culto ni menos ignorante, antes al contrario: considero que Paulo Coelho, Pérez Reverte, Ildefonso Falcones, Lorenzo Silva, Sánchez 'Drogao' y toda la caterva de escritores de moda, sin contar los de la novela negra actual, que son una plaga, le están haciendo un daño incalculable a nuestros jóvenes, que no quieren ni por asomo asomarse a lo que les tienen que decir unos tipos tan plastas y tan endiosados, cuando no engreídos. Por esa, entre otras razones, ya solo leen a esos pelmazos los puretas y las marujas, que se han convertido en la reserva espiritual y literaria del orbe, haciendo realidad el sueño de Unamuno (fumemos, dijo Unamuno y el hijoputa sólo sacó uno).
Decían los imanes radicales en un pasado remoto (hoy día los imanes más radicales están pegados en las puertas de los frigoríficos) que todos los libros debían ser destruidos, porque ningún libro puede decir nada que no diga ya el Libro (el Corán). En tal caso ese libro es inútil, porque lo que dice ya ha sido dicho. Y si dice algo que no dice el Libro, entonces por ello mismo ha de ser destruido. Yo vengo a sostener algo parecido, sólo que yo creo que el Corán debe ceder su sitio al Drácula de Bram Stoker, o, en su defecto, al magnífico libro 'Ambiciones y reflexiones' de Belén Esteban.
Y de la poesía... ya ni te cuento, ¡coñazo supino!. ¿Pero por qué cojones debo yo sentirme arrobado y emocionado por la profunda visión de la vida, de la muerte y del amor también que tengan Mestre, Gamoneda, Jorge Guillén, Neruda, Cernuda o Cornuda?. De joven me gustaba Lorca (la ballena asesina), pero me quité. Ahora considero que la poesía es una experiencia íntima y, como tal, debe ser como la religiosidad, incluso como la religión, experimentada en privado. ¡Fuera la poesía de la escuela!. Lo mismo que la religión debe refugiarse en casa y en la catequesis, la poesía debe refugiarse en las teterías y cafeterías progres o, en su defecto, en el váter, mientras cagas o te masturbas (o sea, en un espacio íntimo).
Cuando los estiraos hablan de leer y de cultura siempre se refieren a Saramago, a Muñoz Molina y a poetillas de mierda. Nadie habla de la necesidad de leer a Einstein, a Sánchez Albornoz o a García de Valdeavellano, o a Humboldt, o a Darwin o a Newton, o a los grandes médicos y matemáticos, o a los arquitectos e ingenieros, o a los demógrafos y economistas. O a los especialistas en ciberciencia, en computación, en nanotecnología, en biología....
Sólo por joder recordaré aquí que tipos como Sócrates o Jesucristo nunca escribieron nada y quienes pusieron en su boca cosas que seguramente nunca dijeron fueron mixtificadores consagrados como Platón, como los evangelistas o como San Pablo. Y lo jodieron todo.
Consumir ficción a lo tonto (y la poesía, la filosofía y la teología son simples subgéneros de la literatura de ficción) es demoledor para la cultura y para la formación de la persona, a la que directamente la hace tonta, pedante y pagada de sí misma. Solo sirve para pasar el rato (como ver fútbol), para anestesiar la propia imaginación y para abundar de modo intolerable en el postureo y en la afectación del lector presuntuosamente culto.
Hasta aquí puedo escribir: concluyo diciendo que para mi gusto la mayor obra literaria de ficción de la historia de la Humanidad es una novela hiperbreve que leí cierto día y ya nunca me pude quitar de la memoria. Se titulaba 'Autobiografía de un jamón' y decía así: “Yo era un cerdo, pero me curé”. Así que se lo digo a todos los literatos: si no podéis mejorar esto, y esto me parece inmejorable, podíais cerrar el puto pico.