Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

27 de marzo de 2012

De los minipasos a los minipisos

(En Ponferrada ya han empezado a desmontar los bancos)

Casi todos los tratados de paz se han firmado en Ginebra, ninguno, que se sepa, lo ha sido en Mondariz o en Solares. Mira tú por donde, mi desmedida dilección por los gin tonics es algo rayano en lo humanitario, por más que se me haya acusado hasta el hartazgo de disipación y de molicie.
En su intento por ahondar en el esperpento, Ponferrada celebra este sábado una procesión infantil con pasos en miniatura: minipasos los llaman, que serán portados por tiernos minicofrades. Esta miniprocesión no es más que un entrenamiento para que los niños realicen una obediente y aquiescente transición de los minipasos a los minipisos, a los que podrán acceder gracias a los minicontratos que les proporcionarán depredadores, digo emprendedores, como Díaz Ferrán y otros ladrones y delincuentes parecidos y mucho menos lejanos.
Hablan de productividad y de fomentar la creatividad justo quienes han hundido a este país con estructuras sociales y empresariales propias de los regímenes feudales. Sin embargo, seamos claros, todo el potencial creativo de España se resume en ponerle un palo a un objeto, bien sea una bayeta: la fregona, bien sea a un caramelo: el Chupa Chus (Chus, sigue chupando, le dijo el autor del invento a su mujer). Hasta el pincho, tan socorrido (mejicano) y tan de moda en nuestra hostelería, consiste por lo general en ponerle un palo (en este caso un palo pequeño, un palillo) a una cosa que se come, aunque no siempre: un trozo de tortilla, de chorizo, de queso, una aceituna, una anchoa, ambas a dos... En fin, si a la inventiva española le quitamos el palo se queda en nada, con la excepción, tal vez, de la olla Magefesa. Sin un palo España es un espacio vacíos, sin ideas, sin imaginación. Hasta al mismísimo Jesucristo le pusieron un palo, en este caso un madero. De ahí que, aunque el invento no fuera genuinamente español, sino judío (aunque tampoco hay que descartar que fueran ZP, la ETA y los policías corruptos de la época del GAL), haya tenido tanto éxito en nuestro país, que en estos días anda enteramente revolucionado con desfiles y procesiones con un tío medio ensartado en un palo al que le dicen cruz. ¡Ay, Señor, qué Cruz!. Y en esas andamos, matando a Dios para salvar al turismo rural y a la hostelería (el arte de dar hostias monetarias por un puto pincho rancio y una caña).
Y para ahondar en el esperpento valleinclanesco, Ponferrada celebra este sábado una procesión infantil con pasos en miniatura: minipasos que serán portados por minicofrades. Esta miniprocesión no es más que un entrenamiento para que los niños realicen una adecuada transición entre los minipasos y los minipisos a los que podrán acceder gracias a los minicontratos que les proporcionan depredadores, digo emprendedores, como Díaz Ferrán y otros parecidos y mucho menos lejanos (y como este párrafo se me coló y está repetido, que conste que esto ya lo dije al principio).

PD. Sin embargo, no todo en Ponferrada es tan feo como las procesiones. Sin ir más lejos, Ponferrada es una ciudad pionera en el desmantelamiento del sistema bancario. Véase, si no, el magnífico documento que me ha hecho llegar mi gran amigo y magnífico fotógrafo César Sánchez. Venga, todos los bancos a tomar por el culo ya.

12 de marzo de 2012

Casa de 'citys'



('Pepiño' y Cospedal, tan distintos y, sin embargo, tan iguales que da asco)

Antes de aterrizar en mi proverbial desvergüenza léxica y en mi sempiterna ‘logorrea’ chabacana y procaz, voy a ponerme pedante y estupendo, citando de forma textual el asombroso colofón del maravilloso relato ‘Los teólogos’, de Borges (que además de escribir de forma primorosa, envasaba unas pasas y unas nueces de California de una cierta calidad).
Bien, a ello vamos: “El final de la historia sólo es referible en metáfora, ya que pasa en el reino de los cielos, donde no hay tiempo. Tal vez cabría decir que Aureliano conversó con Dios y que Éste se interesa tan poco en diferencias religiosas que lo tomó por Juan de Panonia. Ello, sin embargo, insinuaría una confusión de la mente divina. Más correcto es decir que en el paraíso, Aureliano supo que para la insondable divinidad, él y Juan de Panonia (el ortodoxo y el hereje, el aborrecedor y el aborrecido, el acusador y la víctima) formaban una sola persona”, relata con asaz maestría J.L. Borges en Los teólogos, aparecido en la recopilación El Aleph, donde el excelso escritor, nada que ver con los juntaletras leoneses, ni siquiera con los de Villafranca del Bierzo, incluido el mediocre aunque voluntarioso Gil y Carrasco, se dedica a epatar a quienes, sin ser ágrafos, andan más preocupados por los muslos y los vulgares brincos y cabriolas circenses de Messi y Cristiano que de solazarse con una buena lectura completamente ajena al otoño o a la primavera o a los ríos bercianos y leoneses.
Fácil es colegir que hoy he comenzado mi artículo por el final. Si alguien se pregunta el porqué o, simplemente, por qué, argüiré que, como los teólogos de Borges, al cabo se me antoja que el PP y el PSOE son la misma cosa, por no decir la misma mierda, que la Cospedal y el ‘Pepiño’ son la cara y la cruz de una misma moneda (la cara porque la tienen de piedra y la cruz porque ambos evidencian la carga de mendacidad y desfachatez que hemos de soportar cada día sobre nuestros hombros ahítos en nuestro particular calvario cotidiano. La moneda, en fin, porque es a lo primero que se lanzan como el lobo a las ovejas). La Cospedal (obsérvese que ya voy descendiendo a pasos agigantados hacia mi habitual ordinariez y grosería) se acaba de descolgar diciendo que los españoles tenemos que trabajar más, si bien ella, por si acaso, metió a su marido a trabajar en una caja de ahorros quebrada, con un sueldo de cojones, mientras el ‘Pepiño’ andaba recogiendo en ‘autoestop’ a empresarios apesebrados y corruptos (valga la redundancia), de modo que, cuando el PP ha querido tirar de la manta, por la inquina Santa Catalina que le tiene al del ‘exato’ y ‘correto’, resulta que se ha venido a constatar que también Núñez Feijóo anda salpicado hasta los ojos por las corruptelas de Dorribo. Y los ojos de Feijóo son así de grandes, son unos ‘ojones’ (tócame los pies y, si no, tócame los cojones. Véase qué expresión a la par ‘PSOEz’ y gratuita). En fin, sigamos, que ‘pa’ luego (véase cómo además me rebozo gozoso en las patadas al diccionario de la lengua en el culo): a la a la ministra Ana Mato, cierto día se le apareció en el garaje de su casa un coche de lujo, que por lo visto era de su marido, sin que ella supiera nada, según llegó a afirmar con más morro que una manada de negros silbando el ‘Only you’ (encima racista. Hostias, cómo estoy hoy de ofensivo). Ahora la Mato ya no tiene ese marido, tiene otro, porque sólo los del PP pueden divorciarse y abortar sin que a la Conferencia Episcopal le importe un ‘cagao’ (lo digo así porque soy de Sahagún) y, por ello, nadie hace sangre de la extraña aparición mariana del ‘buga’ de marras del marido de la ministra en la cochera de su casa, debajo mismo de su gordo culo. El caso es parejo al del ‘mihemmano’ del Guerra, que hacía sus trapicheos desde un despacho de la Delegación del Gobierno en Andalucía, sin que el hermano triunfador y culto, Adolfo, se coscara de ello, según afirmó él mismo, claro.
De Guindos, otro que tal baila, no cesa de darnos el coñazo continuo con recetas, recortes y medidas para salir de la crisis, nada creíbles, por cierto, puesto que, si tanto supiera de economía como él mismo se cree, algo habría hecho por evitar el hundimiento de Lehman Brothers, o, cuando menos, lo habría denunciado públicamente ‘en aras’ de esa transparencia, honestidad y buen y ético hacer que tanto predica. Y aquí entra en juego la Elena Salgado, otra indocumentada, que se fue con Zapatero a no sé cuantas ‘citys’ a calmar a los mercados, cosa que, como se ve, fue del todo inútil, porque los mercados pasaron de la pava y del pavo como de un excremento hediondo. De tanto ir a rogar a los mercados ya parecía que este dúo dinámico tuviera casa en las ‘citys’ (una casa de ‘citys’). Ahora la Salgado, demostrada su sobrada impericia e inoperancia en materia económica, goza ya de plaza fija en Endesa con una remuneración del copón bendito, que es la forma que tiene la compañía italiana propietaria de Endesa (Enel) de pagarle el favor. ¿Que cuál es el favor?. Joder, qué lectores más obtusos tengo hoy (ya me meto hasta con mis propios seguidores, manda cojones, lo que hace el exceso de ‘drogaína’), pues qué favor va a ser, el de permitir que una empresa que no puede pertenecer al estado español sea regalada al estado italiano, tal y como sucedió con Endesa cuando ZP quiso cargarse a Pizarro y el PP en su patriotismo planeó entregársela a los alemanes de E.ON para que no cayera en las manos de los sedicentes catalanes de Gas Natural, que ahora le apoyan con tanto empeño y fruición.
En fin, que los del PSOE fueron los pirómanos y los del PP los bomberos que pretenden apagar el fuego con gasolina. El resultado es que España anda en la puta ruina, sí, pero no tanto como para que los que acaban de llegar no puedan seguir saqueando y trincando lo poco aprovechable que dejaron los otros, porque, por virtud de esa ‘Prostitución’ franquista que tenemos desde 1978 (otro baldón más: menosprecio a la Constitución), resulta que en este solar patrio de mis gónadas la democracia no consiste en cambiar de partido, sino en cambiar de ladrones cada cuatro u ocho años. Es más, yo juzgo urgente una reforma política en el siguiente sentido: en vez de limitar a dos los mandatos del presidente del Gobierno, lo que habría es que limitar a uno los mandatos del líder de la oposición, o sea, que el que pierde las elecciones se vaya a cagar a su puta casa, porque, en caso contrario, pasa lo que está pasando con Rajoy, que perdió dos veces los comicios (elecciones cómicas), y a la tercera llegó al poder con una carga de mala hostia y de resentimiento hacia los que no le votaron en su día que ahora les está dando por el culo con un formón y lo que les espera, porque ya verás cuando les sodomice con el soplete (caga y vete, como Albacete: insulto geográfico). Así las cosas, es Rubalcaba el que, en vez de marcharse a defecar a otro lado, se puede tirar una larga temporadita al fresco, de modo que si algún día, dios no lo permita, vuelve a tocar pelo, o sea poder, nos joderá por detrás y por delante, por delante y por detrás, echándole, eso sí, la culpa a Rajoy por haber dejado el país en un estado tan deplorable: el cuento de nunca acabar (la Historia Interminable).
PD. Y hablando de apagar los fuegos con gasolina, acaso habría que reflexionar sobre quienes son los propietarios de las empresas de extinción de incendios y de reforestación y su vinculación con los altos cargos de las administraciones autonómicas y esas cosas tan molestas e incómodas de elucidar. También hay que preguntarse por qué un incendio que arrasa 1.000 hectáreas en Cataluña concita toda la atención de los medios de comunicación, mientras que uno en La Cabrera acaba de devastar 1.500 hectáreas sin que apenas haya personal ni medios para extinguirlo ni medios para contarlo y todos callamos como putas. Esto es más o menos lo que venía a decir del saqueo y del trinque continuo que sufrimos los españoles en silencio, como una almorrana descomunal y cabrona.