Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

15 de febrero de 2011

Asesinos


(Vista impresionante de las ruinas de Alamut)

Poética, pero falsa, transita por el universo literario una historia sobre tres amigos (Omar, que observó el mundo, Nizan, que lo gobernó, y Hassan, que lo aterrorizó) que cuando estudiaron juntos en Nisapur se juraron amistad eterna. Nizán llegó a lo más alto: visir de los sultanes selyúcidas. Dispuesto a ayudar a los otros dos, Omar se conformó con vivir de las rentas agrarias de unas haciendas que su amigo le proporcionó, para, de este modo, dedicarse a lo que en verdad le gustaba, las matemáticas, la astronomía, y, ante todo, la poesía, que practicaba en secreto pero con parquedad obsesiva. Hassan, en cambio, abusó más de la amistad del amigo triunfador y ambicionó y obtuvo un cargo de gobernador en la región iraní del Jorasán, lo que le permitió erigirse como líder de la secta de los ismailíes.
Hassan es la clave de esta historia. Dotado de una inteligencia y un arrojo que no conocían de limitaciones logró el sometimiento, sin derramar ni una gota de sangre, de la fortaleza de Alamut, hasta entonces inexpugnable (sólo 132 años después sería sometida por el sitio y por el hambre a manos de Hulagu Han, sucesor del Gran Khan Kublai que tanto elogia Marco Polo en su Libro de las Maravillas). En fin, este Hassan creó un cuerpo de soldados, de sicarios dicen otros, que lo obedecían hasta la autoaniquilación, que hoy llamamos inmolación.
A Marco Polo, precisamente, le debemos la falsa creencia de que para infundirles valor a la hora de cometer sus asesinatos y, eventualmente, sus inmolaciones Hassan, cuyo nombre fue Hassan Ibn Sabbah, también conocido como el Viejo de la Montaña, proporcionaba a sus soldados sicarios un brebaje a base de hachís que les encendía el ánimo y los convencía de que matar muriendo era el modo más directo de llegar al jardín de las huríes, al prometido paraíso de Alá.
Hay quien pretende hacer derivar la palabra asesino de la secta de comedores, fumadores o ingeridores de hachís que fundó Asan (los hachisines o haxixiyum –fumadores de haxix). Otros, sin embargo, descreen de este origen, asegurando que a Hassan le gustaba llamar a sus adeptos ‘asasiyum’, “los que son fieles a Alá, al ‘Fundamento’ de la fe” (Amin Maalouf. Samarcanda). Los que esto sostienen niegan que los asesinos mataran por o bajo los efluvios de otra droga que no fuera la fe: “Los Asesinos no tenían otra droga que una fe inamovible” (A. Maalouf. Op. cit.).
Todo esto que he contado no es más que una propuesta de reflexión sobre los actuales atentados suicidas protagonizados por fundamentalistas islámicos. No sé qué pensarán los que me leen, pero yo creo que tras ellos hay una larga y muy documentada tradición no exenta de admiración hacia los suicidas. Nuestras mentes occidentales apenas pueden concebir tales motivos, pero todos sabemos el valor que en toda sociedad se da a la tradición, aunque sea abyecta e inicua (sin ir más lejos, en España, los toros y las largas pajas mentales de aquilatados intelectuales, aunque también faranduleros, para justificar la muerte violenta de un animal por puro placer estético).
Siglos de literatura escrita y oral han llevado a la admiración, siquiera secreta, de una conducta degradante, sólo justificada por la fe ciega en un dios. Pero, ¿dónde no se han cometido crímenes execrables en nombre de Dios?. Esto es válido para cualquier dios y para cualquier lugar. Acabar con los atentados suicidas es una batalla contra la inercia histórica, como acabar con los asesinatos machistas. Requerirá, probablemente, siglos y hasta un cambio de civilización. Para reforzar este argumento tengo que ser justo con los asesinos de Hassan, pues en honor a la verdad ellos no fueron los pioneros de los atentados suicidas: Durante la ocupación romana de Palestina había un ala radical de la secta de los Zelotes que se ocupaba de asesinar a sus enemigos políticos y religiosos. Se los llamaba sicarios, nombre derivado de la daga que indefectiblemente llevaban escondida bajo su manto. Durante una época las calles de Jerusalén fueron profusamente regadas por la sangre de sus víctimas. Seguro que otros antes precedieron a los sicarios.
En fin, aunque inabarcable, el tema de los asesinos está concluso. Sólo quiero apuntar que los otros dos amigos de la historia inicial, que, recuérdese, era falsa, eran Nizan al-Mulk, y Omar Jayyán o Khayyan, autor este último de rubaiyyat (cuartetas iraníes) tan inmortales como sobrecogedoras:

“Dime, ¿qué hombre no ha transgredido jamás tu Ley?
Dime, ¿qué placer tiene una vida sin pecado?
Si castigas con el mal el mal que te he hecho,
Dime, ¿Cuál es la diferencia entre Tú y yo?”

(Esto está escrito a finales del siglo XI de nuestra era cristiana. Ahora díganme si la mitad de nuestros poetas no debería cerrar el puto pico).

Dije que la anécdota que cité al principio, la de los tres amigos, era falsa porque Nizam tenía 30 años más que Omar. Y Hassan no estudió con ellos en Nisapur, sino que realizó sus estudios en Rayy.
Finalmente, tengo que hablar algo sobre Alamut. Esta imponente fortaleza se encuentra en los territorios del Jorasán, dominando el macizo montañoso de Elburz. Su nombre viene a significar ‘la elección del águila’, porque, según la leyenda, el inaccesible cerro donde se alzaba este bastión fue elegido después de que el águila de un cetrero se posara sobre él. Existe una novela maravillosa del mismo título (Alamut) debida al escritor esloveno Vladimir Bartol en la que se da crédito a la versión fantástica y romántica de Marco Polo. Escrita en 1938, abunda en el particular universo del Viejo de la Montaña. Con soldados asesinos y disciplinados, pero también con hermosos jardines regados por límpidas aguas y habitados por remedos bastante aceptables de las míticas huríes. Esta obra es muy aconsejable, como lo es también la citada Samarcanda, de Amin Maalouf, o el conocido libro de este autor titulado ‘Las Cruzadas vistas por los Árabes’.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy interesante, empecé hace 28 minutos a buscar un fondo de pantalla del juego assasins creed y concluyo el proceso después de emplear dicho tiempo en pasar por todas las paginas q he encontrado acto seguido, después de clicar intro en la busqueda de google 'hashsha shin'y cabe decir q me ha parecido muy interesante la lectura d tu bloc.
-Hashsha shin-