Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

28 de noviembre de 2012

El terrorismo como una de las bellas artes

(11-S. Torres Gemelas: ¿Un acto terrorista o una instalación?)

El nuevo héroe literario de Grecia es un tipo que se dedica a asesinar a empresarios que no pagan sus impuestos y a políticos corruptos (valga la redundancia). Ya veremos cuánto tarda la ficción literaria en trasladarse a la realidad, porque como decía Máximo el Confesor, citado en el Peryphyseon por el genial y cuasi heresierca Escoto Erígena: “Todo aquello que la mente es capaz de concebir en aquello mismo se transforma”. Básicamente decía esto mismo, pues cito de memoria y no me sale de los cojones ponerme ahora a repasar mis lecturas de hace décadas. Cosas de la memoria, pervertida sin duda por las drogas, el alcohol y este anticlericalismo mío que me pierde.
En fin, el héroe aludido es una creación del escritor Petros Márkaris. Se trata de un tipo que cuelga carteles que dicen: "No paguéis vuestras deudas con los bancos. No paguéis las tarjetas de crédito. No paguéis los plazos de las hipotecas. No paguéis a los que nos han hundido. ¡No paguéis! ¡No pueden haceros nada!", e invoca esta cita de Brecht: "¿Qué es el atraco a un banco comparado con la creación de un banco?".
En España, sin embargo, la crisis va por otros derroteros, por los derroteros del anacronismo (que es un huevo colgando y otro lo mismo): Por ejemplo, la ETA ha dejado de matar justo cuando muchos creen que más falta hacía. Otrosí digo: Todos los españoles hemos tenido que echar sangre y bilis para salvar a Bankia del expolio y, ¿cuál es la solución?, pues cerrar más de 1.000 oficinas y dejar en la puta calle a 6.000 trabajadores honrados, mientras los expoliadores siguen con sus cuentas saneadas en paraísos fiscales y sus piscinas, chalés y putas de lujo en los alrededores de Madrid, de Marbella y de Mallorca, lo que lleva a muchos a pensar que precisamente ETA ha dejado de matar justo cuando más falta hacía. Aún hay más, el exconsejero de Fomento de la Junta de Castilla y León González Vallvé se ha descolgado pidiendo tribunales especiales para juzgar a los que han hundido a las cajas de ahorros y ver de qué manera se puede recuperar algo del botín. Me parece cojonudo, pero esos cojones en Depeñaperros: podía haberlo dicho cuando era consejero y no ahora que es un cagajón seco.
Mi idea fuerza de hoy es que el terrorismo tiene algo de manifestación artística, un fuerte contenido estético por virtud del cual todos sabíamos en el mismo momento de producirse que los atentados de los trenes del 11-M no eran cosa de la ETA, sino de los islamistas, porque cada acto violento lleva su firma, su sello indeleble, es como una obra de Picasso respecto a cualquier mierda colgada en el Musac.
Ahora voy a lo del anacronismo: A medida que cobra intensidad, la violencia (también Castellón de la Plana y Alicante), pero sobre todo la violencia, ha llegado un momento en el que ha dejado epatar, de asombrar, de causar perplejidad. Cuanta más ‘paraplejidad’ provoca menos perplejidad causa. De modo que se trata de una respuesta ‘demodé’, porque ese ánimo de provocar, de asombrar, de dejar boquiabierto al personal se perdió hace mucho tiempo. ¿Qué hostias es un tiro en la nuca cuando hay unos tipos que son capaces de realizar instalaciones y performances en las que varios aviones se estrellan contra los rascacielos más altos del Nueva York?. No es tanto una cuestión de muertos, como de estética. Pero también es una cuestión de muertos. Un muerto por un acto terrorista no puede causar tanta sensación como un atentado que causa miles de fieambres.
Pero hay otra cosa, que la propia grandeza estética de un atentado como el de las Torres Gemelas (torres más altas no han caído… aún) exige inmediatamente otra masacre similar o mayor para seguir cautivando la atención de los ávidos consumidores de este tipo de arte: es decir de todos nosotros, que para eso estamos en un sistema democrático que permite un acceso universal a la cultura y las fuentes de creación. De este modo, la repetición hasta la saciedad de las obras de arte violentas ha llevado al público a un cierto hastío y las muertes masivas y no masivas ya apenas producen una leve sacudida, ya no son capaces de producir aquel intenso orgasmo de repugnancia que causaban hace tan solo unos pocos años.
Pasa a los terroristas lo que les pasó a los autores de las segundas vanguardias: que, queriendo impresionar y provocar, ya no impresionaban ni provocaban a nadie. Se habían quedado pura y simplemente anticuados.
Eso es lo que creo yo que ha pasado con la ETA y es lo que pasará en su día con Al Qaeda (y si no pasa se convertirá en una ‘mal-Qaeda’). Sin embargo, hay que tener en cuenta que toda tendencia artística, todo estilo, toda corriente de creación siempre acaba conociendo uno o más ‘revivals’, salvo en el caso de los poetas bercianos, que son un revival perpetuo ya desde la primera aparición.
Por esto, aunque la violencia parece haber muerto, no sólo no es así, sino que cualquier día retornará y sus ejecutores, los asesinos, volverán con ánimos renovados y serán aclamados como artistas. Estamos a un tris de catalogar al terrorismo como una de las bellas artes. Al tiempo.

PD. Llevaba mucho tiempo sin escribir en este blog. Quien lea esto entederá por qué.