Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

7 de marzo de 2011

Los amigos del asesino











(Son todos iguales. El que hoy es un asesino hace bien poco no lo era y le regaló un caballo a Aznar - el caballo es una alegoría del pueblo piojoso-. En la imagen de la derecha, véase cuánta aquiescencia y franca admiración hacia el asesino)
“Cuatro jóvenes, árabes dos de ellos, llegaron al club de los ‘Ambassadeurs’, frecuentado como restaurante famoso y también, en el piso superior, como sala de juego de categoría internacional.
Después de comer, los dos árabes, que disfrutaban de una de sus raras noches de permiso durante su estancia en los mejores campos de instrucción del Ejército británico, subieron al primer piso para observar el espectáculo.
El más joven, el más joven, extraño y robusto, se acercó a una de las mesas de juego y, señalando a uno de los jugadores, dijo a su amigo: - He visto a este hombre en alguna parte. ¿Quién es? ¿Y con quién juega?.
El hombre la que había reconocido jugaba fuertes cantidades con un célebre armador griego. Después de observar fijamente a aquel individuo, que jugaba con ardor infernal, hasta el punto de perder casi medio millón de dólares en una hora, el joven árabe consiguió identificarlo: era el consejero personal del rey Idriss.

El soldado se quedó helado. Transformado en una estatua, rígido, trataba de asimilar lo que veía a dos metros de distancia: aquellas manos, aquellos billetes, aquella embriaguez del juego, aquel vértigo.
Su camarada quiso arrancarlo de allí, llevarle a tomar un poco el aire. Pero él se negó, diciendo sólo en voz baja: - Deja que siga observando. ¡Mira lo que hacen con todo el oro que nos roban!
Permaneció allí otra hora, como para asimilar del todo y para siempre esta revelación. En aquel momento, el capitán Moammar Gadafi sintió sobre su hombro la mano del destino....”. (Leonard Mosley transcribió este relato, sucedido en Londres, del jeque Ahmed al Abah, de Omán, que recoge Jean-Jacques Servan-Schreiber en ‘El desafío mundial’-1980-).
¡Acojonante!, ¿a que sí?.
El Gadafi del relato anterior es apenas reconocible en el sanguinario déspota y asesino que hoy masacra sin piedad y con furor converso a sus compatriotas. Hoy no voy entrar en el problema libio ni en las presuntas revoluciones de Túnez y Egipto. No. Hoy quiero reflexionar sobre aquello que hace que una persona acabe transmutada en una caricatura de sí mismo y termine convirtiéndose en todo lo que un día odió. ¿Qué ha pasado para que Gadafi acabe siendo en un tirano similar al que un día juró derrocar?. ¿Por qué el progre e izquierdoso Zapatero ha acabado convirtiéndose en un neoliberal y fachorro de pro al que le dan lecciones hasta los propios Rajoy y Cospedal?. ¿Por qué el fachorro Aznar acabó abrazando la constitución de la que tanto descreía, hasta el punto de creerse su máximo garante?.
No se trata de frivolizar. De algún modo todos somos esos hombres. Todos somos asesinos en potencia, corruptos en potencia (algunos incluso en acto), fachas y demócratas en potencia. Lo que es seguro es que, de un modo u otro, en alguna fase de nuestras vidas todos nosotros somos muy diferentes de lo que fuimos en el pasado y somos de una forma que, de haberla intuido a priori, nos habría hecho sonrojar o suicidarnos.
Cuando el príncipe Gautama, antes de convertirse en el Budha, descubrió a un mendigo, a un enfermo, a un asceta y a un cadáver, preguntó a su preceptor quienes eran aquellos hombres. El preceptor le dijo que aquellos hombres eran él mismo algún día. En ese momento Gautama despertó y se convirtió en Budha (un nombre que hoy ha quedado relegado a nombre de pub o de puticlub).
Sin embargo, yo, que no sé qué religión profeso, pero sí sé que no soy budista, voy a hablar aquí de otro personaje fascinante, desconocido y de ficción: Al Kaw-Djer (también Kaw-Djer, pero me gusta más con la partícula Al por sus reminiscencias islámicas), protagonista de la novela Los náufragos del Jonathan, de Jules Verne (un autor genial autor de varias obras maestras e inmortales al que, no obstante, hoy cualquier juntaletras autor de porquerías y excrementos juveniles, como J.K. Rowling o Laura Gallego, se creen con derecho a mancillar).
La novela (bastante retocada, todo hay que decirlo por su hijo, Michel Verne) cuenta la historia de este curioso personaje cuyo lema en la vida es ‘ni dios ni amo’ (un claro trasunto del capitán Nemo, de esa otra obrita casi desconocida titulada 20.000 Leguas de viaje submarino). Pues bien, Al Kaw-Djer vive aislado de los seres humanos a los que no odia, pero a los que ignora, en una zona indeterminada de la Patagonia, próxima al estrecho de Magallanes. Un día contempla desde los acantilados el naufragio de un barco (el Jonathan) que lleva familias enteras de colonos que iban en busca de nuevas tierras en las que asentarse. Al Kaw-Djer ayuda a los supervivientes y les dice que no busquen más tierras, que allí tienen todas las que quieran trabajar. Ellos le ruegan que se convierta en su gobernante, dada su capacidad natural de liderazgo (esa que Zapatero y tantos otros nunca tuvieron). Al Kaw-Djer se niega radicalmente a ello, porque es un individualista convencido. Sin embargo, la fuerza de los acontecimientos (robos, disputas, asesinatos entre los náufragos) le llevan a aceptar el puesto como mal menor. A partir de ahí, Al Kaw-Djer, el anarquista, el individualista, el hombre amable y comprensivo de la frágil naturaleza humana se va transformando en un déspota y en un sanguinario y, lo que es peor, él es consciente de su propia transformación; él, que huyó del contacto de los humanos para no caer en sus bajezas va convirtiéndose, sin remisión, en el monstruo que siempre odió. Como Gadafi.
Lamento los muertos de Libia, pero sobre todo compadezco a individuos como Gadafi, como Aznar, como Zapatero... Para acabar siendo como ellos hay que decir y escuchar muchas mentiras y, lo que es peor, acabar creyéndolas. Y peor aún, todos nosotros somos ellos, sólo nos falta que nos dejen demostrarlo


4 comentarios:

Anónimo dijo...

Un pequeño ensayo, sobre asunto muy oportuno y de actualidad. Estoy de acuerdo con la conclusión.

Anónimo dijo...

hohér Paco et all!

... mi no poder estar de acuerdo con la conclusión

Parece que estas justificando la miseria del ser humano por adelantado, como si se viera el futuro de aquél (el propio) tal como hacía en el cuento de Alicia la reina roja delante del espejo, es decir, a la inversa;

¡ amos-a-vé, querido amigo Al-Pac-Labar!:

¿a quién asesinaste cuando fuiste presidente de tu república?
¿a qué ciudadano robaste para que lo heredara tu querida hija?
¿qué decreto incumpliste para que nuestros dineros siguieran abonando la superstición interesada de Roma?
¿qué préstamo diste a los más ricos para que salieran de la ruina de invertir su dinero en el lupanar globalizado?
¿…? …
muchos interrogantes posibles con respuesta negativa todos ellos.

Por mucho que cualquiera de nosotros sea en potencia un zapaznar-gadafi, tal argumento no puede ser aceptado como un universal (creo que tu tampoco estas demasiado convencido… pero te pierde la compasión);

¡ ay compasión, cuántos estragos vienes causando al mundo !

el conocimiento y el talento, cualidades que tu mismo regalas a raudales, cuando están relativamente repartidas sirven de freno al egoísmo, al mal gusto, al fundamentalismo, a la opresión, al miedo; pensar lo contrario supondría la derrota de la mejor civilización, aquella de tradición aristocrática que proviene del humanismo de los pitágoras, heráclitos y protágoras de la historia occidental;

los políticos iletrados que aparecen en tu comentario (esnobs que en la intimidad de sus ranchos dicen leer a Borges o hablar idiomas), los crueles personajes-resultado del residuo colonial africano y la mayoría de sonsolones personajes que ha generado la reciente partitocracia europea, son simples mentecatos o ganapanes a quienes venimos concediendo más importancia de la que realmente tienen y merecen;

el viejo axioma de que todo el mundo tiene un determinado precio solo adopta formas de certeza cuando el precio deriva de la necesidad, chantaje del que no cabe sonrojarse, pero cuando no ocurre así precio e ignominia no son equiparables.

Hay gente decente en cualquier situación.

Hpt

Anónimo dijo...

Me ha gustado el artículo, pero también la matización de Hpt (amigo/a Hpatia?). Es mas reflexiva y elaborada. ¿Es predecible el ser humano?. Rajoy dice que sí.¿Le cree alguien?. De los otros, que citas, sería absurda la pregunta, por obvia la respuesta. Y, ¿quién son estos personajillos, para tomarlos como muestra de valor universal...?. Hpt, hace un buen razonamiento.

Urbano666 dijo...

Lo que he visto en mi corta vida es que hay dos clases de hombres, los malvados y los cobardes. Los malvados, pueden, en cierto momento de su vida pensar en un mundo mejor y luchar por él, pero en cierto punto se les descompone algo y terminan siendo gobernantes déspotas (Fidel Castro y toda la pandilla que gobierna la isla, La revolución islámica de Irán, La revolución francesa, los revolucionarios de México, etc.) y los cobardes, que se quejan todo el tiempo del estado de las cosas pero no hacen nada para que la cosa cambie, tal vez haya una tercer especie de ser humano, pero conozco a tan pocos que más bien los creo la excepción de la regla.