Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

17 de septiembre de 2010

Stephen Hawking (El diablo sobre ruedas)

(¡Ay, Señor, qué cruz!)


Ando con un retraso de miedo a la hora de actualizar mi blog. Y es que tengo un trabajo de la hostia y no sé si al final no tendré que poner el cartel de “Se traspasa por no poder atender”.
En fin, voy a intentarlo: Resulta que Stephen Hawking va y dice que dios no existe. ¡¿Pero tú también Hawking, hijo mío!?. Cómo no va a existir dios. Claro que existe, lo que pasa es que es un verdadero cabrón: mira, si no, lo que te ha hecho a ti. Yo creo que Hawking quiere vengarse de dios y por eso le acusa de inexistencia, que sería algo así como una acusación de corrupción del caso Gürtel o del caso Brugal, pero en la comunidad autónoma del cielo, en la que dios es como Camps, aunque sin traje y, lo que es mejor, sin Rita Barberá. Y es que desde que el cielo está enladrillado la burbuja inmobiliaria también se dejado sentir allí y están a punto de presentar un ERE de la Hostia, y nunca mejor dicho. Andan los ángeles que llevan varios meses sin cobrar, como los mineros y algunos periodistas, y hay algunos que hasta se cagan en el arcángel San Miguel (el de la cerveza) y han montado una acampada a las puertas mismas del cielo. Hay otros, más radicales aún, que han iniciado una huelga de hambre. Dicen que dios, ese cuya existencia niega Hawking, se siente acorralado. La verdad es que el representante de la CEOE celestial en la tierra, Benedicto XVI no es que le ayude mucho, pues con la que está cayendo no se le ha ocurrido mejor cosa que marchar al Reino Unido, no tanto a predicar la palabra de dios como a romper una lanza en favor y comprensión de los curas pederastas. Me viene a la cabeza esta coplilla:
"¿No será en el Vaticano
donde más veces se dice
el nombre de dios en vano?"
Tampoco es que el bueno de Hawking haya negado radicalmente la existencia de dios, sino que lo que ha dicho es que para comprender la creación del universo en que vivimos no se precisa la intervención de dios, algo que, visto como está el mundo, es hasta comprensible.
En definitiva, que dios es un ser inservible, algo así como un funcionario o un delegado de un periódico o de una agencia. Lo malo es que por decir eso a Hawking le han retirado el título de científico nada menos que la Cope, La Razón y el ABC, y eso sí que debe dolerle al pobre. Es duro que La Razón te diga algo así: “has dejado de ser un científico para convertirte en un filósofo... filósofo, más que filósofo”.
¡Ay! En momentos así me viene a la memoria el principio de la navajita plateada de Guillermo de Occam (también Okham), según la cual siempre debe preferirse la teoría más simple para explicar las cosas, o dicho más ‘rimbomburriamente’: “Entia non sunt multiplicanda sine necesitate” (los entes no deben multiplicarse sin necesidad o no expliques por lo más lo que puedas explicar por lo menos o dónde cojones he puesto las llaves que no las encuentro y está La Razón de la sinrazón como un basilisco por no se qué hostias del científico paralítico que ya ni es científico ni es ‘na’ por criticar a dios, a dios muy buenas).
Amor reñido es amor querido.
Pues claro, Hawking, hombre de dios, por supuesto que dios existe, lo que no existe es la ginebra de garrafón, pues nadie admite que te la pone en el gin tonic y luego pillas un ‘colocao’ (desayuno y merienda ideal) que no te meneas: - Mira, en vez de la mierda esa de ‘destilao’, es mejor que me des directamente con la botella en la puta cabeza, que seguro que me hace menos daño.
Bueno, no sé que tengo hoy que mi amistad procuras, pero el caso es que ando ‘disipao’ y no centro la embestida.
Voy a hablar del fuego. En Ponferrada fueron las fiestas y hubo fuegos artificiales, que, digo yo, no sé para qué cojones queremos fuegos artificiales cuando los tenemos naturales a cientos: de hecho el Pajariel ha ardido ya siete u ocho veces este verano. En fin, la cosa de los incendios se ha puesto tan de moda que ya hasta el obispo don Julián, de León, habla de ellos y dice que “el gran daño causado a la naturaleza o al patrimonio comunal, estatal o privado implica siempre una desobediencia grave a la voluntad divina” (lo pongo textual para que no se me descojone nadie y crea que me lo he inventado yo). Item más, los incendios son para don Julián “lo que los católicos llamamos un pecado grave o mortal”. ¿Y ello por qué, almas cándidas?, pues lo explica muy bien el obispo, porque “la protección de la naturaleza es un deber que nos atañe a todos, pues el Creador [debe referirse a ése que según Hawking no existe, pero que le hizo una putada de cojones] la puso bajo nuestro cuidado para el bien común de la humanidad cuando dijo a los primeros padres: “Creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla” (Gn 1,28)”. Qué, la rehostia, ¿a que sí?. Tengo que hablar con mi admirado Varela (director del Bergidum) para que organice a don Julián una sesión de monólogos: es mejor que Leo Harlem y que Ramón Guamá (lo confieso, el humor de Toño Tejerina, que también actuó en las fiestas, no me gusta un pijo, pese a que como persona sí me parece un tipo simpático. Lo que pasa es que como siga así, el sobrenombre de Toño Tejerina, al que llaman 'El diablo sobre ruedas' se lo va a arrebatar Hawking). Al tal don Juli, como le llama mi dilecto Fulgencio Fernández, le preguntaría yo si también considera verdad revelada las muchas aberraciones y violencias que aparecen en el Antiguo Testamento, al igual que la chorrada esa del pecado mortal de los incendios.
No para ahí la cosa, no es solamente el obispo el que ha sucumbido a la tontuna de los incendios forestales. La propia Hillary Clinton, conocida coloquialmente en su casa como la Hilaria, dijo el otro día que “hay un vínculo entre los desastres naturales y el cambio climático”, y fue aún más allá: “ No puedes señalar a un desastre en concreto y decir ha sido causado por nosotros, pero estamos cambiando el clima en el mundo, como hemos visto también en los incendios de Rusia”. Lo cual es acojonante, porque ello implica que el tipo ese de Mosteirós al que acusan de haber quemado el monte de Barjas con un mechero es un mero instrumento o engranaje de la conspiración telúrica que es el cambio climático (don Julián, eso no se le ocurre a usted ni harto de gin tonic de garrafón).
Esta Hilaria es la descojonación bendita: no se dio ni puta cuenta que la Lewinsky se la chupaba al su Bill, pero, en cambio, es capaz de establecer una relación cuasi filosófica y conspirativa entre un incendio y un pedáneo de pueblo. Mira, mejor me doy mus.
No puedo despedirme (o aplicarme un ERE) sin hablar del ministro o ex ministro Corbacho. Baste citar esta inefable frase suya: “De ninguna de las maneras llegaremos a los cuatro millones de parados”. Con esto está todo dicho. Bueno, todo menos ‘buagazas’, ‘mechodandrino’ y ‘fimollante’ de Estepona (Personas todas ellas que hacen el amor en la vía pública con la gabardina puesta, según los más grandes: Tip y Coll).
PD. El único dios verdadero sigue siendo el mercado inmobiliario y la construcción nuestra verdadera cruz. Hoy día Cristo cuelga de una cruz con forma de grúa (o una grúa con forma de cruz. Ver foto).