Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

9 de mayo de 2012

Alí Baboso y los 40 banqueros

(Parece mentira que después de tanto invertir en ladrillo estos edificios tengan tan poca estabilidad)

- Pero, ¿otra vez te vas a ir de cena con tus amigotes?,-le reprendió su madre- Además, no se qué es lo que cenáis, que a ti siempre te hace daño y acabas vomitando, y al día siguiente tienes una cara de muerto que no hay quien te aguante –la vieja como siempre tan machacona-. Hijo, que ya tienes edad para sentar cabeza y estás desperdiciando tu juventud y tu vida – se puso en plan tierna.
- No te preocupes mamá. Te juro por mi padre que la de esta noche será mi última cena. Pero a ésta no puedo faltar, porque vienen todos y vamos a hablar de un proyecto para dinamizar el turismo rural. Vendrá hasta Judas.

Algo parecido a esto le pasó a nuestro monarca (gobernador de monos) Juan Carlos de ‘Bourbon’, cuando dijo que la del elefante sería su última cacería, que fue un error. Él no quería ir a cazar elefantes a Botwana, (ahora es Botsuana, aunque de toda la puta vida fue el país de los enanos bosquimanos), pero es que el elefante estaba a punto y no se podía resistir. Nunca había tenido a un bicho tan a huevo desde lo del oso borracho (así se las ponían a Juan Carlos I) Sin embargo, el elefante de Botwana era un animal salvaje, no como el oso, que estaba amaestrado (igual que los españoles) y se dejó disparar con facilidad (igual que los españoles).
A Juan Carlos I le han criticado mucho porque en su último discurso de Navidad reprobara los comportamientos no ejemplares, en clara alusión a su yerno, y no se aplicara la sentencia a él mismo. Yo, sin embargo, creo que el comportamiento del rey fue ejemplar, de hecho él mismo es un ejemplar cojonudo, a la altura del propio elefante que quería abatir (un huevo). O, si no a la altura del paquidermo, al menos sí a una altura comparable a la de su trompa.
Total, que con las tonterías del rey se nos va la olla y no reparamos en que ahora el Gobierno español se dedica a defender los intereses de las multinacionales como Repsol y Red Eléctrica y a reparar con fondos de todos el saqueo de Bankia y otras cajas que sucumbieron como consecuencia de un ladrillazo. Más le valdría a Rajoy defendernos a nosotros de multinacionales como Repsol y REE y de Alí Baboso y los 40 banqueros. Luego se queja de la pérdida de apoyos en las encuestas, apoyos que, dicho sea de paso, el PSOE tampoco recupera, porque la gente aún no ha olvidado la enorme traición que sufrió de manos de este partido (la olvidará pronto, no obstante, porque la memoria es frágil y muy selectiva y al final sólo nos acordaremos de las cosas buenas que hizo Zapatero, como el rocódromo de Ponferrada y otras similares).
Eso sí, ahora, desde que se ha ido Zapatero España ya transmite mucha más confianza: todos confían en que se va a la puta ruina sin que nadie lo remedie. Es más, los que aseguran que están intentando evitarlo saben que con sus acciones lo que están haciendo es acelerar el proceso. Lo saben, pero da igual, porque según dicen: “hacemos lo corrupto”, digo lo correcto, qué cojones andaría yo pensando. Hace ya mucho tiempo que en España no tenemos gobernantes, sino simplemente enterradores. No obstante, como el Ave Fénix, algún día nos levantaremos de nuestras cenizas, pero ya no seremos nosotros, seremos los muertos vivientes, los nosferatu, que murieron en su día por la mordedura (o mordida) de los políticos, de los emprendedores y de los vampiros (digo de los banqueros). Por cierto, los chupasangres españoles también son muy proclives a las cacerías, pero no a cacerías como las del Rey, que también, sino a otro tipo de cacerías, concretamente a poner el cazo. Porque poner el cazo es nuestro gran yacimiento de empleo y generador de riqueza. Sin cazo seguro no hay futuro.
La bolsa se desploma, la prima de riesgo se dispara, la recesión nos come, el euro, como el desodorante hace tiempo, está a punto de abandonarnos, pero el cazo, ¡ay!, el cazo. Ese siempre estará ahí y su lema, tan cristiano que lo tomó del propio Jesucristo, ese hombre del que todos dicen que era un apóstol de la paz y de la tolerancia, como bien se ve: “El que no está conmigo está contra mí” (Lucas 11, 15-26). Hostias, lo mismo que Rajoy y que Zapatero y que Aznar y que.... Para que seguir, pongan ustedes el nombre que quieran y díganme si no es para crucificarlos, como al de la última cena. Por cierto, díganme también quién es Judas en todo este Cristo, porque yo ando obtuso y necesito urgentemente una transfusión de gintonic.

1 comentario:

Urbano666 dijo...

Que ya no se sabe si lo del Juan Carlos es demencia senil o una estrategia maquiavelica para desviar la atención de los verdaderos problemas. Con tus reflexiones ya no se si reír o llorar, gracias Paco por los protextos.