Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

3 de diciembre de 2006

Me desagrada la Sagrada

El pasado fin de semana estuve en Barcelona y ya parlo catalán casi tan bien como Montilla y como Aznar en la intimidad (aunque a mí en la intimidad lo que más me gusta es el francés y, si acaso, el griego). La cosa es que Luis del Olmo, que es un señor muy alto que tiene nombre de plaza, entregaba los premios del programa Protagonistas. Como cada año, entre los premiados hubo de todo, con nutrida presencia de ‘pedorros/pedorras’.
Uno de los premiados fue un tal Custo, que es pequeño, feo y catalán, aunque él no tiene la culpa de ninguna de las tres cosas. Este homúnculo (por utilizar un término ‘paracelsiano’) diseña camisetas para cuerpos Danone, como una forma de conjurar su propia falta de glamour, consciente de que lo suyo sólo se arregla con esa otra variante de la moda que es la cirugía plástica.
También premiaron a una señora baja y gruesa llamada Victoria Subirana, que hace 15 años se marchó a Nepal y, en un alarde de originalidad, se cambió el nombre por el de Vicki Sherpa y fundó una ONG. La buena mujer estaba tan arrebatada que soltó un discurso muy sentido por todos (yo por lo menos lo sentí mucho) sobre la pobreza en el mundo y la opresión en el Tíbet. En fin, la Vicki se enorgulleció públicamente de que el vestido que llevaba para la ocasión hubiera sido confeccionado por las mismas mujeres mendigas que ella había encontrado al llegar a Katmandú, lo cual explica, aunque no justifica, por qué las buenas señoras eran mendigas y acabaron convirtiéndose, como mucho, en tapiceras, porque, más que con un vestido, la Sherpa de la ONG parecía ataviada con unos cortinones.
También tuve ocasión de acercarme a la Sagrada Familia. No me gusta el ‘papanatismo’ (fanatismo) religioso de Gaudí ni su plasmación arquitectónica. Respecto a ese templo penitencial sólo alcanzo a decir que me desagrada la ‘Sagrada’.
Así que regresé a Ponferrada y aquí me ando, inmerso en el tráfago cotidiano, un trajín apenas roto por anuncios como el de la celebración en Ponferrada de unas jornadas literarias sobre la España mágica. Como se ve, las desgracias nunca vienen solas. En vez de hablar de la España mágica deberían tratar sobre la España ‘manguis’. No hay mejor literatura mágica ni fantástica que las explicaciones de los políticos para autoexculparse de la corrupción y de las prevaricaciones que los salpican. La diferencia entre un político honrado y uno corrupto sólo depende de las pruebas y de lo que se le unte a los jueces, pues el dinero, «lavándoles las manos les ablanda el corazón» (Quevedo, querido). Hay que despenalizar la corrupción, porque es la primera fuente de creación de riqueza y empleo de España.
PD. El ‘Beni’ XVI fue a Estambul a visitar Santa Sofía (que no se llama así por una santa, sino en honor a la sabiduría -sophia-). Allí aprovechó también para entrar en la mezquita Azul de Sultanahmed, una preciosidad de templo. Lástima que, al igual que la Sagrada Familia, esté dedicado a un dios vengativo y genocida.

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