Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

23 de agosto de 2010

Dos hombres y varios desatinos

(¿Dos hombres y un destino?, no, en todo caso dos hombres y varios desatinos)
Antes de enfangarme en la legamosa actualidad quiero zanjar la cuestión del ‘poetastrismo’ (esa especie de ‘castrismo poético’) tan común en el Bierzo y en otros microuniversos literarios lastrados por la endogamia intelectual. Por tal motivo transcribo aquí el epitafio que el propio Esquilo redactó hace casi 2.500 años:
Esta tumba esconde el polvo de Esquilo,
hijo de Euforion y orgullo de la fértil Gela.
De su valor Maratón fue testigo,
y los medos de larga cabellera,
que tuvieron demasiado de él.
Con independencia de que existen varias traducciones o versiones del epitafio, lo cierto es que el genial poeta y dramaturgo (repito, uno de los más grandes y tal vez el más asombroso de todos los tiempos), no quiso hacer mención alguna a su actividad poética, y ello pese a saber (era imposible que lo ignorara, porque él mismo así lo señaló en alguno de sus párrafos) que su inmensa obra estaba destinada a la perdurabilidad que ahora llamamos inmortalidad de forma impropia.
Traigo a colación el epitafio de Esquilo por dos razones: primera, porque lo que más enorgulleció en toda su vida a este gran personaje fue su valentía y arrojo en las arenas de Maratón, batalla que, de haber perdido Esquilo y los griegos comandados por Milcíades, habría determinado que nuestra civilización fuera distinta a como es. Segunda, porque es una cura de humildad para los que tan alegremente se autoproclaman poetas, como si ello dependiera única y exclusivamente de un acto volitivo del escritor, cuando en realidad depende más de las generaciones venideras y de la fidelidad que ellas le guarden a un autor y a su obra. Y mira tú por donde, yo barrunto que la obra de Gamoneda, de Mestre, de Busmayor y de López Costero, pero también la de Gil de Biedma, de José Hierro, de Valente, de García Montero, de Benedetti y de tantos y tantos otros se extinguirá como una pavesa (Machín, querido) por la infidelidad de los lectores. Pocos son ahora los que los leen y los que tienen cojones a recordar y a emocionarse con algún verso de cualquiera de éstos que he citado, y serán muchos menos en el futuro, cuando todavía resuenen límpidos “Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte....”; “Que por mayo, era por mayo...”; “La gloria canta, ¡oh! diosa, del pelida Aquiles...”; “Polvo serán, mas polvo enamorado”; “Más quiere el ruiseñor su pobre nido de pluma y leves pajas....”; “Del salón en el ángulo oscuro...”; “La princesa está triste...”; “No me jodas en el suelo / como si fuese una perra, / que con esos cojonazos / me llenas el coño de tierra”. ¿A qué seguir?, creo que se me entiende.
De modo que, como prometí, voy dejar de lado por un tiempo el ‘poetastrismo’, que a fin de cuentas es un huevo colgando y otro lo mismo, y enfangarme hasta mis grandes ojos (hasta mis ojones) en la realidad, que, como es bien sabido, es lo que sucede en ausencia de drogas y de alcohol: ‘Pepiño’ Blanco, ese gran nabo que alumbra Occidente con luz preclara, dice que los españoles pagamos pocos impuestos y que hay que subirlos, porque no podemos pretender tener servicios de primera con impuestos de tercera. Tócame los cojones, que vengo de esquiar. A): lo de los servicios de primera que tienen los españoles es una broma macabra propia de un indocumentado que viaja en coche oficial y no ha estado en su puta vida en una lista de espera desesperante de la SS (Seguridad Social). B): lo de que pagamos pocos impuestos es un desprecio y un insulto a todos los que han aprendido algo en sus estudios de matemáticas, cosa que él, obviamente no ha hecho tal vez por estulticia, mentecatez o ‘retrasación’ mental. Los españoles pagan más impuestos que el resto de los europeos, por la sencilla razón de que cobran mucho menos. Si lo que quiere decir, que dudo que lo entienda, es que la contribución total de la masa impositiva al PIB es menor en España que en el resto de Europa, eso es cierto, pero se debe, precisamente, a que hay muchos que no pagan: las grandes bolsas de fraude y las grandes fortunas, a las que él y su jefe prometieron fiscalizar, pero no tienen cojones ni clase para hacerlo. Lo más probable es que él o su familia o sus amigos o sus protectores sean detentadores de algunas de esas grandes fortunas que no pagan ni un puto euro. Así que lo que quiere es compensar esa falta de ingresos con una subida a los únicos a los que tiene ‘valentía’ para atornillar: a los trabajadores, a los que Aznar, Rajoy, Cascos, ZP, Pepiño y otros, como el Trío Acuario (la Trini, la Pajín y la Espe) han jodido tanto que, en vez de trabajadores, deberían llamarse ‘trabajoderes’, porque están todo el día poniendo el culo para que los sodomicen unos señoritos de mierda a los que hemos elegido entre todos porque no existe otra opción. (Mi opción es que a todo político, tras su mandato, se le confisquen los bienes de él y de su familia hasta el cuarto grado y después se lo meta en la cárcel durante 6 años, siempre que pueda demostrar su inocencia. En caso contrario, 10 años). Los españoles también deberíamos tener derecho a unos políticos de primera y nos tenemos que conformar con desechos de tienta como ‘Pepiño’.
Bueno, pues Pepiño es tan indocto que al día siguiente le desmintió su propia compañera Salgado, que no es que sea mucho más docta, pero está viendo que con artistas del trapecio como éste el PSOE se va a ir a tomar por el culo sin tardar. Recuerdo cuando todos alababan a ‘Pepiño’ tras su designación como ministro de Fomento y nuevo hombre fuerte del PSOE. Ya dije yo entonces que era ‘cortín’ y que nos íbamos a espanzurrar de risa con sus ocurrencias de lepidóptero. No se me creyó entonces, pero tiempo al tiempo, y lo peor es que luego será tarde.
No sólo eso, sino que ahora llega un digno émulo de ‘Pepiño’: el líder del PSOE en Castilla y León, Óscar López, que desembarcó ‘aquí-escente’ para que le partiera la cara Herrera o cualquier otro del PP, como antes sucediera con sus ‘homos antecesores’ (González, Quijano, Alejo, Villalba, Laborda, que no sé a que fue Zapatero a Atapuerca, si tiene a los fósiles en casa y muy vivos). López ha tenido la ocurrencia de subirse a una bicicleta (al más puro estilo Rajoy) y hacer un tour de varias etapas por la comunidad autónoma para promocionar, según dice, “la cultura del esfuerzo”. ¡Jódete!. La cultura del esfuerzo la practico yo todas las mañanas cuando voy a cagar, que tengo un estreñimiento de la hostia, de aguantar a tanto gilipollas... El otro día compartió bicicleta con Paco Raquetas y así en plan ‘Dos hombres y un destino’ (en este caso, dos hombres y varios desatinos) y, a falta de tranvía, recorrieron las calles de León a lomos de una burra, (bicicleta en el argot ciclista. Ver foto. ¡Están preciosos ambos a dos!).
Hay un pueblo leonés, en el que he pasado alguna temporada, que tiene una iglesia de ladrillo del siglo XIII que es única en España, lo que no es óbice para que lleve más de dos años cerrada porque amenaza ruina, ante la impasibilidad de la Junta, del Ayuntamiento y de una gran parte de los vecinos.
Bueno, dos años y pico después alguien reparó en la jodienda y constituyó una asociación para la defensa de San Lorenzo (esa es la advocación del alicaído templo) y poco después se formó otra asociación con idéntico fin. Demasiadas asociaciones me parecen a mí para un pueblo ‘ultracatólico’ que no dudó en permitir que a la iglesia de La Trinidad le arrancaran las campanas por el procedimiento del tirón y que luego le cambiaran el nombre por el de un actor de renombre y por el de un albergue al que bautizó, siquiera fuese mediante inducción, un señor de las Grañeras.
Lo más probable es que con tanto defensor como le ha salido, la iglesia de San Lorenzo acabe en el puto suelo, como ya acabó otra hermana suya dedicada a Santiago y como acabó también a mediados del siglo pasado la de San Tirso, pues la que hay ahora no es más que una burda reconstrucción. No una restauración como alguno pretende, sino un remedo impropio en el que algún listo se inventó un nuevo ábside que nunca había existido y un arco mayor de herradura que tampoco existió nunca. Vamos, un despropósito y una pena, porque recuerdo que las torres de San Lorenzo y de San Tirso le parecieron a Federico García Lorca (‘Lorca, la ballena asesina’) un paradigma del duende (el acto de creación más puramente español: Lorca ‘Juego y teoría del duende’). Aunque sólo fuera por ello, esta iglesia merecería ser conservada, y lo digo yo, que ya se sabe el cariño que profeso a todo lo que huele a sacristía.

PD. Obama retira las tropas de combate yankis de Irak. Han hecho una labor ejemplar: cientos de miles de muertos y un país arrasado por completo. Luego dicen que la democracia occidental no es eficaz. Lo que me asombra es que nadie en el PP critique a Obama como criticaron en su día a Zapatero por hacer exactamente lo mismo, pero, aunque parezca raro y lo sea, con mayor visión de futuro. En fin, piara de bípedos repugnantes, que diría Empédocles.

7 de agosto de 2010

El planeta de los nimios

(¿Podría un simio escribir La Orestiada?, pues eso)



Al final, son las cosas más ridículas, insustanciales y nimias (no en vano este es el planeta de los nimios) las que más tiempo ocupan en la vida de un ser humano. De este modo, lo más trascendente, es decir, comer, joder, cagar y emborracharse, son actos a los que dedicamos relativamente poco tiempo si lo comparamos con el tiempo que perdemos hablando de política, de toros, de fútbol y de esas otras ocupaciones de medioburgueses ociosos y adocenados (entre los que me cuento) que son la literatura, la religión y el arte.
Incidiendo en ello, debo proseguir con la matraca poetística y, a fuer de iconoclasta, ser honesto y pedirle sinceras disculpas a Juan Carlos Mestre, porque el hombre me hizo saber que andaba un tanto dolido por el ambiguo título de la anterior entrada de mi blog. En honor a la verdad, es un señor muy educado y me trató con más afecto y simpatía de los que seguramente merezco.
En cualquier caso, jamás pretendí insultarlo a él y mucho menos a su madre (no es hijoputa quien de puta nace, sino quien putadas hace). Lo único que pretendí fue hacer mofa de ciertas expresiones que juzgo alambicadas, melifluas y afectadas, y en las que Mestre, al igual que tantos otros, abunda sin justificación, así como de los actos y reconocimientos sociales anodinos y ramplones, como la ceremonia que tuve la desgracia de tragarme el pasado día 26 de julio, en la que a Mestre lo nombraron Hijo Predilecto del Bierzo.
En esos actos el personal entontece y hasta los políticos, esos robots del posibilismo y las encuestas, se empeñan ñoñamente en pergeñar estúpidas loas y panegíricos a la figura de un poeta al que probablemente no han leído ni piensan leer en su puta vida. Por si ello no fuera suficiente, se ponen a emular al homenajeado y a ejercer ellos mismos de poetastros improvisados con el fin de ver quién escupe la metáfora más rebuscada o la imagen más epatante y, claro, quedan como el puto culo. A estos ‘vates retros’ (Satanás) habría que decirles: “¿De verdad sabes lo que es cagar?, bueno, pues hablar es lo mismo, pero por la boca, algo totalmente natural”.
No son sólo los políticos ni los poetas los que entontecen, haciendo entontecer, de paso, a sus congéneres bípedos (simios y nimios). Sin ir más lejos, unos días después del dislate ceremonial del Hijo Predilecto, hube de acudir, para mi desgracia, a la inauguración en el castillo de Ponferrada de una interesante exposición permanente de ediciones facsímiles de importantes códices miniados medievales. Bueno, pues más de lo mismo, tuve que aguantarme las ganas de vomitar ante lo empalagoso de los discursos: el del director de los museos de Ponferrada, cuya única función debiera haber sido presentar a los intervinientes, fue larga, cargante y tan autocomplaciente que parecía mismamente que el susodicho pretendiera chupársela en público a sí mismo y, aprovechando, también al alcalde y a la concejala de Cultura. La intervención del donante de la colección de facsímiles también fue inaguantable, pero a éste bien merecía la pena soportarlo por razones de fuerza mayor (‘dineris causa’).
En fin, que tras la poesía hay mucha mierda encubierta y hay mucha mierda encubierta de poesía: en cuanto aparece un claro de un bosque (si es un hayedo miel sobre hojuelas), un promontorio o una piedra que sobresale del terreno, allí se sube cualquier juntaletras a declamar, como si los árboles y los pájaros tuvieran culpa alguna de las aficiones literarias de un tío de Villafranca, por poner un ejemplo.
Jamás he denostado la poesía de Mestre, porque, entre otras cosas, me la sudan directamente la de Mestre, la de Gamoneda, la de Pereira y las del resto. Yo soy muy maniático y mis preferencias y referencias son escasísimas y en algún caso bizarras: Rumí (Mevlana), Farid Ud-Din Attar, Homero, Esquilo, Góngora, Fernández de Andrada (el otrora Anónimo Sevillano), Borges y poco más. Además, cuanto más viejo más pellejo y más restrictivos se vuelven mis gustos. Así que no hay lugar a la duda, cuando me meto con un autor siempre es un tema personal, nunca me meto con su obra, casi siempre execrable, salvo excepciones que confirman el periodo, digo la regla.
Veamos algo de lo que nos largó Mestre en el gran día de su homenaje como Hijo Predilecto: “No soy yo el Hijo Predilecto, sino lo que significa en todo caso la poesía como continuidad de una manera de estar en el mundo, de una conducta, un acto de aquellos que se aferran con las manos desnudas al relámpago de la palabra para restituir el sentido perdido por el abuso que tantas veces ha hecho el poder de las palabras”. Item más: “Detrás de un poeta están todos los poetas que han escrito antes que él. Están todos aquellos que han tenido sueños”. Otrosí digo, “La vida carecería de sentido sin resistencia al mal”. Más aún: “Tal vez la conducta de un poeta no sea otra que la de mantener inmaculada y pura la sonrisa de los muertos, la de hacer resistir al olvido, volver a hablar con la voz prestada por aquellos que tuvieron que callar tantas veces cargados de razón, en suma, los olvidados y humillados de la historia, las víctimas, los vencidos, los que aún siguen esperando en las cunetas de la historia la mano salvadora de las palabras que restituya la dignidad perdida en nuestra lengua y la memoria de nuestro idioma”.
Mestre, como Gamoneda y tantos otros, se autoproclama el gran paladín de los sin voz, de los olvidados, de los humillados y de los que aguardan en las cunetas de la historia. Primero: y mis cojones treintaitrés. Segundo: la voz de los vencedores ha inspirado siempre mejores composiciones y poemas que la de los vencidos; léanse, si no, la Iliada o Los Persas. Tercero: en general, la venganza, la violencia, la traición y la sangre han sido mucho más fecundos poética y artísticamente que el perdón y la mansedumbre, léanse, si no, La Biblia, la Orestiada, Macbeth o Beowulf. Cuarto: la concepción del oficio de poeta como “una manera de estar en el mundo” es pura demagogia sin equivalencia real: Quevedo era un verdadero cabrón y Unamuno un tipo egoísta y pagado de sí mismo. Juan Ramón y Panero, unas malas personas... y suma y sigue. La poesía, como toda la cultura, es algo propio de los hombres, no de los animales (¿podría un mono escribir la Orestiada?). A partir de ahí, no hay que ser una buena persona para ser un gran poeta o un gran artista. Más bien hay miles de ejemplos de lo contrario. Es más, la defensa del bien absoluto contra el mal, de la que también presume Mestre, es una visión simplista y maniquea, porque no hay bien y mal de forma absoluta y perenne. Que diga eso Benedicto XVI pasa, porque es un viejo acabado y cínico, pero Mestre, no me jodas, un hombre como tú, que presume de destilar pureza intelectual...
Mestre puede ser en la vida lo que le salga de los cojones, porque además le sale muy bien y vive de ello con gran reconocimiento social y político. Pero de ahí a que yo tenga que admirar su grandeza y la de su obra por el mero hecho de que lo premió Alberti (a quien no admiro nada) o lo reconocieron Ursinos y Pereira, me parece un tanto excesivo. Y lo de la gran trascendencia del poeta y del acto poético no se lo cree Mestre ni harto de vino del Bierzo. Por todo ello y ante tan ‘rimbomburrias’ y vacuas palabras y proclamas a nadie ni debe extrañarle mi difidencia.
Por el contrario, tanta ‘logorrea’ me hace añorar al parco, pero preciso, Khayyan, a quien yo profeso mayor fidelidad que a Mestre, a Carmen Busmayor y a todo el elenco de escritores y pensadores del Instituto de Estudios Bercianos juntos, entre otras cosas porque ya está muerto y no busca ni premios ni reconocimientos. Bueno, pues Khayyan escribió en el siglo XI esta pavorosa rubai (cuarteta iraní):
“El mundo inmenso: un grano de polvo en el espacio.
Toda la ciencia de los hombres: palabras.
Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas: sombras.
El fruto de tu constante meditación: la nada”.
Así que si Khayyan dijo esto en el sigo XI, qué cojones voy a decir yo, que aunque sea sapientísimo y docto como el propio Del Bosque no me jacto de mi ignorancia y sólo busco un poco de alcohol y de alpiste con que tapar estas vergüenzas. Mestre, querido, perdóname, porque no sé lo que digo. Así que, que pase de mí este cáliz y que rulen de una puta vez los porros y la jarra de cerveza, eso sí, bien fría, que entre todos me tenéis la cabeza como el estadio del Valencia: ‘m’estalla’.