Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

11 de febrero de 2008

Romanones y los artistas de los... madrugones

Hoy me apetece comentar el titular de arriba, publicado recientemente en un periódico de la provincia. Ya lo dijo Mariano en su día, citando a Romanones (tócame los...): ¡qué tropa!. Resulta que intentamos ayudar al pobre Rajoy y vamos y la cagamos diciendo que quiere expulsar a los extranjeros que ‘comentan’ delitos. O sea, tú eres afganoandorrano o ‘pajistaní’ y vas y le comentas a un colega que un tipo robó en una joyería y, como te oiga un ‘municipote’ o un delator, estás jodido, porque te echan a tomar por el culo de aquí.
Digo yo que será un error, pero hay tantos errores bienintencionados que uno ya no sabe en qué creer, aunque diga Zapatero en los carteles que hay razones para creer (que ya parece un obispo el jodido), porque, sin ir más lejos, yo escuché a Arias Coñete, digo Cañete, aquello de lo buenos que eran los camareros de antes y que los de ahora no saben ni traerte una ‘manteca colorá’ (cerdo; la manteca, no el camarero, o sí). Y luego nos vino el propio Rajoy con lo de los artistas que se levantan a las siete de la mañana y no llegan a fin de mes. Seguro que se refería a la Espe, que ya dijo en su día que también ella tiene problemas de ese tipo.
Lo de la propiedad intelectual y lo del canon digital es una puta mierda, es verdad: puestos a ello, también debería pagarse un canon a los periodistas cada vez que alguien lee una noticia redactada por ellos. Habrá quién diga que escribir en un periódico es fácil, pero júzguense casos de evidente incompetencia, como el que indicaré abajo o como el del rector Penas, que no hace mucho nos regaló con una carta en la que había al menos 30 faltas o 30 sobras, si bien, en rigor, sobraba toda la carta en sí. Sí, cualquiera escribe hoy en día... y se nota.
Así que no hay que fiarse. A Rajoy le salen ahora muchos amigos, pero algunos son de poco fiar y le van a arruinar la carrera política. Arremetiendo contra los maricones, los negros y los marroquíes, que es realmente a quienes van dirigidas todas las soflamas sobre la inmigración, no va a lograr mucho más allá del voto de unos pocos jubilados que, por otro lado, ya le votan.
Ahora también se ha sacado de la manga lo de los niños delincuentes, pero, en cambio no ha dicho nada de perseguir a los otros delincuentes que no son negros ni islámicos ni menores, sino empresarios que practican el terrorismo laboral, alcaldes corruptos (valga la redundancia), banqueros (valga la redundancia), traficantes de drogas, de armas y de mujeres... ¿qué pasa con ellos?
En caso de perder, Rajoy siempre puede consolarse pensando que dios también odia a los negros y a los maricas y protege a los corruptos y a los asesinos. A lo mejor con eso le basta.
Sabido es que no suelo respetar mucho a las personas. En general me dan náuseas. Pero a los bobos directamente los soporto menos aún, si cabe. Viene esto a cuento de un apestoso artículo que firma en un diario provincial un tal J. A. B. de P. en el que afirma que “la Iglesia no busca inmiscuirse en la política ni en el gobierno, pero exige el respeto por parte del Estado a la conciencia y a las creencias de los cristianos”.
En ‘apoya-dura’ del desvarío mental declara con fruición que los ataques a la Iglesia tienen mucho que ver “con la mala conciencia del nutrido grupo de excuras y exseminaristas que nutre las direcciones de los partidos”. Que es como si yo dijera que su acendrada defensa de los sentimientos beatíficos e inocuos de la Iglesia proviene del sentimiento de culpa que el autor del excremento intelectual tiene por haber sido en otra época un comunista radical y recalcitrante, que tal parece, pues no hay peor cosa que un piojo resucitado.
Seguro que cualquiera que me lea no recuerda ni un solo caso en que la secta ‘sotánica’ se haya inmiscuido de propósito en los asuntos del estado. Seguro que no.
PD: Ya se sabe que no hay nada peor que un bobo adulterado por el estudio.

1 comentario:

Hipatia dijo...

Este ilustre “historiador”, que no duda en calificar de tal –de ilustre- a su abuelo Félix de P. del Río (quizás por haber sido médico durante la época franquista más represora), olvida que el poder espiritual de la iglesia se asienta fundamentalmente sobre el poder temporal –el poder político- al que nunca ha renunciado y que la propia Santa Sede nunca ha ocultado.
En este sentido, este original historiador es más papista que el Papa. Se “olvida” (solo son algunos ejemplos históricos) de los legados “temporales” –territorios y hombres- que la Santa Sede recibió de Carlomagno, Estados Pontificios defendidos por los papas a capa y espada; se olvida de que la Santa Sede ha sido un Estado –todavía lo es- con ejército propio, con gobernadores en provincias, con dobles tribunales: de casación y de Inquisición, etc.; se olvida de la recalcitrante negativa papal a la penetración de los movimientos constitucionales europeos, plenamente aceptados, incluso, por monarcas nacidos de su poder divino; de su desacuerdo con la unificación de Italia, etc. etc. No hablemos ya de su poder temporal en España mantenido por Franco y vuelto a su sitio (?) tras la aprobación de nuestra Constitución.
La Iglesia siempre ha ido a remolque de los tiempos; ha sido, en mayor o menor grado, ultramontana, es decir, contraria al avance de la ciencia y de la evolución política de las sociedades -ya sea con el divorcio, con la investigación para la salud o sobre la educación constitucional-. En definitiva, contraria a cualquier logro científico o social, aun siendo democrático, obtenido sin su divino permiso.
Lo que sorprende de este singular ilustrado no es su defensa de valores coincidentes con los de la Iglesia que, por lo demás, son respetables y comunes a muchos otros, sino la paradoja resultante –públicamente aireada- de su conversión ideológica, otrora defensora de postulados revolucionarios (comunistas) y hoy, por lo que se observa, profundamente conservadores y carentes, en todo caso, de rigor histórico alguno.