Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

28 de marzo de 2011

La máxima de Máximo o ¡cojones!, 'tá to inventao'

 (He aquí dos viejos títulos de las primeras décadas del siglo pasado, pero de asombrosa contemporaneidad)

El cuasi herético filósofo y teólogo Juan Escoto Erígena (o Eriúgena) atribuye en su obra Sobre la Naturaleza, Perifhyseon, (escrita allá por el siglo IX) a Máximo El Confesor (que no el párroco de La Rosaleda, que también se llama Máximo) un pensamiento inabarcable y desasosegante según el cual todo lo que la mente puede concebir en aquello mismo se transforma.
Como yo no soy teólogo, salvo cuando estoy verdaderamente borracho o drogado, he dado, muy últimamente, con mi propia interpretación de esas crípticas palabras de Máximo: Todo lo que una mente, por anormal que sea, puede imaginar, siempre acaba encontrando un brazo ejecutor, normalmente irracional, que hace realidad tal alucinación. Lo cual hace que resulte igualmente sospechosa la capacidad de pensar que la existencia misma de la realidad.
En fin, viene esto a cuento de que, siguiendo la máxima de Máximo, toda acción, por atroz que sea, fue pensada con antelación, normalmente por alguien distinto al actor. Llegados a este punto alguien pensará que estoy ‘pasao’ de vueltas, cosa que también, pero es que el otro día escuché y leí varias noticias y titulares que se resumen en ésta: “La Atlántida podría estar sepultada bajo Doñana, según National Geographic”. El subtítulo ahonda en la perplejidad: según científicos alemanes, “un documental emitido por National Geographic insiste en situar la mítica civilización en Andalucía...” y añade de forma sorprendente “tal como dijo el filósofo Platón”; que no es que Platón dijera que la Atlántida estaba en Andalucía, sino que fue, que se sepa, el primero que urdió el mito de la Atlántida en sus diálogos Critias y Timeo (si bien ya vimos en una entrada anterior cómo el satírico Timón aseguraba que el Timeo fue copiado por Platón de un libro del pitagórico Filolao que el filósofo ateniense adquirió a un precio desorbitado).
En fin, aunque a muchos les pueda parecer sorprendente el descubrimiento de los científicos de National Geographic, hay que decir que la ubicación de la Atlántida en el Coto de Doñana es vieja. Recuerdo un maravilloso libro publicado por la vieja y excelsa Colección Austral antes de convertirse en una verdadera editorial basura, como todo el Grupo Planeta. Se titulaba ‘Tartessos’ (1924) y su autor era el inmenso arqueólogo, historiador y filólogo alemán Adolf Schulten, un individuo con más erudición pero menos suerte que Schliemann (el descubridor de Troya y del Tesoro de Atreo, en Micenas). Obsesionado por la mítica civilización tartésica, citada en la Biblia varias veces bajo el nombre de Tarsis, Schulten no sólo llegó a realizar excavaciones en el Parque de Doñana, en las que creyó haber encontrado vestigios de la mítica ciudad estado, sino que sostiene que, en su mito de la Atlántida, Platón se inspiró en esta civilización. Ya sé que a la mayoría Schulten, Schlieman, Platón y la Atlántida se la pela. Lo que pretendo es recalcar que no hay nada nuevo bajo el sol y que todo postulado, pensamiento o creación literaria, científica o artística es el resultado lógico o ilógico de algo que alguien ya previó o imaginó anteriormente.
Otro caso: Leo en El Mundo.es de ahora mismo. “Las tropas del coronel Muammar Gadafi están comenzando a sufrir “deserciones”, según han afirmado Hillary Clinton (también conocida como la Hilaria) y Robert Gates (Roberto Puertas), responsables, respectivamente, de la Diplomacia y la Defensa norteamericana, en la cadena CBS. “Hay numerosos diplomáticos y jefes militares que dudan, que cambian de bando, que desertan porque ven cómo van a terminar”, ha dicho la secretaria de Estado norteamericana. “No debe descartarse la posibilidad de que los agentes del régimen abandonen a su líder. No subestimen la posibilidad de que sea el propio régimen el que se desmorone”, añadía, por su parte, el secretario de Defensa.
Ahora, coteje el paciente lector el contenido del anterior pasaje y de toda la información recibida en estos días sobre la guerra de Libia, con esta serie de fragmentos que no por literaria es menos premonitoria: “El Tirano, cauto, receloso, vigila las defensas, manda construir fajinas y parapetos, recorre baluartes y trincheras, dicta órdenes....
Encorajinándose con el poco ánimo que mostraban las guerrillas, jura castigos muy severos a los cobardes y traidores: Le contraría fallarse de su primer propósito que había sido caer sobre la ciudad revolucionada y ejemplarizarla con un castigo sangriento...
Antes del alba se vio cercado por las partidas revolucionarias y los batallones sublevados...
En la primera acometida se desertaron los soldados de una avanzada, y desde la torre fue visto del Tirano: - ¡Puta madre! ¡Bien sabía yo que al tiempo de mayor necesidad habíais de rajaros!”
Estos fragmentos han sido extraídos de la novela Tirano Banderas, escrita en 1927 por Valle Inclán, un hombre autor de una gran obra que, no obstante, estuvo muy por debajo de su propia vida. En cualquier caso, basta imaginar que el Tirano al que se refiere es Gadafi o los ya finiquitados Ceacescu o Sadam Husein y el texto cobra plena actualidad, porque es lo que tienen los textos clásicos, que son más contemporáneos que los actuales, que nacen ya caducos y posiblemente jamás lleguen a alcanzar la contemporaneidad. A este respecto, Jorge Manrique incidía: “como a nuestro parecer / cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Y claro que lo fue, pues ni el pobre Manrique, ni siquiera Máximo el Confesor, pudieron llegar a sospechar que algún día Amancio Prada destrozaría con esa cosa que él llama música los versos con más duende (Lorca dixit) de la literatura española. En fin, Les Luthiers apostillaron al respecto: “Cualquiera tiempo pasado fue anterior”. Yo sostengo que cualquiera tiempo pasado es más contemporáneo que éste, y Borges, siempre Borges, antes de que le pusiera música María José Cordero, aseguró que el pasado es la materia de la que el tiempo está hecho, por eso se vuelve pasado tan pronto. O lo que es lo mismo: ¡Cojones! ‘tá to inventao’.

PD. Cité de paso arriba la iglesia de La Rosaleda. Para quien no la conozca diré que es un horror de color blanco (como Moby Dick). En fin, un horror dentro de otro horror que es el propio barrio en sí. Lo único bueno y que poca gente conoce es que bajo la iglesia hay dos viviendas amplias, bien diseñadas y confortables: o sea, que no parecen un picadero.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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