Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

11 de octubre de 2013

Condenados a guillotina perpetua

 
(El Código Penal, lo de penal se refiere al pene)

 
Hasta el hartazgo escuchamos casi cada día a éste o aquel político que es necesario modificar el Código Penal para elevar las penas por violación, terrorismo, violencia de género, incendios forestales…
Sin embargo aún no he escuchado a ninguno de estos chupasangres proponer que se aumenten las penas por delitos económicos contra el erario público. Sería una buena manera de luchar contra la corrupción, que no es que esté generalizada en nuestro país, sino que es el principal sector de la economía española.
Un ejemplo ilustrativo. Durante el último año en El Bierzo han sido detenidas más de 25 personas por ese delito tan de moda que es el robo de cable de cobre. En total, el cobre sustraído apenas supera la cantidad de una tonelada. Teniendo en cuenta que el kilo de cobre robado se paga a unos seis euros, el valor total de lo sustraído asciende a unos 6.000 euros, por cuyo robo, recuérdese, han sido detenidas más de 25 personas.
6.000 euros se los dan sin pestañear un alcalde cualquiera o el jerifalte de la Ciuden o del Consejo Comarcal a sus amigos en menos de lo que canta un gallo mediante cualquier contrato amañado y prevaricador sin que ello comporte consecuencia alguna para él delincuen te. No es cuestión de prueba, como se argumenta con frecuencia, porque aquí en Ponferrada el anterior alcalde sacó a contratación pública una obra por un importe de 100.000 euros cuando ya había sido ejecutada . Eso no hace falta probarlo, porque es palmario. Es una prevaricación como una casa, pero nadie se preocupa. De hecho, el nuevo equipo de gobierno mantiene congelada la adjudicación, pero lo más probable es que la obra ya haya sido pagada sin que nadie dé explicaciones y, lo que es peor, sin que nadie las pida, porque no hay un periódico ni un medio de comunicación que se interese por estas cuestiones, por la razón que los periódicos y los medios de comunicación se interesan por otros intereses, normalmente coincidentes con los de los políticos, los jueces y los funcionarios, habitualmente amigos y conniventes con los propietarios de dichos medios.
Así las cosas, es mejor sacar pecho con los 25 detenidos por el robo de cobre en una vieja mina de Victorino o de Viloria, porque en el Código Penal no se aplica el principio de "el que roba a un ladrón". Y lo mismo cabría decir de las aprehensiones de plantas de marihuana y de las detenciones de sus cultivadores, en la práctica totalidad de los casos para consumo propio. De sobra saben nuestras fuerzas de seguridad que no pueden atacar a las redes de tráfico de farlopa, porque quienes las dirigen viajan con frecuencia en sus yates en amistosa compañía con jueces y políticos que luego lo niegan todo, invocando de forma torticera la presunción constitucional de inocencia.
De modo que estamos asistiendo impávidos al lamentable espectáculo de una democracia que criminaliza a una parte de sus súbditos utilizando el propio Código Penal como arma arrojadiza y discriminatoria. De modo que cuando un político propone modificar ese cuerpo legal habitualmente es para ahondar en la injusticia, como es el caso de Ruiz Gallardón (el llamado "hijoputa" por Esperanza Aguirre) con el aborto. Así, el Código Penal es penal por lo que se refiere al pene: quien lo tiene más grande se ríe de la ley a fauce abierta en los putos morros de la sociedad.
Imaginemos que el fraude fiscal o la prevaricación fueran castigados con penas como las del homicidio y que, además, esa pena fuera revisable y ampliable mientras el individuo condenado no devuelva la cantidad defraudada. En tal caso, seguro que tipos como Bárcenas, Mario Conde, Díaz Ferrán u otros empresarios y políticos que están en la mente de todos no andarían por ahí adoptando posturas tan chulescas y dando lecciones de honradez al resto de ciudadanos.
Pero es que el fraude fiscal es, por lo menos, tan dañino socialmente hablando como el homicidio. Los políticos y los empresarios trincones han causado más muertos que la ETA, pero nadie pide para ellos un endurecimiento de las penas o el cumplimiento íntegro de las condenas. Total, ¿para qué?, nunca los condenan: ver el caso de Blesa o de Urdangarín.
El caso es que aún no he escuchado a ningún político, desde el PP hasta Bildu, hacer una reflexión similar a ésta y proponer en serio un cambio en la legislación penal para perseguir y castigar el delito económico como exigiría una sociedad donde han sido precisamente los delitos económicos y los saqueos masivos de dinero público los que han llevado al estado a la bancarrota, abocando a los ciudadanos humildes al desempleo y al desahucio, cuando no al suicidio.
Como resulta obvio, no se puede esperar que un escorpión se pique a sí mismo. Sin embargo, aquí dejamos que los políticos se pongan el sueldo, hagan las leyes que mejor les protegen a ellos y a sus clientes y amigos y luego nos tiramos de los pelos diciendo que todos los políticos son iguales. Pues claro que son iguales, o peores. Nosotros les damos carta blanca para que lo sean.
Alguien, tras esta reflexión, preguntará por la solución. A mí se me ocurren muchas, pero ninguna de ellas es pacífica, todas las que se han utilizado a lo largo de la historia para revertir situaciones similares han pasado por la utilización de la violencia. En concreto, la más famosa de todas ellas se arregló empleando una cuchilla de acero. Aquí, para nuestros políticos y empresarios corruptos, la cuchilla resultaría insuficiente, habría que inventar la pena de muerte revisable: algo así como la guillotina perpetua.

13 de septiembre de 2013

Pregón de las Fiestas del Cristo de Villafranca de 2013

 
Villafranquinos, hoy es viernes 13 y, según los historiadores, un viernes 13 de 1307 un grupo de caballeros Templarios fue llevado ante la Santa Inquisición para ser juzgado y condenado por supuestos crímenes contra la cristiandad. Desde entonces el viernes 13 ha sido considerado como fatídico y de mala suerte. Por si fuera poco, estrictamente hablando hoy es un día doblemente nefasto, ya que es viernes y 13 del año del Señor de 2013.
Debo precisar, no obstante, que los asuntos de los templarios son más propios de Ponferrada que de Villafranca. Así que, consecuentemente, la mala suerte que acarrea el número 13 seguro que afecta más allí que aquí, y no será, en verdad, una mala suerte del todo inmerecida, teniendo en cuenta que a Villafranca le fueron arrebatados por su vecina tanto la capitalidad de El Bierzo, como la figura del patrón de la comarca. Pero no os preocupéis, que arrieros somos y en el pecado lleva Ponferrada su propia penitencia. Así se comprueba que poco ha sido el aprovechamiento que ha obtenido de tanta usurpación, ya que, salvo alguna excepción, las iglesias y las imágenes que atesora esta sobrevenida capital berciana valen bastante menos que los gigantes y los cabezudos que están ahí abajo, en la plaza, y no sirven ni para alimentar el fuego de una barbacoa.
Por el contrario, el Cristo de la Esperanza es algo más que el patrón secular de Villafranca y del Bierzo: esta excelsa joya barroca simboliza, mediante la magnífica representación de sus carnes laceradas, todo el sentir y la historia de esta gran villa, de esta comarca y de este país entero. Representa de algún modo el verdadero cristo de España, un cristo monumental que no tiene visos de dejar de serlo a corto plazo.
La imagen patética y conmovedora del Cristo de Villafranca me trae a la memoria estos versos de Unamuno:
¡Oh Cristo pre-cristiano y post-cristiano.
Cristo todo materia,
Cristo árida carroña recostrada
con cuajarones de la sangre seca;
el cristo de mi pueblo es este Cristo:
carne y sangre hechos tierra, tierra, tierra!
Y siguiendo a Unamuno también podríamos encomendarnos al Cristo de la Esperanza para rogarle:
¡Y tú, Cristo del cielo,
redímenos del Cristo de la tierra!
Aunque es mejor que no lo hagamos, porque el cristo que hay liado aquí abajo no lo arregla ni Cristo. Así que simplemente roguémosle al patrón que nos permita pasar unos días de auténtico jolgorio y de felicidad en compañía de nuestos familiares y amigos. Qué digo de nuestros familiares y amigos, incluso de nuestros seres queridos.
No fatiguemos al sufriente Cristo con peticiones absurdas e incumplibles: por ejemplo, no le pidamos que acabe con las guerras y el hambre en el mundo, o que nos saque del ERE, porque todos sabemos que a él mismo su propio padre le aplicó un ERE de extinción. Tampoco le pidamos a Cristo, por muy todopoderoso que sea, que ponga fin a la corrupción de nuestros políticos y de nuestra sociedad, porque la corrupción es hoy día el principal, si no el único, motor económico de nuestro país y también de nuestra comarca.
No incomodemos al Hijo de Dios con peticiones extemporáneas, tales como unos accesos adecuados para el polígono de Vilela o que nos libre de la caterva de poetastros locales y comarcales que proliferan cada verano por nuestros bosques y alamedas, como si se tratase de cardos borriqueros, y que atormentan nuestros oídos y embotan nuestra sensibilidad.
Seamos modestos en nuestras rogativas y conformémonos con requerirle al Cristo de la Esperanza que ilumine al alcalde de turno para que no hable inglés como Ana Botella o para que no se le ocurran perogrulladas como la de podar los árboles del Jardín de la Alameda justo antes del verano y de la Fiesta de la Poesía. Lo digo, porque eso es precisamente lo que hizo hace unos años el bueno de Agustín y casi nos mata de una insolación a todos los presentes, incluidos el ya difunto Pereira y el mismísimo Gamoneda.
Pidámosle al Cristo cosas sencillas, como un poco de buena música, y no esa mal llamada música clásica alambicada y llena de afectación, ni tampoco la del hortera Melendi. Pidámosle abundancia de vino de mencía y de godello de nuestras viñas y bodegas, así como algún que otro 'gintonic' que no sea de garrafón, para hacernos más soportable la resaca festiva. Estoy seguro de que se me acusará de hacer abyecta apología del consumo de ginebra, pero, que yo sepa, la mayor parte de los tratados de paz del mundo se firmaron en Ginebra, y jamás ninguno se firmó en Mondariz ni en Solares o en Solán de Cabras. Así que este llamamiento al consumo desmedido de espirituosos no es otra cosa que un canto a la paz en unos tiempos difíciles, donde los vientos de guerra se ciernen sobre Soria, digo sobre Siria.
Disfrutemos pues del vino y de los cubatas siempre que no sea con moderación y que el cristo que hay montado lo arreglen aquellos que la cagaron en su día, pero dejemos a nuestro Cristo de la Esperanza tranquilo con su fiesta y con su gente, porque, para una vez al año que sale de su casa de San Nicolás, tampoco es cosa de amargarle el paseo.
Concluyo, en fin, con estos sencillos versos de aquel poeta oscuro y genial que fue Luis de Góngora y que, sin duda por un error, no figura como nacido en Villafranca:
Cuiden otros del gobierno / del mundo y sus monarquías / mientras gobiernan mis días / mantequillas y pan tierno / y en las mañanas de invierno / limonadas y aguardiente / y ríase la gente.
Así que, sigamos el consejo del gran vate y hala, a disfrutar todo el mundo…
¡Viva el Cristo de la Esperanza. Viva Villafranca!

31 de julio de 2013

Adiós gracias a Dios

(Último número de La Crónica. A Dios gracias, no veía el momento)
 
A tomar por el culo de una puta vez. Tengo la polla inflada de tanto escuchar eso de que el cierre de La Crónica supone una merma de libertades y de pluralismo informativo. ¿Pero qué mierda es esa?. Aparte del indeseado efecto que este cierre tendrá sobre el magnífico grupo de personas con las que he trabajado en León y en Ponferrada y de las que he aprendido cada día, el cierre de La Crónica es justo y necesario. La Crónica se había convertido en un atentado contra la libertad de expresión y de información. A lo mejor es que era yo el único que se comía los marrones y todos los demás compañeros escribían con plena libertad. Pero realmente yo estaba ya hasta los cojones de tanta sodomía intelectual y de tanto tragar pollas, que ya tengo la mandíbula dislocada y el culo como la bandera de Japón.
Todavía hace pocos meses el anormal de Martínez Parra, que ojalá se pudra en la cárcel, por botarate, llamó al ‘tarao’ del nuevo director general, Raúl de las Heras, un tipo indocto cuyo 'camaleonismo' sólo es comparable a su demostrada ineptitud, para que le hiciéramos un panegírico mamporrero al padre de Ismael Álvarez, que había fallecido dos días antes. El fallecido era un hombre sencillo, sin ningún afán de sobresalir, y menos en los papeles de 'Martinone', que ya para entonces eran algo así como los de Bárcenas, pero con peor reputación y pronóstico. Ismael Álvarez, obvio es decirlo, declinó cortesmente la oferta, evitándole a La Crónica una nueva ocasión de hacer el ridículo. Para entonces yo ya llevaba varios meses sin cobrar, pero eso al ‘Fillo’ se la pelaba y se la pela con la bobalicona aquiescencia de un director que nada más acceder al puesto aparcó sus convicciones y hasta la memoria de sus orígenes.
Ya estaba hasta los cojones de tener que defender las indefendibles bondades y beneficios de la cantera de Las Médulas, en Carucedo, una explotación sangrante e insultante, propiedad de Martínez, si no la ha perdido todavía, que debía llevar décadas cerrada, de no ser por todos los tipos de la Junta a los que compró para que siguiera abierta permitiéndole permutar piedras por dinero a 'esgarrapellejo'. Hasta tuve que redactar de propia mano el manifiesto en defensa de la puta cantera que luego leyó el apijotado de Miguel Ángel Casado, ya fallecido, paro al que pagaron pingües emolumentos por traicionar a su tierra y al turismo que tanto decía defender. Ese manifiesto tuve que escribirlo sin firmarlo, claro está, porque el delegado  de La Crónica que había entonces en Ponferrada no sabía escribir y ponía “a comido”, así sin hache, pese a lo cual cobraba 83.000 euros al año (ahora está dando el pufo en otro medio de comunicación y cuando se enteren ya será tarde.
De paso que me deshacía en elogios de la cantera de mierda, tuve que sacar varios artículos mamporreros, bien para defender al alcalde de Carucedo, un facineroso que cuando se le quita la razón se lía a hostias, bien para atacar a sus muchos y cada vez más numerosos enemigos.  Paradojas de la vida, el abogado que me encargó la defensa acérrima del acémila del alcalde (socialista) de Carucedo, fue el mismo que ayer me entregó la carta de despido, eso sí, afectando una gran compunción y haciendo gala de colegueo y buen rollito. No es un tonto ni un cabrón. Sólo cumple su papel de esclavo muy bien remunerado. Este rábula es el mismo que  anunció en su día, sin saberlo, que la planta cementera de Coirós estaba abocada al fracaso desde el mismo momento en que el sabelotodo de Martínez Parra decidió que los ingenieros no tenían ni puta idea y que se iba a encargar él de todo. Efectivamente, se encargó de todo y así le ha ido. Aunque en realidad no hizo sino poner en práctica la máxima de su padre, el Abuelo, el Padrino, Don José, cuando en una entrevista en el Progreso de  Lugo sentenció: “La diferencia entre un ingeniero y yo es que yo puedo pagar a un ingeniero y él a mí no”. Sí, seguro que esa es la única diferencia.
En fin, me han censurado columnas. Ojo columnas que escribía gratis y por las que  llegué a recibir amenazas, no de los lectores, que eso enorgullece, sino del director y del director general. Yo pedía a gritos que me relevaran de escribir opinión, pero nada. De sobra sabían que la mierda de la opinión que figuraba en el periódico a última hora era plana y no atraía a nadie: un cura por aquí, un vicario por allá, un vagón de obviedades por acullá. O sea, discrepo del maestro Fulgencio, ni ‘pa’ envolver el bocadillo.
De hecho, ese director tan reconocido cuando murió me amenazó con graves consecuencias si no retiraba de mi blog personal un comentario que ni siquiera sé sobre qué versaba. Otro director me amenazó también con graves consecuencias si no interrumpía mi descanso para hacerle una entrevista al entonces alcalde López Riesco, al que después de insultar y vilipendiar día sí, día también, decidieron adular para ver si sacaban algo de cacho por la vía de la publicidad.
Todos los días, por una razón u otra, había que dar hostias sin cuento a Riesco, a Ulibarri, a la Ciuden (para que nos diera obras) y hubo que silenciar cientos de casos y de condenas, porque no interesaba al dueño que eso se publicara. Y todo esto me lo tuve que tragar yo con patatas, porque quienes debían hacerlo y cobraban por ello, no tenían ni la formación ni la capacitación ni los santos cojones de hacerlo. En el colmo del absurdo, un día que yo no trabajaba, mis compañeras tuvieron que hacer un trabajo del instituto para la hija de uno de los jefes. Mira cómo se lo han agradecido.
Así que, menos lobos. A mí también me habría gustado escribir reportajes con rostro humano y esas historias íntimas de gente asesinada en la Guerra Civil, de esqueletos desenterrados que venían con un tiro en el cráneo y una subvención pública debajo del brazo, o relatar la epopeya (el marino) de los mineros encerrados como topos durante semanas en la mina de Santa Cruz para, sin ellos saberlo, aumentar los beneficios y la posición dominante de Victorino.
Pero no, héteme aquí que, como el gilipollas de Jesucristo, tuve que apurar el cáliz hasta la hez, o sea, que tuve que comer mierda a espuertas, mientras otros escribían poesía y hasta ciencia ficción de calidad mediocre. Y encima me criticaban por la mierda que escupía.
PD: Así que ahora que La Crónica ha cerrado empiezan mi libertad de expresión y las otras libertades, comienza mi verdadera liberación, y en lo más íntimo de mi ser sólo puedo decir una cosa: que le den por el culo a La Crónica y a la propiedad.

18 de julio de 2013

A 'permutar', a 'permutar' hasta enterrarlos en el mar

(José López Orozco, Fernando Blanco y 'Martinone'. Me pregunto de qué cojones se ríen)

No faltaba nadie en el puto sarao del Gran Hotel de Lugo, por no faltar no faltaba ni el obispo, fray José Gómez.
Y allí estaba el mi Don José (que además de los alias mentados en la primera entrega, era también conocido como ‘el Abuelo’ o simplemente como ‘Martinone’). Pero había más. Junto a él estaban sus dos hijos, hoy en libertad bajo fianza, tras espectaculares registros y detenciones en las sedes del grupo en Madrid y Ponferrada. Digamos que por no faltar no faltábamos ni mi amigo César ni yo. César es un fotógrafo de la hostia en verso que obtuvo el premio Cossío por una foto de un minero muerto sobre una vagoneta. También le he visto fotos impresionantes de cráneos con un tiro en la cabeza, pertenecientes a gente asesinada durante la Guerra Civil y la ulterior represión franquista y exhumados por la ARMH ante el ojo conmovedor de este artista. La presencia de César fue muy oportuna, porque en aquella ocasión también retrató a toda una serie de muertos que aún no sabían que lo eran. Pero al final lo fueron..., lo están siendo.
Centrémonos: era el sábado 6 de mayo de 2006 y el bueno de Don José inauguraba el ‘spa’ del Gran Hotel de Lugo, “un circuito termal con reminiscencias de la vieja Lucus romana”, tal como yo mismo titulé, con excesiva ampulosidad, lo admito, la crónica que me mandaron escribir para La Crónica del día siguiente.
Sin embargo, mi presencia y la de César en aquel acontecimiento no estaba prevista, pero nuestro jefe inmediato común, Purriños, un tipo al que, según me cuentan, le operaron de un orzuelo en un ojo y se equivocaron, echando al cubo de los desperdicios la parte aprovechable, nos llamó a toda prisa: los jerifaltes querían que estuviésemos en Lugo a las 12 de la mañana. Eran las once y media y ‘pa’ su puta madre íbamos a llegar. El caso es que la cosa se retrasó y, como sucede siempre, llegamos a tiempo. Allí estaban el Alonso y el Pérez (la Mariquita aludida en el capítulo anterior). El tal Alonso es un personaje siniestro y de escasa formación que cuando lo ves te da náuseas y cuando hablas con él ya te provoca directamente el vómito. Alonso figura como testaferro en decenas de sociedades y su nombre saltó de los límites del grupo Martínez Núñez a raíz de todo el escándalo de la venta de las empresas de Díaz Ferrán (ex de la CEOE) a Ángel de Cabo, al que habremos de volver. Alonso nos explicó por qué nos había mandado llamar: unos días antes alguien había quemado en Pontedeume siete camiones de La Estrella, una empresa de transportes del grupo, hoy prácticamente liquidada tras uno o varios dolorosos EREs. ¿Que por qué  quemaron los camiones?, porque durante una huelga del transporte de Galicia, habida días atrás, los camiones de Don José la habían reventado actuando como ‘esquiroles’ (todo por el negocio).
El hecho es que en la inauguración del ‘spa’ estaba presente el conselleiro de Industria e Innovación de la Xunta de Galicia, a la sazón Fernando Blanco, y el Alonso temía que algún periodista avieso le preguntara por el escándalo de los camiones quemados: en tal caso la consigna era que yo saliera al paso con una pregunta a modo de maniobra de distracción, algo amañado, como las preguntas mamporreras del ABC a Rajoy. Ahí se vio la gran talla de Pérez, cuando dijo: - Lo que hay que hacer es coger a Don José y moverle mucho, de aquí para allá, para que así nadie le pregunte. César y yo nos miramos: ¡Dios mío, qué botarate!; y éste, recuerdo, era el director general de nuestro periódico. No te digo más. Ahora se entenderá por qué hemos llegado donde actualmente estamos. El día 31 de julio cierra La Crónica si dios no lo remedia y cierra antes. (Tampoco se olvide que esta lumbrera del periodismo, José Antonio Pérez, está ahora en la agencia EFE, lo cual ya da una idea del nivel de este país y del futuro que le espera con tipos como éstos).
En fin, ni uno solo de los periodistas que allí estaban sabía nada de los camiones de Pontedeume ni de quién cojones era el tal Don José ni sus hijos ni sus espíritus santos, que también los había. Sólo iban a hacer preguntas bobaliconas y aquiescentes al conselleiro y al alcalde de Lugo, el sin par y presunto ‘corruto’ José López Orozco.
Sin embargo, hasta el más lerdo de los plumillas pudo comprobar aquel día la dimensión ética, estética e intelectual del Abuelo: “Aquí en Lugo –proclamaba pomposo- el problema es que la gente pasa de largo, no ‘permuta’ (textual) y nosotros queremos que ‘permute’ y por eso tenemos el hotel y ahora inauguramos el ‘spa’”.
Pues nada hijo, que ‘permuten’, que 'Permuten' todo lo que quieran: "A 'permutar', a 'permutar' hasta enterrarlos en el mar". Rafael Alberti versión 'el Abuelo'.  
Al final fue el propio Fillo el que permutó, sí, pero sin comillas, permutó por un euro con Ángel de Cabo el hotel de Lugo y los de Orense y Santiago, si que se sepa muy bien todavía realmente a cambio de qué. Pero se sabrá. El caso es que De Cabo está en la cárcel con una fianza de 50 millones de euros y el Fillo es muy posible que acabe acompañándole, salvo que se aplique a convencer a los jueces de su inocencia, si es que aún le quedan argumentos, que muchos dicen que sí, porque en las épocas de bonanza (qué gran serie) los argumentos de todo tipo de colores, incluido el negro, entraba por camiones en la sede del grupo.
Así, mientras Don José (hola, don Pepito, hola, Don José) invitaba a todo el mundo a ‘permutar’ en su hotel, muchos de los presentes se partían el culo de risa a las espaldas de este anciano, ya por entonces un tanto patético, aunque aún ensoberbecido por un éxito, que bien pronto se reveló efímero. En su hilarante intervención también alabó las enormes facilidades dadas por el alcalde de Lugo, el tal Orozco. Que digo yo que esas facilidades a buen seguro que las dio el alcalde porque el engranaje muy probablemente había sido bien engrasado con carácter previo. Vamos, lo que Orozco definió acto seguido como “empeño personal” y “enorme ilusión” puestos en el proyecto por José Martínez Núñez.
Había que ver, tras los discursitos de marras, el movimiento de hisopo del obispo de Lugo bendiciendo las instalaciones. Daban ganas de abrazar la fe… y los chorros del 'spa' después de escuchar tantas chorradas. También andaba por allí el capellán del Deportivo de La Coruña, un tal Rafael Taboada, que además de sus aficiones futbolísticas tenía afición a veranear en el chalé que Don José poseía en Sanxenxo, como muchos otros relevantes personajes que luego hicieron el correspondiente mutis, cuando la fortuna, el PP y los tribunales le fueron a Don José menos propicios.
A los numerosos directores generales del grupo MN, incluídos el Pérez y el Alonso, se los veía henchidos, exultantes y también insultantes, brindando hasta con el notario de Villafranca, con representantes del Banco Popular y con el director de Grandes Empresas de Caja España, Emilio Alonso.

PD. Y de todo aquello, ¿qué se hizo?. Todo aquello quedó en nada. Ahora, al fin y al cabo el Gran Hotel de Lugo y su ‘spa’ son de De Cabo… y Caja España..., bien gracias, a punto estamos de regalársela al tío Braulio, mientras todos callan como putas.



16 de julio de 2013

El sueño de La Razón engendra a Mariquita Pérez

Un tonto y su dinero se separan pronto, pero yo jamás imaginé que fuera tan pronto.

(Primer número de La Crónica. Pronto saldrá el último, paciencia)

Hace más de cinco años recibí una alarmante llamada de teléfono de una persona a la que tengo en gran estima: -¿Oye, La Crónica es de Martínez Núñez, no?. -Sí, le contesté. -Pues ya estás largándote de ahí cagando hostias, porque ese grupo tiene menos futuro que el PSOE con Zapatero (por entonces no se conocía el futuro del PP con Rajoy y con Bárcenas, pero también hubiera servido el símil).
Yo no me creí mucho el negro augurio, por lo que mi interlocutor prosiguió: -He comido con Don José [Don José Martínez Núñez: el capo, el padrino, el mandamás del cotarro] y te aseguro que si a este tipo le ofrecen un negocio honrado lo rechaza. No le interesa nada que sea legal ni ninguna operación donde no parta de una situación de ventaja o de una posibilidad clara de extorsión.
En realidad yo ya sospechaba algo así, pero pensé que un grupo familiar como el de MN era el mejor refugio para poder hacer frente a la larga y penosa crisis que se avecinaba. Me equivoqué, no conté con el factor humano, sobre todo con el factor humano de la estulticia o imbecilidad: Un imbécil convenció al hijo de Don José [El Fillo’, un tipo megalómano de escasa inteligencia y menos aptitud, aunque sin el coraje ni el talento del Viejo] de que lo mejor era que La Crónica rompiera amarras con El Mundo, con el que estaba asociado.
Ámbos ‘cirullos’ pensantes se pusieron manos a la obra y acabaron contratando, a través de una empresa de cazatalentos, que manda cojones, a la Mariquita Pérez, un homúnculo paracelsiano, homosexual reprimido al que, según dicen, habían expulsado de La Razón por facha. Este pavo, que en su trayectoria profesional no había sido otra cosa que un puto plumilla que había adquirido importancia a base de dársela él mismo, entró a saco en La Crónica, en el puesto, nada menos que de director general, ¡tachín!, cobrando una millonada de cojones con el único objetivo de romper el ventajoso acuerdo editorial con El Mundo.
El caso es que tras contratar a unos gilipollas para que hicieran un nuevo diseño del periódico, un diseño, por lo demás, lamentable y que costó un pastón, pastón al que hay que añadir otro ‘puyazo’, que se llevó bajo cuerda el impulsor de todo el despropósito, el rediseñado periódico salió a la calle con mucho bombo y platillo, pero la hostia en los kioscos fue mayúscula, como no podía ser menos.
La Mariquita no debía andar muy convencida de la viabilidad del proyecto, porque unos días antes estuvo mendigando un puesto en El Mundo para largarse a Madrid, sabedora de la inevitable debacle, una debacle que, además se desencadenó con virulencia, porque entre medias, el indeseable engendro de La Razón había colocado en La Crónica a todos sus incompetentes amigos, unos sodomitas, otros iletrados, pero todos ellos cobrando como si trabajaran, incluso como si supieran trabajar, sueldos desorbitados hasta para el New York Times.
Pero a nadie le importaba aquel desaguisado, porque La Crónica, con su director general convertido en el azote de Zapatero, quería venderle al PP el mérito de haberle cortado la hierba debajo de los pies al inepto presidente leonés, precisamente en su feudo electoral. No hizo falta, como es sabido, el PSOE se ahorcó él solo y aún sigue balanceándose en la soga con los pies colgando, como el suicida protagonista del Mundo Feliz de Aldous Huxley.
Por otro lado, tras el escándalo Gürtel, en el que anda metido hasta el corvejón el grupo Martínez Núñez, y tras lo de las donaciones en dinero negro de Bárcenas, el PP no está muy interesado en según qué compañías y la de MN es una de las peores imaginables.
De modo que, asediado por las deudas, con sus dueños en libertad bajo fianza acusados de graves escándalos financieros y delitos contables, fiscales y defraudaciones, todos ellos presuntos, hétenos aquí que La Crónica va a echar el cierre, eso sí habiendo dejado a deber a los trabajadores nueve nóminas y cuantiosas e incobrables deudas a todos sus acreedores.
Ahora, si alguien sostiene que mantener este periódico abierto tiene algo que ver con la libertad de expresión, díganme si no merece un par de hostias bien dadas.
Otro día seguiré hablando de los protagonistas de esta novela negra berciana que aún está por escribir y en la que El Padrino es uno de los grandes ‘protas’.

P.D. Mientras tanto, quedémonos con el título de aquel grabado de ‘Los Caprichos’ de Goya: “El sueño de la razón produce monstruos”, asaz válido en nuestro caso, donde “el sueño de La Razón engendró a Mariquita Pérez”.