Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

12 de junio de 2011

La democracia como engaño

(Recreación de Pericles pronunciando
su célebre discurso fúnebre)

Hoy voy a recordar aquí a Pericles, un político legendario, a través un gran escritor e historiador: Tucídides.
En su Historia de la Guerra del Peloponeso, Tucídides recoge el discurso fúnebre que Pericles dirigió al pueblo ateniense a modo de funeral simbólico por las víctimas de la guerra. En ese discurso, el gran político hace una loa a la Democracia, ese sistema tan pervertido hoy día, por lo que creo que habría que recordar perpetuamente estas palabras: “Tenemos un régimen político que no se propone como modelo las leyes de los vecinos, sino que más bien es él modelo para otros. Y su nombre, como las cosas dependen no de una minoría, sino de la mayoría, es Democracia”.
“A todo el mundo asiste, de acuerdo con nuestras leyes, la igualdad de derechos en los conflictos privados, mientras que para los honores, si se hace distinción en algún campo, no es la pertenencia a una categoría, sino el mérito lo que hace acceder a ellos; a la inversa, la pobreza no tiene como efecto que un hombre, siendo capaz de rendir servicio al Estado, se vea impedido de hacerlo por la oscuridad de su condición”.
“Gobernamos liberalmente lo relativo a la comunidad, y respecto a la suspicacia recíproca referente a las cuestiones de cada día, ni sentimos envidia del vecino si hace algo por placer, ni añadimos nuevas molestias, que aun no siendo penosas son lamentables de ver. Y al tratar los asuntos privados sin molestarnos, tampoco transgredimos los asuntos públicos, más que nada por miedo, y por obediencia a los que en cada ocasión desempeñan cargos públicos y a las leyes, y de entre ellas sobre todo a las que están dadas en pro de los injustamente tratados, y a cuantas por ser leyes no escritas comportan una vergüenza reconocida”.
“Y también nos hemos procurado frecuentes descansos para nuestro espíritu, sirviéndonos de certámenes y sacrificios celebrados a lo largo del año, y de decorosas casas particulares cuyo disfrute diario aleja las penas. Y a causa de su grandeza entran en nuestra ciudad toda clase de productos desde toda la tierra, y nos acontece que disfrutamos los bienes que aquí se producen para deleite propio, no menos que los bienes de los demás hombres”.
No quiero dar la turra, pero todos debiéramos reflexionar sobre estas palabras, más que nada porque ahora nos lamemos la polla pensando que nuestro sistema político es el menos malo de los sistemas. Algo incierto, es muy malo, uno de los peores, porque es una perversión del menos malo.
El sistema democrático ateniense es harto complejo y tendría que estudiarse de nuevo en las universidades, porque ha degenerado tanto que democracia ya sólo es un concepto sin contenido.
En nuestra sociedad tecnológica se han asentado ‘verdades fundamentales’ que no admiten discusión: la civilización occidental es superior a otras, el Islam es terrorista, todos los vascos que no son del PSOE o del PP son simpatizantes de ETA, Jesucristo es muy bueno, el capitalismo es la única receta posible...
Pero la realidad es otra: corrupción generalizada, impunidad de los criminales (políticos y banqueros), criminalización de los desheredados (clases bajas e inmigrantes), saqueo generalizado de los bienes públicos, brutalización de las clases trabajadoras para su mejor sojuzgamiento.
Todas las encuestas dicen que los políticos son el tercer problema de este país, después del paro y los problemas económicos. Sin embargo, no es que los políticos sean el principal problema, es que son el problema. Sin ellos, o con ellos en la cárcel o, simplemente, eliminados, no imperaría la justicia, pero se solucionarían bastantes cosas.
PD. Ayer entré en un bar y había una cabeza de jabalí disecada. Inmediatamente recordé que muchos de los ayuntamientos españoles pronto colgarán un cuadro del alcalde saliente de turno. Digo yo que podríamos cortarles la cabeza, como en la Francia revolucionaria, disecarla y ponerla en el consistorio correspondiente en vez de un cuadro ramplón y mediocre. Además ello serviría como ejemplo para los alcaldes den ejercicio.