Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

28 de agosto de 2007

Murió Umbral, pero quedan más

Murió Umbral y con su muerte han desaparecido también otras muchas cosas. Entre ellas una forma de columnismo próxima a extinguirse. Umbral fue en ocasiones agrio y casi ofensivo de puro sarcástico, en otras tonteó con la aquiescencia, como un hijo del agobio. En ‘Un fantasma recorre Europa’, aparecido en el Norte de Castilla, un Umbral aún joven, si ello fuere posible, aunque provocador como siempre, lanzaba injustas invectivas contra el Nobel Solyenitsin (refiriéndose al autor de 'Archipiélago Gulag' como el fantasma del título).
Años después, en 1979, parió un artículo genial titulado ‘El Trienio’, que le valió la concesión del premio César González Ruano de periodismo, merced a hallazgos indudables que se desgranan ya desde el primer párrafo: “España entera Campana de Huesca cuyo badajo toca a entierro loco”.
Tras titubeos y banalidades con temas y personajes intrascendentes y nimios, como Pitita Ridruejo, Umbral quiso encontrarse a sí mismo en las páginas de El Mundo, pero no pudo. El excesivo reconocimiento de su obra y su salud endeble lo impidieron.
Con él recuperamos momentos grandiosos del castellano. No hizo recordar a Larra, a Agustín de Foxá y al propio González Ruano.
Hoy entregó su alma, espero que al diablo. En esta dura lid ya sólo nos quedan Manuel Alcántara y el centenario (de Terry) Victoriano Crémer.
En un universo periodístico entintado de mierda, como éste, con libelos de baja estofa enmascarados bajo nombres supuestos, el aliento, todavía fresco, de un buen escritor se ha extinguido dejándonos un tanto asqueados.
No hace falta reinventar aquí y ahora el género periodístico, porque es tanto como descubrir los ‘fréjoles en remojo’. Una columna es un mundo literario. Mancillar su sentido y significado ontológico es imperdonable, aunque sólo sea porque hubo gente, como Umbral, Larra, Ruano o Foxá que la enaltecieron no poco. Juzgo el oprobio escaso castigo para quienes la denigran.
Murió Umbral, pero, no obstante, quedan más. Gracias le sean dadas por ello al maligno.

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