Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

15 de marzo de 2011

El macabro vals del Vesubio azul


(Los titulares de esta portada de 1974 son asombrosamente actuales, como toda la historia antigua)

La actualidad siempre es rabiosa, aunque también vieja. El gran Antón Uriarte (impagable su blog C02 -http://antonuriarte.blogspot.com/) llamaba hace unos días la atención sobre una portada del 7 de abril de 1974 del diario ‘Ya’ (Ya desaparecido, como otros que llevan el mismo camino) a cuyo tenor bien parece que el mundo ha entrado en un bucle temporal como el de la película Atrapado en el Tiempo (la del día de la marmota. Ver la imagen de arriba): noticias sobre la sucesión o derrocamiento de Gadafi; Problemas de la economía española, entrada en vigor de la limitación de velocidad... O sea, una portada que bien podría haber salido ayer u hoy.
Yo voy a retrotraerme más allá aún. Si hay dos cosas actuales en estos momentos, son las elecciones españolas y las catástrofes naturales como el tsunami japonés. Pues bien, aunque, como diría ese gran nabo que alumbra el mundo, llamado ‘Pepiño’ Blanco “a veces lo nuevo resulta novedoso”, lo cierto es que tanto las elecciones municipales como las catástrofes son calamidades frecuentes a lo largo de la historia (a lo ancho no sé, porque estoy adelgazando). En fin, por una curiosa coincidencia, la legendaria ciudad de Pompeya resultó atrozmente destruida (junto con su vecina Herculano) por una violentísima erupción del volcán Vesubio en el año 79 d.C. en el año.
Se da la circunstancia (Purriños dixit) de que en las paredes de Pompeya, detenidas en el tiempo por la acción de las cenizas del volcán, hay casi tres mil anuncios de elecciones municipales, algunas de ellas hacen propaganda de un tal Marco Cerrinio Vatia y otras no tan favorables a este personaje cuyo nombre puede ser sustituido por el de cualquiera de nuestros ‘alcaldables’ actuales. Así una inscripción no muy proclive al candidato reza: “Los chorizos piden el voto como edil para Vatia”; “Macerión y los dormilones piden el voto como edil para Vatia”; o este otro: “Todos los que beben hasta altas horas de la noche piden el voto como edil para Marco Cerrinio Vatia” (Corpus Inscriptionum Latinarum 4.575, 4.576 y 4.581).
Las campañas electorales siempre han generado una gran expectación y mucha estrategia para ganar el cargo, ese al que todos dicen de forma falsaria que van a servir y no a servirse de él. Véase, si no, esta recomendación recogida en el pequeño manual de campaña electoral atribuido a Quinto Cicerón, hermano del gran orador Marco Tulio Cicerón, aconsejándole sobre cómo desacreditar a sus rivales políticos: “Ocúpate de que toda tu campaña electoral se desarrolle con gran fastuosidad, que sea brillante, espléndida y atractiva para el gusto popular, ofreciendo un aspecto de grandeza y dignidad. Además, si es posible de cualquier manera, que surja ente tus competidores algún escándalo, en consonancia con el carácter de cada uno relacionado con algún crimen, o con su comportamiento sexual o con algún soborno” (Plenamente vigente, de no ser porque todos nuestros candidatos están tan corrompidos que prefieren la ley del silencio que airear las vergüenzas de sus rivales para preservar las suyas propias).
Respecto al tema electoral, y para quien quiera entender, que en la Roma antigua, el lugar donde se reunían los ciudadanos antes de votar (algo así como el colegio electoral de hoy) se llamaba ‘ovile’, término que significaba literalmente ‘redil de ovejas’ (No en vano Borges juraba descreer de la democracia por constituir un intolerable abuso de la estadística, según el cual se nos hace creer que más de la mitad de la gente tiene razón más de la mitad de las veces, cosa lamentable y sangrantemente incorrecta).
El problema es que hoy, como entonces, el problema no se soluciona con unas elecciones; siempre se agrava, porque, si repiten en el poder los mismos ladrones, éstos se sienten legitimados por los votos para seguir haciendo fechorías, y, si los votos determinan su deposición, entonces los que llegan tienen que apresurarse a esquilmar lo que quede en las arcas públicas y recuperar el tiempo perdido estafando a los contribuyentes. Así, traigo a colación esta reflexión jocosa de Mark Twain, el genial autor de obras como Las aventuras de Tom Sawyer, Príncipe y mendigo, Un yanqui en la corte del Rey Arturo o Las aventuras de Huckleberry Finn, que también visitó Pompeya (lo refleja en su hilarante sátira Inocentes en el extranjero), donde se le quedó atrapado un pie en las profundas rodadas que había dejado sobre el viejo enlosado el paso de miles de carretas “de generaciones y generaciones de contribuyentes estafados” (sustitúyanse las rodadas de las carretas por los baches y socavones de nuestras calles y la frase es tan actual que es también casi futurista). El gran Twain se vio sobrecogido cuando contempló los cadáveres cubiertos por las cenizas del Vesubio. Sin embargo, señala: “La tristeza que me embargó al ver el primer pobre esqueleto cubierto de ceniza y lava se alivió un poco cuando pensé que aquel individuo tal vez fuera el concejal de obras públicas” (siempre sostuve que la pena de muerte debe seguir abolida, salvo para los políticos, los jueces y los poetas leoneses).
Así pues, gracias a una catástrofe natural, como la erupción de un volcán, hemos podido comprobar que hay catástrofes humanas, como unas elecciones municipales, de parecidas dimensiones y, a la larga, tan letales o más que aquéllas.
Por otro lado, para quien se cree que en la vieja Europa y en el antiquísimo Mediterráneo estamos a salvo de esas catástrofes que sólo pasan en Japón, hay que recordarle la tragedia de Pompeya, pero también aquella otra que en el segundo milenio a.C. destruyó la isla de Tera (Santorini) y que provocó un tsunami que devastó todo el Mediterráneo, incluida la grandiosa civilización minoica, con centro en el palacio de Cnossos, en Creta. Así que, rojos volcanes y azules tsunamis han puesto desde antiguo la música del macabro vals de la destrucción (el vals del Vesubio Azul). Pero no olvidemos cuenta que nuestra historia pasada es también nuestro presente y nuestro futuro. Alea jacta est, la suerte está echada, sólo falta saber cómo acaecerá la destrucción.
Es más, ya en nuestra era, el historiador Amiano Marcelino nos da cuenta del espectacular tsunami que arrasó gran parte del Mediterráneo oriental en 21 de julio del año 365 d.C.: “Súbitamente se produjeron por todo el mundo fenómenos horribles de una magnitud como no hemos encontrado jamás ni en mitos ni en narraciones verídicas de la Antigüedad”. Otra de estas grandes catástrofes está muy próxima: se producirá el 22 de mayo de 2011. Así que, ¡ovejas, al redil¡

PD. No faltó quien en aquellas fechas atribuyó la destrucción provocada por el Vesubio a la vesania de Dios o de los dioses, exacerbada por la maldad humana. No faltará quien atribuya la reciente catástrofe nipona al cambio climático o a la soberbia humana de jugar a ser dios utilizando la energía nuclear. Al tiempo.

2 comentarios:

Urbano666 dijo...

Muy bueno Paco, hace poco leí el Rubicón de Tom Holand, donde narra muchas de las "maniobras" de las que se valían los políticos romanos, y me pregunto si éstas costumbres tendrán un origen anterior a Roma o fueron los romanos los precursores de nuestra "política moderna"

Urbano666 dijo...

Corrigiendo

Rubicón de Tom Holland