Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

25 de mayo de 2011

¡Que les corten la cabeza!


(Alonso Berruguete: Sacrificio de Isaac, o
¡Que le corten la cabeza!,  como a Paco Raquetas)

En este 2011 se cumplen 450 años de la muerte del escultor Alonso Berruguete, y su villa natal, Paredes de Nava (en la Tierra de Campos palentina, no palestina), pretende rendirle un gran homenaje que sirva para rescatar a esta gran figura de las artes que está un tanto minusvalorada, lo cual no es de extrañar en un país donde cualquier cagaversos, pintamonas o soplagaitas se autointitula genio y ello basta para que adquiera grande importancia por el solo hecho de dársela él mismo.
Aún no se ha estudiado suficientemente la contribución de Alonso Berruguete al ‘manierismo’, corriente artística nacida en Italia que, sobre la base de la preservación de la ‘maniera’ de Miguel Ángel y Rafael, que (sin entrar en discusiones arduas) fue formulada e impulsada a través de las ideas y las obras de autores como el mencionado Berruguete, Parmigianino, Giulio Romano, Primaticcio, Del Piombo, el amable Andrea del Sarto, Rosso Fiorentino, el genial Cellini (en escultura), Vasari, Bronzino y Correggio, por citar algunos de los más significativos.
Lo cierto es que pocos años después de comenzar el siglo XVI Alonso de Berruguete estaba en Italia aprendiendo y empapándose de los grandes del Renacimiento, y cuando digo grandes me refiero a los verdaderamente grandes, a la NBA del arte del Quattrocento (nada que ver con los Eduardo Arroyo y las moscas de la época. A ver si el nuevo alcalde de León demuestra buen gusto y las retira de la circulación).
Estudioso del gran Masso (Tomás) de San Giovani (Massaccio), conocedor de la pintura del pequeño Lippi (Filipino. Al padre de éste, Filipo, sinvergüenza redomado, amante apasionado y genial creador, lo recordaré algún día), puede que lo que más definitivamente lo marcara de su periplo italiano fuera el contacto con Miguel Ángel (sin palabras). Unos años antes Buonarroti se había recluido, por encargo del gonfaloniero Soderini, en una habitación que tenía en la hospedería de los Tintoreros del Santo Onofre y no dejó ver a nadie el cartón que había pintado con el motivo de la batalla de Cascina. Vasari, no obstante, lo describe con emoción y asegura que “el resto de los mortales y los artistas quedaron como estúpidos viendo el cartón expuesto de Miguel Ángel. Figura divina a la vista de los trazos (dicen algunos que los vieron) que ni siquiera de su propia mano ni de otros nunca se ha visto llegar a ese talento en el arte tan divino”.
El cartón era, por decirlo así, un boceto para decorar al fresco una de las alas del pallazzo Vecchio (de la Signoría) de Florencia. La decoración del otro ala le había sido encargada nada menos que a Da Vinci. (Ambos aceptaron el encargo, porque los genios puede que se odien, pero nunca se temen). En fin, el cartón de Miguel Ángel fue admirado y estudiado por Berruguete (y por otros que cita el propio Vasari, como Ridolfo Ghirlandaio, Francesco Granaccio, Baccio Bandinello, Andrea del Sarto, Francia Bigio, Iacopo Sansovino, el Rosso, Maturino, Lorenzetto, el por entonces niño Tribolo, Pontorno y Perin del Vaga).
Ya voy concluyendo: Después de adquirir unas maneras y una formación excepcional, Berruguete regresó a España y aquí su genio, creador de obras maravillosa, también fue languideciendo por la perniciosa influencia de la Iglesia Católica española, cuyos principios estéticos distaban mucho de los aires nuevos y frescos de la iglesia mundana, viciosa y dispendiosa, pero amable e inteligente de Italia.
Lamentablemente, en el excelente museo parroquial de la iglesia de Santa Eulalia, de Paredes de Nava, solamente hay una obra atribuida con seguridad a Alonso Berruguete, la llamada Virgen Guapa, que es uno de los orgullos de la villa, pero que, a mi juicio, es una obra de escasa calidad si la comparamos, no ya con otras de Berruguete, sino con otras obras de Alejo de Bahía y de Esteban Jordán que hay en el propio museo de Paredes, o con el calvario que corona el altar mayor de la iglesia, una maravilla que, si no es de Berruguete, como alguno ha predicado, es de un alumno aventajado.
En fin, baste comparar la, a mi juicio, mediocre Virgen Guapa, con una obra de Berruguete que a mí siempre me maravilló: El sacrificio de Isaac, movimiento, emoción y violencia contenidos: un prodigio (¡cuánto hemos degenerado en esto del arte!). Por si fuera poco, el Sacrificio de Isaac está inspirado directamente en una escultura de igual título y tema, pero con criterios estéticos anteriores, del gran Donatello (me inclino). Y aún recuerdo que el Sacrificio de Isaac fue el tema del concurso convocado en 1401 para elegir al escultor de los bajorrelieves de las segundas puertas de bronce del baptisterio del Duomo (la catedral de Santa María dei Fiori) de Florencia. En dicho concurso participaron (¡ay que joderse!) Jacopo della Quercia, Filippo Brunelleschi y el gran Lorenzo Guiberti, que fue el vencedor, aclamado por el propio Brunelleschi. Un inciso, después de lo reseñado, ¿cómo cojones quieren que sienta algo diferente a la indiferencia cuando visito el Musac o contemplo las esculturas de Arroyo?. Por si fuera poco, el Sacrificio de Isaac es un tema muy actual que le indica al PSOE lo que tiene que hacer con su propio hijo Paco Raquetas (o Zapatero y tantos otros) tras conducir a los suyos al naufragio del 22-M (vamos, un trasunto del 'Que le corten la cabeza' de Alicia en el País de las Maravillas, pero sin ángel salvador de por medio).
Finalizo, para conocer y amar a Berruguete no hay que ir a Paredes, sino al Museo Nacional de Escultura de Valladolid o ver alguno de los impúdicos desnudos que coló en el coro de la catedral de Toledo.

PD. Sin embargo, no por ello desaconsejo un visita a Paredes y recuerdo cuando recorríamos, acompañados del difunto Moisés, un sacerdote muy irónico e inteligente, las salas de su preciosa iglesia museo, donde asombran las pinturas del retablo de padre de Alonso, Pedro Berruguete, del que también hablaría sin parar. Y las pinturas de Juan de Villoldo o de Juan de Tejerina o alguna otra que fue robada en la década de los 70 del siglo pasado pero de la que se conservan imágenes.
Como apunte final diré que además de ser cuna de los Berruguete, en Paredes de Nava también nació Jorge Manrique, cuya poesía perdura fresca pese a los ataques de Amancio Prada:

Pues si vemos lo presente
cómo en un punto s'es ido
e acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo non venido
por passado.
Non se engañe nadi, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de passar
por tal manera

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Artículo de grata lectura, que refresca la importancia de paisanos de la tierra.

Anónimo dijo...

Muy interesante que se acuerde de ilustres personajes de nuestra tierra. Se nota que vive la cultura. Paredes está en el mundo, además, por estos dos personajes que cita. Enhorabuena por su artículo. Una palentina.

Anónimo dijo...

Paco, celebro que sepas tanto "arte" y lo compartas... es increible, desde Miguel Ángel a Moisés (el cura). Me encanta este artículo.