Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

29 de febrero de 2012

Sin coca ya sólo nos queda el opio del pueblo

 (De Guindos: el Chiquito de la Calzada de la economía española, pero sin gracia)

Hay una propuesta para que la Semana Santa de Ponferrada sea declarada de interés nacional. Yo propongo que la declaren zona catastrófica: Un año más las horribles imágenes desfilando por las calles amenazan con zaherir nuestros ojos y nuestros sentimientos (morrones). Para qué engañarnos, hablando en cristiano, como conviene a una fiesta de tanta fe, en las Fallas de Valencia queman imágenes de mejor factura que las que desfilan por aquí.
La ofensiva es, empero, ofensiva: el pregonero será el cardenal Amigo y también ha confirmado su presencia un señor de Valladolid (Ramiro Ruiz Medrano) que ha sustituido a Alejo en el cargo, absolutamente inútil, de delegado del Gobierno, bueno, el cardenal también es de Valladolid, de un pueblo más pequeño que Fabero, eso sí, en vez de torres de pozos mineros tiene altas torres de iglesias y una muy reputada Semana Santa. Se ve que aquí no tenemos tanto meapilas y tenemos que importarlos de Pucela, por no traerlos de León, con los que nos llevamos a muerte. Eso sí, aquí no hacen más que venir delegados, exdelegados y exsubdelegados: andamos más sobrados de delegados que de estantiguas. Si de verdad quieren sacar en procesión a una imagen conmovedora y lacrimógena, que saquen a Tarsicio, que más parece salido de la paleta del Greco o de la gubia de Gregorio Fernández que de las mismas entrañas oscuras del sempiterno, aunque minoritario, bercianismo  (que es un huevo colgando y otro lo mismo).
En fin, que no quería escribir de la Semana Santa, porque acaba de pasar el carnaval y estoy saturado de tanto desfile con disfraz esperpéntico.
Yo quería escribir de cosas sensatas, pero, por razones obvias, me resulta imposible, como lo prueba este titular alucinante: “Las empresas que perdonen deuda a las administraciones cobrarán antes”. Lo cual me lleva a colegir que las empresas que perdonen la totalidad de la deuda cobrarán de forma inmediata. De este modo, si los bancos perdonaran todas o parte de las deudas hipotecarias seguramente el número de impagos se reduciría una enormidad. Esta medida la han pergeñado las lumbreras del Gobierno, y a estos imbéciles los llaman tecnócratas. Deberían llamarlos ‘tecnócritas’, una mezcla política de técnicos e hipócritas. ¡Ay, de Guindos, de Guindos!, como te habrá dado dios tanta luz y una mente tan despejada. Bueno, la mente no sé, pero la frente y cabeza las tiene que relumbran más que el sol y que un Jueves Santo de interés nacional en Ponferrada. De Guindos es el Chiquito de la Calzada de nuestra economía, pero con menos gracia, o con una gracia distinta, un humor más negro, casi hitleriano. A De Guindos también habría que declararlo de interés nacional o, en su caso, zona catastrófica.
No entiendo cómo pueden pretender que yo me considera español igual que ellos. Es un insulto. Yo no me enorgullezco de pertenecer al mismo país que Zapatero, Pajín, Pepiño, Rajoy, De Guindos o Gallardón. Yo reniego de un país donde los magistrados del Tribunal Supremo todavía no se han enterado de que los crímenes contra la humanidad no prescriben jamás ni pueden ser amnistiados y, además, pueden ser investigados y perseguidos por cualquier juez en cualquier parte del mundo. De modo que la ley de amnistía no sólo es inconstitucional, sino que también es ilegal por virtud de las normas internacionales que España dice acatar de forma entusiástica. Son, pues, precisamente, los prevaricadores los que juzgan a quienes no lo son y los incapaces y vagos los que gobiernan a los que trabajan y son capaces. Y así todo.
En este momento de desorientación general creo llegado el momento de proponer una quita, no de deuda, sino una quita de políticos, banqueros y chupones en general, una quita de la Semana Santa, una quita de las olimpiadas fantasmas de Madrid, una quita de las cajas de zorros y de zorras, una quita de tanto hijoputa como nos taladra las sienes cada día. Habría que quitarlos del medio para dejarnos respirar y poner a otros que, menos acostumbrados a robarnos, nos sisen algo menos, al menos durante un tiempo.
Por si fuera poco, hace unos días va la policía de Ponferrada y decomisa no sé cuántos kilos de droga. Sin coca, sin alcohol, sin follar... Nos espera una Semana Santa de abstinencia de cojones. ¿Qué quieren que nos droguemos con el sermón de las Siete Palabras o con el pregón de  monseñor Amigo?. Claro, como la religión es el opio del pueblo, deben querer que nos fumemos el Nuevo Testamento, que yo lo haría, pero me sienta mal la tinta.
Lo de una Semana Santa sin follar no es figurado ni un recurso literario: ya se sabe que en la juventud el hombre está fundamentalmente seducido por el poder del sexo, en la madurez por el poder del dinero y en el declive biológico en el que yo me encuentro por el poder mear sin mancharte el calzado. Menos mal que mientras haya un gin tonic que no sea de garrafón mi fe permanecerá inquebrantable y mi espíritu impertérrito hasta elevarse liviano a las cotas más altas de la Pasión de Cristo (de Ángel Cristo, pasión por la priva: vicio para unos, misticismo para los más). O sea, que si no acabo siendo como monseñor Amigo y el delegado ése de Valladolid juntos, seguro que me ando muy cerca (eso sí, sin salpicar).

21 de febrero de 2012

Política de 'Wert-edero'

(Hostias de la policía en Valencia: un maravilloso
homenaje póstumo a Fraga)
La brutalidad policial que todos hemos visto en Valencia empleada, eso sí, contra menores, no es otra cosa que un homenaje póstumo a Fraga. Todavía resuenan en mi cabeza las palabras del jefe de la policía negándose a decir cuántos agentes estaban interviniendo para no dar pistas “al enemigo”. Hay que reconocerlo, la policía y el ejército españoles siempre han sido muy efectivos cuando se ha tratado de reprimir, encarcelar y matar a sus propios compatriotas, a quienes les pagan. Otra cosa es el papel, llamémosle mediocre, desempeñado ante enemigos de cierta entidad, es decir, que no eran menores de edad o estudiantes o trabajadores en paro.
Hace unos pocos días los periódicos se volvían locos por las declaraciones del ministro Wert asegurando que en España “tenemos un problema con el dopaje”. Este tío está tarado: aquí no hay ningún problema con el dopaje, hay suficiente para todos, como todo el mundo sabe. En todo caso, a mí personalmente el problema me la pela, pues considero el deporte de elite como una ocupación de ociosos para entretener al vulgo y al proletariado. La gente emocionalmente simple suele ‘orgasmar’ con las hazañas del Barça, de la Selección Española de Fútbol y con los raquetazos a diestro y siniestro del ínclito Rafa Nadal y eso les resulta suficiente para tolerar que los futbolistas y los tenistas no sólo ganen millones a espuertas, sino que paguen por esos millones menos impuestos que cualquier trabajador por cuenta ajena y aun en paro.
El deporte, como la reforma laboral, sólo sirve para esclavizar a las personas. Parece obligado que uno tenga que emocionarse ante las paradas de Iker Casillas o los impresionantes ‘passings shot’ de Rafael Nadal o con el ascenso a Seguda División de la Ponferradina. Si no lo haces no eres un buen español o un buen berciano. Pero a mí, francamente, me parece tan ridícula una parada de Casillas como un ‘smash’ del otro. Diversión para obreros: mientras gritan y jalean se olvidan de quienes les están jodiendo por detrás (esto es, de quienes les están dando por el culo). Yo no me siento muy español, porque no creo tener nada en común ni con el jefe de policía de Valencia ni con Rajoy ni con Zapatero ni con Botín ni con Fernando Alonso ni con Guardiola ni con Casillas ni con la duquesa de Alba, ni con Urdangarín (y sus fundaciones sin ánimo de lucro que son sinónimo de lucro). Ni siquiera tengo nada en común con Luis del Olmo, aunque parezca que ejercemos la misma profesión.
De modo que el problema que España tenga con el dopaje, como con otras muchas cosas parecidas, es algo que a mí no me concierne y creo que a la generalidad de conciudadanos tampoco. Los políticos se encargan de atizar el fuego del enemigo exterior mostrando una indignación afectada y deshonesta por las críticas y las bromas que de nuestros deportistas hacen los programas de televisión franceses. No hay que preocuparse. No va con nosotros. Nadal, al que también llaman el manacorí, como si fuera una especie fluvial de los ríos de Nueva Zelanda, ganó el pasado año 45 millones de euros y por ellos pagó menos del 1% de impuestos en el País Vasco, y eso bien merece doparse o meterse lo que sea ‘pal’ cuerpo. De hecho yo cuando puedo me aprieto varios gin tonics y encima tengo que pagarlos sin recibir a cambio más que un dolor de cabeza al día siguiente, pues con harta frecuencia son de garrafón.
Así que el dopaje (el dopping de antes) no es mayor problema para España que el uso abusivo que se hace del alcohol de garrafón o de los ministros pedantes, como Wert. Aquí hemos pasado de unos tontos incultos, como el indocto ‘pepiño’, a unos imbéciles relamidos adulterados por la educación católica del colegio del Pilar. Unos y otros han convertido a España en lo que de verdad es, que no es un foco de dopaje, sino un verdadero ‘wert-edero’, un vertedero de basura gestionado por Wert y otros parecidos a los que, de paso, ahora les parece cojonudo el cine español, cuando tan sólo hace unos meses era un producto repugnante fabricado por los “artistas de la ceja”. El enemigo no está en el exterior sino aquí dentro. Ya ha empezado a masacrarnos y nosotros emocionados con el fútbol y el tenis. Luego dicen que la violencia nunca está justificada.

9 de febrero de 2012

Working dead


(Sin palabras) 

España es un chiringuito financiero formado por múltiples chiringuitos financieros y casas de apuestas ilegales, como la Bolsa. Da igual quién gobierna el cotarro, todos los problemas se arreglan del mismo modo: dándole más dinero a los bancos y abaratando el despido. Y eso que darle dinero a un banco es como proporcionarle niños a un cura. Nunca se calmarán sus ansias.
Así las cosas, la Iglesia Socialista de los Últimos Días celebró el pasado fin de semana en Sevilla un cónclave para elegir nuevo papa, pero al final los cardenales (o hematomas sexuales) eligieron a uno viejo, ajado y con barba de chivo expiatorio. No sólo eso, sino que el electo puso al frente de las diferentes áreas catecumenales a los que peores resultados habían obtenido en las consultas electorales: algo así como “los últimos serán los primeros”. Uno de los nuevos popes del socialismo es Óscar López, un tipo gris a quien un escasamente carismático Herrera destrozó literalmente en las urnas. Su nula capacidad organizativa le ha servido para ser nombrado secretario de organización. También eligieron a otros inútiles parecidos, como Patxi López. Yo habría propuesto a Paco Raquetas, un hombre incapaz de gestionar mal, incapaz de generar rencores... Vamos, esencialmente incapaz, excepto para el merme prejubilar.
No andan mejor las cosas por el otro ala. El 'pollo' que ocupa la cartera de Educación y Cultura anda sin cabeza, como los talibán del Mulá Omar. Las lumbreras económicas Guindos y ‘Montonto’ ya no saben si van o vienen. Les sacas del despido barato y de dar pasta a los bancos para que nos sigan estafando y se quedan sin ideas. Rajoy ya admite que el paro seguirá subiendo y que la cosa no sabe arreglarla, pero eso sí, por culpa de Zapatero, que a su vez echó la culpa a Aznar, que a su vez se la echó a González y éste a Suárez y a Franco. Al final la culpa fue de Eva que comió la manzana en el paraíso y el paraíso se convirtió en Marina d’Or, ciudad de vacaciones: en una casposidad de especulación y corrupción que se ha contagiado a toda España.
Corrupción a mansalva. No se salva nadie: Tribunal Supremo, Constitucional, banqueros, políticos de todo jaez, Familia Real y allegados, artistas, deportistas, empresarios, Iglesia Católica, visitas papales... A la hora de corromper a la sociedad para mejor esquilmar al ciudadano todos se vuelven misteriosamente de la misma sustancia: la sustancia del brazo corrupto de Santa Teresa.
Y los tontos a trabajar, eso sí, sin cobrar, no vaya a ser. Primero el PSOE, ese partido traidor a sus propios votantes, alargó la edad de jubilación hasta los 67 años, pero no para ahí la cosa: llegará el día en que hasta a los muertos se vean obligados a trabajar: Working Dead. Y total, no sé para qué quieren que trabajemos tanto en un país donde todo dios está en paro y sólo se mueve el dinero negro.
En vez de exigir responsabilidades a sangre y fuego, andamos metidos en discusiones sobre el aborto y el matrimonio homosexual, que es lo que buscaban, para que no hablemos de lo verdaderamente importante: ¿por qué permitimos que los ladrones, estafadores y multimillonarios le digan a la gente de a pie que no llega a fin de mes que tiene que ganar menos dinero para que ellos puedan seguir robando?. Y otra cosa, si permitimos que nos gobiernen unos ladrones no podemos extrañarnos luego de que nos roben.
En tales casos la utilización de la violencia no sería un recurso injustificado, sino repeler una agresión antijurídica, sería legítima defensa. Pero para anular esa respuesta ya nos han dejado claro que los recortes presupuestarios afectarán a la sanidad, la educación y los servicios sociales, pero nunca al ejército ni a las fuerzas del orden.
Réquiem por España, una unidad de destino en la corrupción.