Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

20 de abril de 2008

'Rubalcabra' y los misioneros en 'Fuenteviejuna'


Con excepción, acaso, de las canciones del alcalde rockero de Oencia, no hay nada que se me antoje más desagradable que escuchar a Conchita Velasco cantar ‘la chica ye-ye’. Bueno, pues, más o menos, eso es lo que hizo: cantó ‘la vieja ye-ye’. Fue en la gala de los Micrófonos de Oro y menos mal que no cené, que si no, lo ‘regomito’ todo. No sé cuantos años tiene esta señora, pero estoy seguro de que los tiene todos y canta, no, grazna como un cuervo.
En fin, la cosa de los Micrófonos de Oro consiste básicamente en un par de tías y tíos buenos rodeados de un geriátrico con una montaña de colesterol, que se exhiben junto a lo que fue la otra montaña, la de carbón, cuya retirada, según los tribunales fue ilegal, pero yo creo que, pese a todo, aquella retirada ilegal estuvo menos justificada que una eventual retirada de esta otra montaña de viejos babeantes ante las turgencias de Paloma Lago. Toda la gala de los micrófonos parece una representación teatral y macabra de 'Fuenteviejuna'.
La dichosa gala coñazo de los Micrófonos duró hasta las tres de la madrugada y sirvió, entre otras cosas, para comprobar que Severiano Ballesteros sería la hostia jugando al golf, pero el humor lo tiene debajo de las almorranas. Quiso hacer una broma y lo que hizo fue el ridículo.
Luego llegó Luis del Olmo, por el que no pasan los años (se quedan) y nos endilgó la actuación de una chica de Molinaseca, que dice él que canta como los ángeles, pero interpretó un tema del difunto Freddie Mercury que hizo que éste se revolviera en su tumba. Menos mal que luego cantó Pasión Vega y eso nos evitó alguna que otra pesadilla posterior. Luis del Olmo estuvo acompañado casi todo el tiempo en las labores de presentación de la gala por María Teresa Campos. No me la imaginaba tan bajina.
Otra que volvió a la carga este año fue Estrella Morente, que ya había aullado el año anterior con particular horror. Al principio no le funcionó el micrófono y todos lo agradecimos, pero le pusieron otro que funcionaba mejor y yo me pregunto ¿por qué?.
La Morente llegó a la gala con su marido Javier Conde, que también estaba premiado, dicen que por torear, pero es una evidente exageración. Esta pareja constituye la típica unión del torero y la folclórica, sólo que en este caso ni ella canta ni él torea. Es una lástima, pero es muy español, (como los pintores que no pintan, los bailarines que no bailan, los periodistas que no escriben ni saben hacerlo, los constructores que... y los políticos que... bueno, me callo).
También pude comprobar que a Francino el de la Ser le sienta fatal madrugar tanto y se le está poniendo el rostro muy 'viejuno', ¡con la cantidad de bragas que logró que se mojaran en sus buenos tiempos!. Tanto Francino, como ‘Rubalcabra’ (se parece cada vez más a un chivo), como algún otro, hicieron matizadas alusiones a los que crispan e insultan, en clara referencia a Jiménez Losantos. Digo yo que una persona que despierta tanto odio como Losantos debe tener algo bueno. Hablando de Losantos y de sus ocurrencias: Esperanza Aguirre no acudió a recoger el premio, debía andar muy atareada esquivando las cuchilladas de Rajoy y preparando las suyas propias. Esto es en lo que puede acabar convirtiéndose el PP como alguien no lo pare, en un combate de esgrima, pero a navajazos, pura gitanería. ¡Mecagüen, con lo educados y modosos que parecían cuando España (les) iba bien!
Volviendo a los Micrófonos, el obispo de Astorga también se erigió (cómo le gusta a este hombre erigirse. Vean arriba su entrada estelar por cortesía del gran fotógrafo Gaztelu. ¡Hay que ver cómo se erige!); digo que se erigió en estrella mediática para entregar uno de los premios a unos misioneros viejos y arrugados que deslucían entre tanto colorín y glamour. Dicen que el premio se lo dieron por su obra misional, aunque seguro que nadie ha comprobado el daño que han causado con tanta caridad y solidaridad.
PD. Leo una carta de Cecilio Vallejo dándole unos consejos a la ministra de Vivienda. No hay que ser hipócrita, seguro que a Cecilio le habría gustado más otro tipo de ministro de Vivienda, digamos, como el Pocero.

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