Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

17 de julio de 2012

El mundo invertido

                                        (Una alegoría de España: amenaza ruina)

‘El mundo invertido’ es el título de una espectacular y desconcertante obra asintótica de ciencia ficción que no tiene nada que ver con el ‘agujero’ de Carlos Fidalgo. Yo aquí uso esa expresión con otro sentido. En Sahagún hay una iglesia de ladrillo maravillosa, algo nada despreciable viniendo de alguien que cree que las iglesias son los puticlubs de Dios: es la iglesia de San Lorenzo y está en una ruina progresiva. Lorca (la ballena asesina no, el poeta) alabó su torre, junto con la de San Tirso en una conferencia que pronunció en varias ocasiones y que se titula 'Juego y teoría del duende'. ¿Qué pasa?, muy fácil, que el PP de Castilla y León, con el alcalde sahagunense, mecánico de bicicletas y procurador en Cortes a la cabeza han optado por dejarla caer, mientras que el PSOE se conjura, según él mismo dice, para rescatarla de la ruina.
En Renedo de la Vega, relativamente cerca de Sahagún, pueden verse las ruinas de una iglesia tan preciosa o más que la de San Lorenzo. También la dejaron caer. En el mismo Sahagún dejaron caer y arruinarse la iglesia de Santiago, de la misma factura y estilo que la de San Lorenzo, aunque sin torre. La iglesia de San Tirso actual tampoco es aquella cuya torre alabara Lorca, sino un torpe remedo, porque allá por 1947 (escribo como cago, de memoria) se vino abajo con estrépito y en su bastarda reconstrucción no sólo se sacaron de la punta del pijo un ábside inexistente, sino que también se inventaron un arco toral de herradura que provoca el desconcierto entre quienes aman 'el-arte' (que es joderte de frío).
En Sahagún también se vino abajo antaño la cubierta de la Trinidad, dejando a su impactante retablo churrigueresco a la intemperie durante décadas, hasta que alguien tuvo la feliz idea de rescatarlo y acomodarlo en la iglesia de las monjas benedictinas, que hacen unos amarguillos aceptables, pero que no resisten comparación con los del desaparecido Docio, que, según cuentan y yo lo creo, se llevó la receta a la tumba. En fin, las monjitas lo limpiaron, al retablo, con paciencia y con mimo y lo embutieron en un espacio impropio para tan grandiosa obra, que, sin embargo, la preserva de las inclemencias y hasta cuadra bien con los cánticos religiosos que perpetran las religiosas, que trinan como cacatúas, porque algunas son tan viejas como el ladrillo de San Lorenzo. Aún recuerdo aquel ayer cuando a cierto lumbrera del Obispado se le ocurrió sacar por cojones las campanas de la torre de la Trinidad con una grúa y mediante el abominable procedimiento del tirón, destrozando lo que quedaba del maltrecho tejado del campanario. Años después la Junta, con José María Aznar, optó por recuperar la iglesia arreglando la cubierta. Ahora la Trinidad compatibiliza dos usos incompatibles, por un lado acoge el Auditorio Carmelo Gómez, y por otro el albergue de peregrinos. De este modo es posible asistir a un concierto de música clásica mientras escuchas tranquilamente cómo se ducha un peregrino o cómo bate unos huevos para hacerse una puta tortilla.
En fin, de Babilonia, que también era de ladrillo cocido, no queda apenas nada. En Sahagún, como en el resto de la Tierra de Campos, todo se desmorona y se viene abajo, porque todo salió del barro y al barro ha de volver. Sólo que en este caso está volviendo al barro a toda hostia y con la inestimable ayuda de sus habitantes.
El geriátrico languidece y las ideas de los vivos se enturbian y se descabalan: al PP se la suda la iglesia y al PSOE, que debiera sudársela, llama a la oración como un almuédano agilipollao. El loco mundo de los payasos. ¡Yupi!, me parto el ojete y en mi pequeño homenaje a la iglesia en ruinas que ha motivado esta entrada y en la que tan buenos ratos pasé fumando porros, recordaré esta coplilla dedicada al santo titular, que lleva camino de convertirse en suplente: San Lorenzo, el del Escorial, que recibió martirio en la parrilla. O sea, el patrono del churrasco.

San Lorenzo en la parrilla
Les gritaba a los judíos:
Dadme la vuelta cabrones,
Que tengo los huevos fríos.

Pues hala, a tomar por el culo.