Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

7 de agosto de 2010

El planeta de los nimios

(¿Podría un simio escribir La Orestiada?, pues eso)



Al final, son las cosas más ridículas, insustanciales y nimias (no en vano este es el planeta de los nimios) las que más tiempo ocupan en la vida de un ser humano. De este modo, lo más trascendente, es decir, comer, joder, cagar y emborracharse, son actos a los que dedicamos relativamente poco tiempo si lo comparamos con el tiempo que perdemos hablando de política, de toros, de fútbol y de esas otras ocupaciones de medioburgueses ociosos y adocenados (entre los que me cuento) que son la literatura, la religión y el arte.
Incidiendo en ello, debo proseguir con la matraca poetística y, a fuer de iconoclasta, ser honesto y pedirle sinceras disculpas a Juan Carlos Mestre, porque el hombre me hizo saber que andaba un tanto dolido por el ambiguo título de la anterior entrada de mi blog. En honor a la verdad, es un señor muy educado y me trató con más afecto y simpatía de los que seguramente merezco.
En cualquier caso, jamás pretendí insultarlo a él y mucho menos a su madre (no es hijoputa quien de puta nace, sino quien putadas hace). Lo único que pretendí fue hacer mofa de ciertas expresiones que juzgo alambicadas, melifluas y afectadas, y en las que Mestre, al igual que tantos otros, abunda sin justificación, así como de los actos y reconocimientos sociales anodinos y ramplones, como la ceremonia que tuve la desgracia de tragarme el pasado día 26 de julio, en la que a Mestre lo nombraron Hijo Predilecto del Bierzo.
En esos actos el personal entontece y hasta los políticos, esos robots del posibilismo y las encuestas, se empeñan ñoñamente en pergeñar estúpidas loas y panegíricos a la figura de un poeta al que probablemente no han leído ni piensan leer en su puta vida. Por si ello no fuera suficiente, se ponen a emular al homenajeado y a ejercer ellos mismos de poetastros improvisados con el fin de ver quién escupe la metáfora más rebuscada o la imagen más epatante y, claro, quedan como el puto culo. A estos ‘vates retros’ (Satanás) habría que decirles: “¿De verdad sabes lo que es cagar?, bueno, pues hablar es lo mismo, pero por la boca, algo totalmente natural”.
No son sólo los políticos ni los poetas los que entontecen, haciendo entontecer, de paso, a sus congéneres bípedos (simios y nimios). Sin ir más lejos, unos días después del dislate ceremonial del Hijo Predilecto, hube de acudir, para mi desgracia, a la inauguración en el castillo de Ponferrada de una interesante exposición permanente de ediciones facsímiles de importantes códices miniados medievales. Bueno, pues más de lo mismo, tuve que aguantarme las ganas de vomitar ante lo empalagoso de los discursos: el del director de los museos de Ponferrada, cuya única función debiera haber sido presentar a los intervinientes, fue larga, cargante y tan autocomplaciente que parecía mismamente que el susodicho pretendiera chupársela en público a sí mismo y, aprovechando, también al alcalde y a la concejala de Cultura. La intervención del donante de la colección de facsímiles también fue inaguantable, pero a éste bien merecía la pena soportarlo por razones de fuerza mayor (‘dineris causa’).
En fin, que tras la poesía hay mucha mierda encubierta y hay mucha mierda encubierta de poesía: en cuanto aparece un claro de un bosque (si es un hayedo miel sobre hojuelas), un promontorio o una piedra que sobresale del terreno, allí se sube cualquier juntaletras a declamar, como si los árboles y los pájaros tuvieran culpa alguna de las aficiones literarias de un tío de Villafranca, por poner un ejemplo.
Jamás he denostado la poesía de Mestre, porque, entre otras cosas, me la sudan directamente la de Mestre, la de Gamoneda, la de Pereira y las del resto. Yo soy muy maniático y mis preferencias y referencias son escasísimas y en algún caso bizarras: Rumí (Mevlana), Farid Ud-Din Attar, Homero, Esquilo, Góngora, Fernández de Andrada (el otrora Anónimo Sevillano), Borges y poco más. Además, cuanto más viejo más pellejo y más restrictivos se vuelven mis gustos. Así que no hay lugar a la duda, cuando me meto con un autor siempre es un tema personal, nunca me meto con su obra, casi siempre execrable, salvo excepciones que confirman el periodo, digo la regla.
Veamos algo de lo que nos largó Mestre en el gran día de su homenaje como Hijo Predilecto: “No soy yo el Hijo Predilecto, sino lo que significa en todo caso la poesía como continuidad de una manera de estar en el mundo, de una conducta, un acto de aquellos que se aferran con las manos desnudas al relámpago de la palabra para restituir el sentido perdido por el abuso que tantas veces ha hecho el poder de las palabras”. Item más: “Detrás de un poeta están todos los poetas que han escrito antes que él. Están todos aquellos que han tenido sueños”. Otrosí digo, “La vida carecería de sentido sin resistencia al mal”. Más aún: “Tal vez la conducta de un poeta no sea otra que la de mantener inmaculada y pura la sonrisa de los muertos, la de hacer resistir al olvido, volver a hablar con la voz prestada por aquellos que tuvieron que callar tantas veces cargados de razón, en suma, los olvidados y humillados de la historia, las víctimas, los vencidos, los que aún siguen esperando en las cunetas de la historia la mano salvadora de las palabras que restituya la dignidad perdida en nuestra lengua y la memoria de nuestro idioma”.
Mestre, como Gamoneda y tantos otros, se autoproclama el gran paladín de los sin voz, de los olvidados, de los humillados y de los que aguardan en las cunetas de la historia. Primero: y mis cojones treintaitrés. Segundo: la voz de los vencedores ha inspirado siempre mejores composiciones y poemas que la de los vencidos; léanse, si no, la Iliada o Los Persas. Tercero: en general, la venganza, la violencia, la traición y la sangre han sido mucho más fecundos poética y artísticamente que el perdón y la mansedumbre, léanse, si no, La Biblia, la Orestiada, Macbeth o Beowulf. Cuarto: la concepción del oficio de poeta como “una manera de estar en el mundo” es pura demagogia sin equivalencia real: Quevedo era un verdadero cabrón y Unamuno un tipo egoísta y pagado de sí mismo. Juan Ramón y Panero, unas malas personas... y suma y sigue. La poesía, como toda la cultura, es algo propio de los hombres, no de los animales (¿podría un mono escribir la Orestiada?). A partir de ahí, no hay que ser una buena persona para ser un gran poeta o un gran artista. Más bien hay miles de ejemplos de lo contrario. Es más, la defensa del bien absoluto contra el mal, de la que también presume Mestre, es una visión simplista y maniquea, porque no hay bien y mal de forma absoluta y perenne. Que diga eso Benedicto XVI pasa, porque es un viejo acabado y cínico, pero Mestre, no me jodas, un hombre como tú, que presume de destilar pureza intelectual...
Mestre puede ser en la vida lo que le salga de los cojones, porque además le sale muy bien y vive de ello con gran reconocimiento social y político. Pero de ahí a que yo tenga que admirar su grandeza y la de su obra por el mero hecho de que lo premió Alberti (a quien no admiro nada) o lo reconocieron Ursinos y Pereira, me parece un tanto excesivo. Y lo de la gran trascendencia del poeta y del acto poético no se lo cree Mestre ni harto de vino del Bierzo. Por todo ello y ante tan ‘rimbomburrias’ y vacuas palabras y proclamas a nadie ni debe extrañarle mi difidencia.
Por el contrario, tanta ‘logorrea’ me hace añorar al parco, pero preciso, Khayyan, a quien yo profeso mayor fidelidad que a Mestre, a Carmen Busmayor y a todo el elenco de escritores y pensadores del Instituto de Estudios Bercianos juntos, entre otras cosas porque ya está muerto y no busca ni premios ni reconocimientos. Bueno, pues Khayyan escribió en el siglo XI esta pavorosa rubai (cuarteta iraní):
“El mundo inmenso: un grano de polvo en el espacio.
Toda la ciencia de los hombres: palabras.
Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas: sombras.
El fruto de tu constante meditación: la nada”.
Así que si Khayyan dijo esto en el sigo XI, qué cojones voy a decir yo, que aunque sea sapientísimo y docto como el propio Del Bosque no me jacto de mi ignorancia y sólo busco un poco de alcohol y de alpiste con que tapar estas vergüenzas. Mestre, querido, perdóname, porque no sé lo que digo. Así que, que pase de mí este cáliz y que rulen de una puta vez los porros y la jarra de cerveza, eso sí, bien fría, que entre todos me tenéis la cabeza como el estadio del Valencia: ‘m’estalla’.

26 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que han cambiado los tiempos. Antes uno iba por el bosque y se podía uno encontrar con una seta o un rolex, con algún dominguero con tortilla o con alguna pareja de amantes clandestinos... También te podías encontrar con caperucita, su abuelita, y el lobo feroz... Ahora vas y te encuentras con un montón de "poetas subidos a una piedra"... y da un miedoooo.

M.B.

Anónimo dijo...

A mí lo que más me gusta de Mestre son los ricitos y el tinte, tengo que preguntarle a qué peluquería va.

Pedrolo

Anónimo dijo...

¡Vanidad de vanidades, y todo en ellos es vanidad...!. ¿Sin esa inflacción verborreica, indescriptible, hiperbarroca, qué le queda a petit-Mestre?. A lo mejor, es de eso de lo que presume (con comedimiento y educación, eso sí) y por lo que le han premiado.
Paco, con 'una pasada fitipaldesca de dos renglones al respective', para resaltar la incongruencia del discurso huëro del interfecto, le vuelve a su sitio: su 'casa roja'. En el ínterin nos ha dejado un 'trazo' que humaniza al personaje (lo vulgariza), porque lo situa a ras de suelo, sin peana, y dice cosas de sus palmeros...

Anónimo dijo...

A los que andan "subiéndose a una piedra" o bien en encuentros y otros rollos poéticos no se les ocurre pensar que en un recital poético es casi imposible asimilar un verso (porque no basta escuchar un verso moderno una sola vez para entenderlo), que miles de libros se compran para no ser leídos nunca, que los que escriben en los periódicos sobre poesía son poetas. No quieren ver que asistimos a un recital poético del mismo modo que a una misa -sin comprenderlo- y sólo cumpliendo un acto de presencia frente a un rito; y que nos interesa la carrera de los poetas hacia la gloria así como nos interesan las carreras de caballos.
Algunos además de constituir un estilo hermético y unilateral, constituye también un mundo hermético. Y sus debilidades aparecen con más crudeza aún, cuando se contempla el mundo de los poetas en su aspecto social. Los poetas escriben para los poetas. Los poetas son los que rinden homenaje a su propio trabajo.

De modo que andar por ahí proclamándose poeta, o elevando el ejercicio de la palabra al discutible rango de profesión. Declararse poeta es como afirmar que se es profesional en Budismo. Decretarse poeta tiene algo de rimbombante y menesteroso, y en no pocas ocasiones se convierte en otra de las máscaras hórridas de la apariencia.

Y sucede que la poesía, ámbito sagrado, también es un receptáculo de farsas: de suicidas apócrifos, falsos mártires, ambiciosos demiurgos imbricados en el edificio del poder, ridículos remedos de los dioses caídos o fantoches cuasi sensualistas tan desprovistos de sensualidad que resulta más erótica una enfermedad terminal y, por sobre todo, inocuos y vanidosos escribidores sitibundos de ganar premios, de que se les lea, de que se les conceda aunque sea un mínimo espacio en la memoria y de que se les venere a cualquier precio. Se trata de una desapacible estirpe, los liricomaniacos, que busca a toda costa el reconocimiento.

He dicho.

Anónimo dijo...

Vaya tropa¡¡¡¡ esta inquina contra los poetas recuerda a las ideas más fascistas del 36, el todo vale de aquellos infaustos tiempos. Que pena que no hayan cambiado en nada los nietos de aquellos carniceros. Adelante poetas, sois más necesarios que nunca, que sería de una sociedad donde se impusieran las ideas de estos anónimos cafres, siempre tirando la piedra y escondiendo la mano, las viejas tetras de la cobardía y la España que sigue despreciando cuanto ignora.
Luis Fernandez Omaña

Anónimo dijo...

Pereira, Mestre, Carballo, Carnicer, Gavela, Busmayor, Folgueral, Fermín... tienen más inteligencia en una sola página de cualquiera de sus libros que muchos de los que por aquí han pasado a dejar su prueba evidente de que como mucho, mucho, mucho, aún no han abandonado la condición, hoy fácil de abandonar, solo hace falta leer, de incultos.

Anónimo dijo...

A mi de Mestre me gusta todo Pedrolo, incluidos los ricitos, ya quisieras tener esa cabeza, te entiendo.

María (ya sabes)

Anónimo dijo...

Maria, que no es Pedrolo, es Pedrola.

Anónimo dijo...

¿Pilar Blanco? También tu? Ozú.

Anónimo dijo...

Es que cuando yo conocí a Mestre era moreno y de pelo liso. Ahora es casi rubio y pelo con rizitos. Claro que cuando yo lo conocí no se apellidaba Mestre..., ni tampoco ahora. ¿Sabeis cómo se apellida en realidad? Tiene un apellido de lo más vulgar.

Pedrolo

Anónimo dijo...

¿Quién le enseño a tocar el arcordeón? ¿Quién le enseñó a pintar? Antes hacía unas cajitas, manualidades muy...de aquella manera.

Anónimo dijo...

Esto entra en pura degeneración, con comentarios propios de ursulinas reivindicando la virginidad de su patrona a las esclavitas que también defienden a la suya. Toda una secta que tontilocos seguidores y detractores de 'nimios', como si de profetas se tratase. Bueno, todos no, porque para eso Luis Fernández Omaña, ¡salud camarada!, dice que esta inquina contra los poetas (nimios) trae al recuerdo las ideas más fascistas del pifostio del 36. ¡Toma del frasco carrasco!. ¡Y mis cojones treintaitrés!.
Lo dicho, pura degeneración, porque lo que el antedicho lo interpreta en clave de conflicto guerreacivilista, el tal Pedrolo/la y María (ya sabes), se disputan al 'nimio' Mestre por sus ricitos. ¡Qué tropa, señor!, ¡Qué tropa!.

Anónimo dijo...

Anonimo-a, tu indigencia intelectual tiene facil solución, efectivamente y como todo el mundo que quiera saberlo, lo sabe, lo pone cualquier biografía del poeta, su nombre es Juan Carlos Perez Mestre,y como Mestre firma desde que publicó su primeros poemas con 14 años, yo fui compañero de cirso de él en el Instituto de Villafranca y siempre fue rubio y de pelo rizo, sobre quien le enseñó a pintar, tocar el acordeón,etc, hasta llegar a ser el que es, pues cabe imaginarlo, el estudio, y el esfuerzo, como todos lo que han legado a algo distinto, tan distinto, a lo-a que eres tu, marujo.

Anónimo dijo...

Conocido anonimo,que eres un memo de baba es cosa reconocida, ahora resulta que apedillarse Pérez es tener un apellido vulgar, imagino que igual que Fernández, Sánchez, Pol, Rodríguez,González, Bouza,García... Ni que Mestre fuera la persona en el mundo que utiliza el apellido materno en vez del paterno,¡dónde hay que pedir permiso, so tonto para ser más estúpido? Ojalá pudiera tener yo una de esas cajitas que hacía Mestre cuando erá joven, hoy son autenticas joyitas, y solo se encuentran a precios inasequibles, al menos para mí, en alguna galería de arte. Por lo demás me parece patético que unos y otros entren a discutir sobre el color de su pelo, eso ya linda con la fijación patológica, es increible, como si le da por ponerse rastas, o pintarselo de verde, solo faltaría, hay algo de psiquiátrico en todo esto, hasta donde puede llegar la frustración de algunos ante el reconocimiento de los demás.

Agustín M.

Anónimo dijo...

parafraseando al adusto Lenin: "la poesia no debe cuidarse tanto de sus enemigos como de sus malos amigos".

Anónimo dijo...

El que faltaba: Lenin¡¡¡¡¡
Acabaramos, haber empezado por ahi

Carlitos Marx

Anónimo dijo...

Paco como te lo montas tu solito

El insufrible dijo...

Paco ¿Cuantas faltan para las 50 000?

Anónimo dijo...

Esta si que es buena, así que todo era un montaje tuyo Paco? Vaya, vaya, hasta luego Lucas, no vuelvo a pasar conmigo, busca a otra incauta que le eche gasolina al contador, vanidoso, por no decir otra cosa. Hasta nunca,

Luz del Luna

Anónimo dijo...

Paco, que eres un genio, pocos lo dudan, pero si quedara algún escéptico, sólo tiene que fijarse lo acertado del objeto de estas dos últimas columnas. Pones el acento en un 'totem' berciano como Mestre, le glosas de aquella manera tuya tan labarguiana y ya tienes a la tribu revuelta a pesar de este ferragosto que está dejando al bierzo sumido en una modorra estival de las que pasarán a la historia por culpa de 'la caló'.(¿Será por lo del calentamiento global que tú tanto denostas?).
El caso es que no te faltan lectores y sobretodo adoradores del 'totem'. Lo curioso es que parecen que no todos son de la misma tribu y danzan con desigual pasión alrrededor del 'Mestre´s symbol'. Me sorprende también que nadie ha lanzado su dardo contra el hereje, que tú eres, por no inclinar a modo de reverencia tu ya canosa y alopécica testa y permitirte en cambio licenciosos comentarios sobre tan 'sagrados' santones. No te fíes, que por algo parecido un tal Salman Rushdie, debe andar disfrazado de danzante maragato, para que pueda presumir de cabeza, tronco y extremidades como cualquier bípedo de su especie...

Anónimo dijo...

El mundo de la poesía es un mundo ficticio y falsificado, parecerá desesperadamente infantil; y, sin embargo, confieso que los versos no me gustan y hasta me aburren un poco. Lo interesante es que no soy un ignorante absoluto en cuestiones artísticas ni tampoco me falta la sensibilidad poética; y cuando la poesía aparece mezclada con otros elementos, más crudos y prosaicos, por ejemplo en los dramas de Shakespeare, en las obras de Dostoievski, de Pascal, o, sencillamente en el crepúsculo cotidiano, tiemblo como cualquier mortal. Lo que difícilmente aguanta mi naturaleza es el extracto farmacéutico y depurado de la poesía que se llama "poesía surrealista". Me cansa el canto monótono de los versos, siempre elevado, me adormecen, y a veces sospecho que todo ese modo de expresión y todo el grupo social que a él se dedica padecen de algún defecto básico.
Yo mismo creía al principio que esto se debía a una particular deficiencia de mi "sensibilidad poética" pero cada vez tomo menos en serio los slogans que abusan de nuestra credulidad. No hay cosa más instructiva que la experiencia y por eso empecé a realizar algunas cosas muy curiosas: en mis conferencias leía cualquier poema alterando intencionalmente su orden de tal suerte que se convertía en un absurdo y ninguno de mis oyentes (finos y cultos, por cierto y fervientes admiradores de aquel poeta) advertía la treta; o, analizando en forma detallada el texto de un poema más extenso, comprobaba con asombro que los "admiradores" ni siquiera lo habían leído completo. ¿Cómo puede ser esto entonces? ¿Admirarlo tanto y no leerlo? ¿Pero lo que pasa es que todo este cúmulo de ficticios goces, admiraciones y deleites está basado sobre un convenio de mutua discreción: cuando alguien declara que le encanta la poesía de un poeta es mejor no acosarlo demasiado con indiscretas investigaciones, porque entonces se pondría en evidencia una realidad tan distinta de todo lo que nos imaginamos, y tan sarcástica, que nos sentiríamos sumamente molestos. El que deja por un momento las conversaciones del juego artístico, enseguida tropieza con un enorme montón de ficciones y falsificaciones, cual un escolástico escapado de los principios aristotélicos.

U.F.C.

Anónimo dijo...

El mundo de la poesía es un mundo ficticio y falsificado, parecerá desesperadamente infantil; y, sin embargo, confieso que los versos no me gustan y hasta me aburren un poco. Lo interesante es que no soy un ignorante absoluto en cuestiones artísticas ni tampoco me falta la sensibilidad poética; y cuando la poesía aparece mezclada con otros elementos, más crudos y prosaicos, por ejemplo en los dramas de Shakespeare, en las obras de Dostoievski, de Pascal, o, sencillamente en el crepúsculo cotidiano, tiemblo como cualquier mortal. Lo que difícilmente aguanta mi naturaleza es el extracto farmacéutico y depurado de la poesía que se llama "poesía surrealista". Me cansa el canto monótono de los versos, siempre elevado, me adormecen, y a veces sospecho que todo ese modo de expresión y todo el grupo social que a él se dedica padecen de algún defecto básico.
Yo mismo creía al principio que esto se debía a una particular deficiencia de mi "sensibilidad poética" pero cada vez tomo menos en serio los slogans que abusan de nuestra credulidad. No hay cosa más instructiva que la experiencia y por eso empecé a realizar algunas cosas muy curiosas: en mis conferencias leía cualquier poema alterando intencionalmente su orden de tal suerte que se convertía en un absurdo y ninguno de mis oyentes (finos y cultos, por cierto y fervientes admiradores de aquel poeta) advertía la treta; o, analizando en forma detallada el texto de un poema más extenso, comprobaba con asombro que los "admiradores" ni siquiera lo habían leído completo. ¿Cómo puede ser esto entonces? ¿Admirarlo tanto y no leerlo? ¿Pero lo que pasa es que todo este cúmulo de ficticios goces, admiraciones y deleites está basado sobre un convenio de mutua discreción: cuando alguien declara que le encanta la poesía de un poeta es mejor no acosarlo demasiado con indiscretas investigaciones, porque entonces se pondría en evidencia una realidad tan distinta de todo lo que nos imaginamos, y tan sarcástica, que nos sentiríamos sumamente molestos. El que deja por un momento las conversaciones del juego artístico, enseguida tropieza con un enorme montón de ficciones y falsificaciones, cual un escolástico escapado de los principios aristotélicos.

U.F.C.

Anónimo dijo...

El mundo de la poesía es un mundo ficticio y falsificado, parecerá desesperadamente infantil; y, sin embargo, confieso que los versos no me gustan y hasta me aburren un poco. Lo interesante es que no soy un ignorante absoluto en cuestiones artísticas ni tampoco me falta la sensibilidad poética; y cuando la poesía aparece mezclada con otros elementos, más crudos y prosaicos, por ejemplo en los dramas de Shakespeare, en las obras de Dostoievski, de Pascal, o, sencillamente en el crepúsculo cotidiano, tiemblo como cualquier mortal. Lo que difícilmente aguanta mi naturaleza es el extracto farmacéutico y depurado de la poesía que se llama "poesía surrealista". Me cansa el canto monótono de los versos, siempre elevado, me adormecen, y a veces sospecho que todo ese modo de expresión y todo el grupo social que a él se dedica padecen de algún defecto básico.
Yo mismo creía al principio que esto se debía a una particular deficiencia de mi "sensibilidad poética" pero cada vez tomo menos en serio los slogans que abusan de nuestra credulidad. No hay cosa más instructiva que la experiencia y por eso empecé a realizar algunas cosas muy curiosas: en mis conferencias leía cualquier poema alterando intencionalmente su orden de tal suerte que se convertía en un absurdo y ninguno de mis oyentes (finos y cultos, por cierto y fervientes admiradores de aquel poeta) advertía la treta; o, analizando en forma detallada el texto de un poema más extenso, comprobaba con asombro que los "admiradores" ni siquiera lo habían leído completo. ¿Cómo puede ser esto entonces? ¿Admirarlo tanto y no leerlo? ¿Pero lo que pasa es que todo este cúmulo de ficticios goces, admiraciones y deleites está basado sobre un convenio de mutua discreción: cuando alguien declara que le encanta la poesía de un poeta es mejor no acosarlo demasiado con indiscretas investigaciones, porque entonces se pondría en evidencia una realidad tan distinta de todo lo que nos imaginamos, y tan sarcástica, que nos sentiríamos sumamente molestos. El que deja por un momento las conversaciones del juego artístico, enseguida tropieza con un enorme montón de ficciones y falsificaciones, cual un escolástico escapado de los principios aristotélicos.

U.F.C.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con U.F.C. Una auténtica explicación científica, ¡sí señor!

Anónimo dijo...

U.F.C. listillo, que eres un listillo, vaya argumentación de parvulito, ja ja ja ja. aquí cada uno se cree Einstein, debe ser la impunidad del anonimato la que da infulas a los nuevos críticos del parnaso, uno que si la poesia de la Carballo perteneces a la poesía del silencio, menuda tela, otro que llama surrealista a Mestre, será por los poemas de la antífona en los valles del Bierzo, que tienen tanto de surrealismo como el amigo Paco Labarga de poeta, un auténtico disparate todo, incluido yo. Besos. Marta de Camponaraya.

Anónimo dijo...

Algo anda mal en este pais, acojonante Paco, acojonante, cayendo la que esta cayendo, corrupcion, politicos miserables, especuladores, empresarios ladrones,sinverguenzas en cada esquina, malversadores de fondos publicos,poderosoos sin escrupulos, etc. etc., pues resulta que el personal sale a la caza de los poetas,para no creerlo, para pensar que algo ha empezado a oler a podrido a nuestro alredor, joder que pena, una vez mas la impunidad, y la pregunta de siempre, ¿de quien sera la mano que mece la cuna? ¿a quien encubre e interesa todo esto? ¿quien se la tiene jurada a Mestre y compañia? Disculpas por la falta de acentos pero este cacharro desde el que escribo no lo permite.

Antonio Fernandez Magaz