Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

13 de septiembre de 2016

La mierda nuestra de cada día, dánosla hoy

(No lo creeréis, pero con esta mierda el autor pretendía  
encontrar la estructura básica del universo. 
Presuntuoso y envanecido como un poeta actual)
Hay que tragar mucha mierda cada día, pero, de entre toda la mierda que a diario tengo que deglutir, no la hay que me dé tanto asco como el excremento seudointelectual que intentan colarme en forma de pensamiento y expresión creativos y que no es otra cosa que una especie de dogma religioso disfrazado de sentimientos y sensibilidad humanos.
Para no caer en la 'escuridad' que tanto detesto voy a citar un ejemplo, una frase textual de uno de nuestros popes culturales: “La poesía es una aliada en la construcción utópica del porvenir, por eso su alianza está con las viejas palabras que siguen recordando tres principios: igualdad, inocencia y felicidad”.
Otro ejemplo más: “Si yo fuera poeta transformaría las palabras en sentimientos. Recogería palabras como libertad, esperanza, compasión y coherencia y las sembraría en lo profundo del alma de las personas. Apelaría a la magia de saber decir las cosas como sólo se pueden decir de esa manera, para hacer florecer los sentimientos más bellos en las actitudes y comportamientos que realizamos todos los días”.
Puras tautologías, como la existencia de un dios como principio de todo. Si dios es el principio de todo, ¿cuál es el principio de dios? Lo mismo aquí: igualdad, inocencia y felicidad. ¡Puta madre!, lo jodido es que no sabemos muy bien qué pollas quieren decir esos principios que el poeta tiene tan claros (con los grandes ojos de su espíritu: con sus ojones) ¿Y qué cojones es eso de una construcción utópica del porvenir?
Libertad, esperanza, compasión y coherencia: o sea que esos conceptos están en el alma de algunas personas, no de todas, gracias a la poesía. Una misión salvífica, como el bautismo y el abrazo de las enseñanzas del timador Jesucristo.
Seamos sinceros con nosotros mismos y admitamos que la poesía, como en general las creaciones artísticas y literarias, apenas tienen nada que ver ni con la libertad ni con la compasión ni con la coherencia ni con la inocencia ni con la felicidad humanas.
La poesía es antigua. Desde el improbable Homero hasta los afectados Gamoneda y Mestre mucha tinta se ha derramado en pos de esas pretendidas felicidad, inocencia y coherencia que tanto predican. Pero Homero cantó la belleza de la brutalidad de una guerra terrible, mientras que otros andan empeñados en describir el olor de las nubes, como un anuncio de compresas. La poesía de Baudelaire, de Rimbaud, de Byron, de Keats o de Whitman no influyó para nada en la vida de los ingleses, de los franceses o de los norteamericanos, como tampoco lo hicieron las vanguardias artísticas que anegaron París y hasta Barcelona. Al igual que la poesía, la pintura de Mondrían o de Kandinsky discurrió y discurre al margen de la realidad diaria. Unos la gozan íntimamente y algunos otros presumen de enterderla y tildan de ignorantes a quienes pasan como de la mierda de esa mierda. Finalmente los hay que utilizan las láminas de Kandinsky y de Mondrían para decorar las paredes de su chalé de un millón de 'ñapos'. Esos son los afortunados, los que hiceron de la asombrosa y revolucionaria concepción daliniana del arte y de la vida una jugosa forma de invertir lo ahorrado (digo lo robado). Esos mismos son ahora los que invocan con gran pompa a Mestre y a Gamoneda como adalides de la honradez intelectural. Pura filfa.
Neruda, un tipo acomodado y acaudalado que coleccionaba casas por el mundo, cantaba al amor de una manera displicente, como diciéndole al resto de los humanos que ellos no eran capaces de amar con la intensidad que él describía en sus poemas. ¡Estúpido!. Pero, en cualquier caso, su poesía no sirvió para impedir el asalto de Pinochet al poder, como tampoco sirvieron las obras de Alberti, Machado o Miguel Hernández para frenar al cabrón de Franco ni las de los poetas, filósofos y músicos alemanes para frenar el avance irrefrenable de Hitler. Por una simple razón, porque la poesía no tiene nada que ver con esta otra esfera de la realidad que es la vida de las personas. Son planos distintos e irreconducibles.
A un etíope, a un somalí o a un sudanés que se muere de hambre, miseria y enfermedades no lo puedes alimentar con poesía ni con láminas de Van Gogh. Y aunque la Unesco, la FAO y la ONU sean una puta mierda, que algo de eso hay, hacen una labor mucho más importante en el sentido de revertir esa situación injusta que todos los poetas, los pintores y los músicos del mundo juntos.
El arte (incluidas la literatura y la poesía) son como el ecologismo, un producto de sociedades avanzadas y económicamente acomodadas, que generan un importante excedente de ocio y tiempo libre susceptible de ser empleado en consumir productos culturales de ese tipo. El arte (incluidas la literatura y la poesía) es eso, un producto cultural y no conviene, por tanto, identificarlo con la 'Cultura', porque ello supone un reduccionismo intolerable, por excluyente, ya que deja fuera a otras manifestaciones y productos culturales de gran importancia, de mayor importancia, tales como la investigación con células madre, la investigación contra el cáncer, la economía, las matemáticas, la robótica, la astrofísica... por citar algunas. Hasta la política y la guerra son un producto cultural, porque hasta donde yo sé no hay ningún otro organismo vivo que se organice o se destruya de la forma en que lo hacen los seres humanos.
Me estoy poniendo excesivamente serio. Lo que quiero decir es que al que le guste la poesía que la viva, que la sienta o que se la meta por el culo, pero que no dé la turra con el rollo ese de la coherencia, la inocencia, la libertad y la igualdad, porque eso es pura palabrería y pura mentira. Igual pasa con el arte, sobre todo con la pintura y la música (mucho menos con la arquitectura). Si dices que la obra de Pollock (Jack el Salpicador) es una puta mierda presuntuosa e inverosímil te tildan de insensible e ignorante o consideran que eres un provocador. A ellos tampoco les gusta, pero aparentan que la entienden y que los transporta a un estado superior de la conciencia. Lo dicho, puro dogma religioso.

PD: Concluyo con una frase que no es mía, sino de un prestigioso matemático: "La verdadera negación de la literatura es hoy el clamor mediático de anticipos, publicaciones, presentaciones, recensiones, publicidades, patrocinios, premios, traducciones, reediciones y exhumaciones que acompañan al mercado editorial" (le faltó citar las entrevistas). O lo que es lo mismo, esto lo digo yo, que tanta poesía, tanto arte y tanta literatura de medio pelo hacen más daño que bien, porque tornan imposible discriminar y lanzan a las personas al consumo masivo e irremisible de productos culturales como el fútbol o el Gran Hermano. Es decir, fomentan aquello mismo que dicen combatir.