Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

31 de julio de 2013

Adiós gracias a Dios

(Último número de La Crónica. A Dios gracias, no veía el momento)
 
A tomar por el culo de una puta vez. Tengo la polla inflada de tanto escuchar eso de que el cierre de La Crónica supone una merma de libertades y de pluralismo informativo. ¿Pero qué mierda es esa?. Aparte del indeseado efecto que este cierre tendrá sobre el magnífico grupo de personas con las que he trabajado en León y en Ponferrada y de las que he aprendido cada día, el cierre de La Crónica es justo y necesario. La Crónica se había convertido en un atentado contra la libertad de expresión y de información. A lo mejor es que era yo el único que se comía los marrones y todos los demás compañeros escribían con plena libertad. Pero realmente yo estaba ya hasta los cojones de tanta sodomía intelectual y de tanto tragar pollas, que ya tengo la mandíbula dislocada y el culo como la bandera de Japón.
Todavía hace pocos meses el anormal de Martínez Parra, que ojalá se pudra en la cárcel, por botarate, llamó al ‘tarao’ del nuevo director general, Raúl de las Heras, un tipo indocto cuyo 'camaleonismo' sólo es comparable a su demostrada ineptitud, para que le hiciéramos un panegírico mamporrero al padre de Ismael Álvarez, que había fallecido dos días antes. El fallecido era un hombre sencillo, sin ningún afán de sobresalir, y menos en los papeles de 'Martinone', que ya para entonces eran algo así como los de Bárcenas, pero con peor reputación y pronóstico. Ismael Álvarez, obvio es decirlo, declinó cortesmente la oferta, evitándole a La Crónica una nueva ocasión de hacer el ridículo. Para entonces yo ya llevaba varios meses sin cobrar, pero eso al ‘Fillo’ se la pelaba y se la pela con la bobalicona aquiescencia de un director que nada más acceder al puesto aparcó sus convicciones y hasta la memoria de sus orígenes.
Ya estaba hasta los cojones de tener que defender las indefendibles bondades y beneficios de la cantera de Las Médulas, en Carucedo, una explotación sangrante e insultante, propiedad de Martínez, si no la ha perdido todavía, que debía llevar décadas cerrada, de no ser por todos los tipos de la Junta a los que compró para que siguiera abierta permitiéndole permutar piedras por dinero a 'esgarrapellejo'. Hasta tuve que redactar de propia mano el manifiesto en defensa de la puta cantera que luego leyó el apijotado de Miguel Ángel Casado, ya fallecido, paro al que pagaron pingües emolumentos por traicionar a su tierra y al turismo que tanto decía defender. Ese manifiesto tuve que escribirlo sin firmarlo, claro está, porque el delegado  de La Crónica que había entonces en Ponferrada no sabía escribir y ponía “a comido”, así sin hache, pese a lo cual cobraba 83.000 euros al año (ahora está dando el pufo en otro medio de comunicación y cuando se enteren ya será tarde.
De paso que me deshacía en elogios de la cantera de mierda, tuve que sacar varios artículos mamporreros, bien para defender al alcalde de Carucedo, un facineroso que cuando se le quita la razón se lía a hostias, bien para atacar a sus muchos y cada vez más numerosos enemigos.  Paradojas de la vida, el abogado que me encargó la defensa acérrima del acémila del alcalde (socialista) de Carucedo, fue el mismo que ayer me entregó la carta de despido, eso sí, afectando una gran compunción y haciendo gala de colegueo y buen rollito. No es un tonto ni un cabrón. Sólo cumple su papel de esclavo muy bien remunerado. Este rábula es el mismo que  anunció en su día, sin saberlo, que la planta cementera de Coirós estaba abocada al fracaso desde el mismo momento en que el sabelotodo de Martínez Parra decidió que los ingenieros no tenían ni puta idea y que se iba a encargar él de todo. Efectivamente, se encargó de todo y así le ha ido. Aunque en realidad no hizo sino poner en práctica la máxima de su padre, el Abuelo, el Padrino, Don José, cuando en una entrevista en el Progreso de  Lugo sentenció: “La diferencia entre un ingeniero y yo es que yo puedo pagar a un ingeniero y él a mí no”. Sí, seguro que esa es la única diferencia.
En fin, me han censurado columnas. Ojo columnas que escribía gratis y por las que  llegué a recibir amenazas, no de los lectores, que eso enorgullece, sino del director y del director general. Yo pedía a gritos que me relevaran de escribir opinión, pero nada. De sobra sabían que la mierda de la opinión que figuraba en el periódico a última hora era plana y no atraía a nadie: un cura por aquí, un vicario por allá, un vagón de obviedades por acullá. O sea, discrepo del maestro Fulgencio, ni ‘pa’ envolver el bocadillo.
De hecho, ese director tan reconocido cuando murió me amenazó con graves consecuencias si no retiraba de mi blog personal un comentario que ni siquiera sé sobre qué versaba. Otro director me amenazó también con graves consecuencias si no interrumpía mi descanso para hacerle una entrevista al entonces alcalde López Riesco, al que después de insultar y vilipendiar día sí, día también, decidieron adular para ver si sacaban algo de cacho por la vía de la publicidad.
Todos los días, por una razón u otra, había que dar hostias sin cuento a Riesco, a Ulibarri, a la Ciuden (para que nos diera obras) y hubo que silenciar cientos de casos y de condenas, porque no interesaba al dueño que eso se publicara. Y todo esto me lo tuve que tragar yo con patatas, porque quienes debían hacerlo y cobraban por ello, no tenían ni la formación ni la capacitación ni los santos cojones de hacerlo. En el colmo del absurdo, un día que yo no trabajaba, mis compañeras tuvieron que hacer un trabajo del instituto para la hija de uno de los jefes. Mira cómo se lo han agradecido.
Así que, menos lobos. A mí también me habría gustado escribir reportajes con rostro humano y esas historias íntimas de gente asesinada en la Guerra Civil, de esqueletos desenterrados que venían con un tiro en el cráneo y una subvención pública debajo del brazo, o relatar la epopeya (el marino) de los mineros encerrados como topos durante semanas en la mina de Santa Cruz para, sin ellos saberlo, aumentar los beneficios y la posición dominante de Victorino.
Pero no, héteme aquí que, como el gilipollas de Jesucristo, tuve que apurar el cáliz hasta la hez, o sea, que tuve que comer mierda a espuertas, mientras otros escribían poesía y hasta ciencia ficción de calidad mediocre. Y encima me criticaban por la mierda que escupía.
PD: Así que ahora que La Crónica ha cerrado empiezan mi libertad de expresión y las otras libertades, comienza mi verdadera liberación, y en lo más íntimo de mi ser sólo puedo decir una cosa: que le den por el culo a La Crónica y a la propiedad.

18 de julio de 2013

A 'permutar', a 'permutar' hasta enterrarlos en el mar

(José López Orozco, Fernando Blanco y 'Martinone'. Me pregunto de qué cojones se ríen)

No faltaba nadie en el puto sarao del Gran Hotel de Lugo, por no faltar no faltaba ni el obispo, fray José Gómez.
Y allí estaba el mi Don José (que además de los alias mentados en la primera entrega, era también conocido como ‘el Abuelo’ o simplemente como ‘Martinone’). Pero había más. Junto a él estaban sus dos hijos, hoy en libertad bajo fianza, tras espectaculares registros y detenciones en las sedes del grupo en Madrid y Ponferrada. Digamos que por no faltar no faltábamos ni mi amigo César ni yo. César es un fotógrafo de la hostia en verso que obtuvo el premio Cossío por una foto de un minero muerto sobre una vagoneta. También le he visto fotos impresionantes de cráneos con un tiro en la cabeza, pertenecientes a gente asesinada durante la Guerra Civil y la ulterior represión franquista y exhumados por la ARMH ante el ojo conmovedor de este artista. La presencia de César fue muy oportuna, porque en aquella ocasión también retrató a toda una serie de muertos que aún no sabían que lo eran. Pero al final lo fueron..., lo están siendo.
Centrémonos: era el sábado 6 de mayo de 2006 y el bueno de Don José inauguraba el ‘spa’ del Gran Hotel de Lugo, “un circuito termal con reminiscencias de la vieja Lucus romana”, tal como yo mismo titulé, con excesiva ampulosidad, lo admito, la crónica que me mandaron escribir para La Crónica del día siguiente.
Sin embargo, mi presencia y la de César en aquel acontecimiento no estaba prevista, pero nuestro jefe inmediato común, Purriños, un tipo al que, según me cuentan, le operaron de un orzuelo en un ojo y se equivocaron, echando al cubo de los desperdicios la parte aprovechable, nos llamó a toda prisa: los jerifaltes querían que estuviésemos en Lugo a las 12 de la mañana. Eran las once y media y ‘pa’ su puta madre íbamos a llegar. El caso es que la cosa se retrasó y, como sucede siempre, llegamos a tiempo. Allí estaban el Alonso y el Pérez (la Mariquita aludida en el capítulo anterior). El tal Alonso es un personaje siniestro y de escasa formación que cuando lo ves te da náuseas y cuando hablas con él ya te provoca directamente el vómito. Alonso figura como testaferro en decenas de sociedades y su nombre saltó de los límites del grupo Martínez Núñez a raíz de todo el escándalo de la venta de las empresas de Díaz Ferrán (ex de la CEOE) a Ángel de Cabo, al que habremos de volver. Alonso nos explicó por qué nos había mandado llamar: unos días antes alguien había quemado en Pontedeume siete camiones de La Estrella, una empresa de transportes del grupo, hoy prácticamente liquidada tras uno o varios dolorosos EREs. ¿Que por qué  quemaron los camiones?, porque durante una huelga del transporte de Galicia, habida días atrás, los camiones de Don José la habían reventado actuando como ‘esquiroles’ (todo por el negocio).
El hecho es que en la inauguración del ‘spa’ estaba presente el conselleiro de Industria e Innovación de la Xunta de Galicia, a la sazón Fernando Blanco, y el Alonso temía que algún periodista avieso le preguntara por el escándalo de los camiones quemados: en tal caso la consigna era que yo saliera al paso con una pregunta a modo de maniobra de distracción, algo amañado, como las preguntas mamporreras del ABC a Rajoy. Ahí se vio la gran talla de Pérez, cuando dijo: - Lo que hay que hacer es coger a Don José y moverle mucho, de aquí para allá, para que así nadie le pregunte. César y yo nos miramos: ¡Dios mío, qué botarate!; y éste, recuerdo, era el director general de nuestro periódico. No te digo más. Ahora se entenderá por qué hemos llegado donde actualmente estamos. El día 31 de julio cierra La Crónica si dios no lo remedia y cierra antes. (Tampoco se olvide que esta lumbrera del periodismo, José Antonio Pérez, está ahora en la agencia EFE, lo cual ya da una idea del nivel de este país y del futuro que le espera con tipos como éstos).
En fin, ni uno solo de los periodistas que allí estaban sabía nada de los camiones de Pontedeume ni de quién cojones era el tal Don José ni sus hijos ni sus espíritus santos, que también los había. Sólo iban a hacer preguntas bobaliconas y aquiescentes al conselleiro y al alcalde de Lugo, el sin par y presunto ‘corruto’ José López Orozco.
Sin embargo, hasta el más lerdo de los plumillas pudo comprobar aquel día la dimensión ética, estética e intelectual del Abuelo: “Aquí en Lugo –proclamaba pomposo- el problema es que la gente pasa de largo, no ‘permuta’ (textual) y nosotros queremos que ‘permute’ y por eso tenemos el hotel y ahora inauguramos el ‘spa’”.
Pues nada hijo, que ‘permuten’, que 'Permuten' todo lo que quieran: "A 'permutar', a 'permutar' hasta enterrarlos en el mar". Rafael Alberti versión 'el Abuelo'.  
Al final fue el propio Fillo el que permutó, sí, pero sin comillas, permutó por un euro con Ángel de Cabo el hotel de Lugo y los de Orense y Santiago, si que se sepa muy bien todavía realmente a cambio de qué. Pero se sabrá. El caso es que De Cabo está en la cárcel con una fianza de 50 millones de euros y el Fillo es muy posible que acabe acompañándole, salvo que se aplique a convencer a los jueces de su inocencia, si es que aún le quedan argumentos, que muchos dicen que sí, porque en las épocas de bonanza (qué gran serie) los argumentos de todo tipo de colores, incluido el negro, entraba por camiones en la sede del grupo.
Así, mientras Don José (hola, don Pepito, hola, Don José) invitaba a todo el mundo a ‘permutar’ en su hotel, muchos de los presentes se partían el culo de risa a las espaldas de este anciano, ya por entonces un tanto patético, aunque aún ensoberbecido por un éxito, que bien pronto se reveló efímero. En su hilarante intervención también alabó las enormes facilidades dadas por el alcalde de Lugo, el tal Orozco. Que digo yo que esas facilidades a buen seguro que las dio el alcalde porque el engranaje muy probablemente había sido bien engrasado con carácter previo. Vamos, lo que Orozco definió acto seguido como “empeño personal” y “enorme ilusión” puestos en el proyecto por José Martínez Núñez.
Había que ver, tras los discursitos de marras, el movimiento de hisopo del obispo de Lugo bendiciendo las instalaciones. Daban ganas de abrazar la fe… y los chorros del 'spa' después de escuchar tantas chorradas. También andaba por allí el capellán del Deportivo de La Coruña, un tal Rafael Taboada, que además de sus aficiones futbolísticas tenía afición a veranear en el chalé que Don José poseía en Sanxenxo, como muchos otros relevantes personajes que luego hicieron el correspondiente mutis, cuando la fortuna, el PP y los tribunales le fueron a Don José menos propicios.
A los numerosos directores generales del grupo MN, incluídos el Pérez y el Alonso, se los veía henchidos, exultantes y también insultantes, brindando hasta con el notario de Villafranca, con representantes del Banco Popular y con el director de Grandes Empresas de Caja España, Emilio Alonso.

PD. Y de todo aquello, ¿qué se hizo?. Todo aquello quedó en nada. Ahora, al fin y al cabo el Gran Hotel de Lugo y su ‘spa’ son de De Cabo… y Caja España..., bien gracias, a punto estamos de regalársela al tío Braulio, mientras todos callan como putas.



16 de julio de 2013

El sueño de La Razón engendra a Mariquita Pérez

Un tonto y su dinero se separan pronto, pero yo jamás imaginé que fuera tan pronto.

(Primer número de La Crónica. Pronto saldrá el último, paciencia)

Hace más de cinco años recibí una alarmante llamada de teléfono de una persona a la que tengo en gran estima: -¿Oye, La Crónica es de Martínez Núñez, no?. -Sí, le contesté. -Pues ya estás largándote de ahí cagando hostias, porque ese grupo tiene menos futuro que el PSOE con Zapatero (por entonces no se conocía el futuro del PP con Rajoy y con Bárcenas, pero también hubiera servido el símil).
Yo no me creí mucho el negro augurio, por lo que mi interlocutor prosiguió: -He comido con Don José [Don José Martínez Núñez: el capo, el padrino, el mandamás del cotarro] y te aseguro que si a este tipo le ofrecen un negocio honrado lo rechaza. No le interesa nada que sea legal ni ninguna operación donde no parta de una situación de ventaja o de una posibilidad clara de extorsión.
En realidad yo ya sospechaba algo así, pero pensé que un grupo familiar como el de MN era el mejor refugio para poder hacer frente a la larga y penosa crisis que se avecinaba. Me equivoqué, no conté con el factor humano, sobre todo con el factor humano de la estulticia o imbecilidad: Un imbécil convenció al hijo de Don José [El Fillo’, un tipo megalómano de escasa inteligencia y menos aptitud, aunque sin el coraje ni el talento del Viejo] de que lo mejor era que La Crónica rompiera amarras con El Mundo, con el que estaba asociado.
Ámbos ‘cirullos’ pensantes se pusieron manos a la obra y acabaron contratando, a través de una empresa de cazatalentos, que manda cojones, a la Mariquita Pérez, un homúnculo paracelsiano, homosexual reprimido al que, según dicen, habían expulsado de La Razón por facha. Este pavo, que en su trayectoria profesional no había sido otra cosa que un puto plumilla que había adquirido importancia a base de dársela él mismo, entró a saco en La Crónica, en el puesto, nada menos que de director general, ¡tachín!, cobrando una millonada de cojones con el único objetivo de romper el ventajoso acuerdo editorial con El Mundo.
El caso es que tras contratar a unos gilipollas para que hicieran un nuevo diseño del periódico, un diseño, por lo demás, lamentable y que costó un pastón, pastón al que hay que añadir otro ‘puyazo’, que se llevó bajo cuerda el impulsor de todo el despropósito, el rediseñado periódico salió a la calle con mucho bombo y platillo, pero la hostia en los kioscos fue mayúscula, como no podía ser menos.
La Mariquita no debía andar muy convencida de la viabilidad del proyecto, porque unos días antes estuvo mendigando un puesto en El Mundo para largarse a Madrid, sabedora de la inevitable debacle, una debacle que, además se desencadenó con virulencia, porque entre medias, el indeseable engendro de La Razón había colocado en La Crónica a todos sus incompetentes amigos, unos sodomitas, otros iletrados, pero todos ellos cobrando como si trabajaran, incluso como si supieran trabajar, sueldos desorbitados hasta para el New York Times.
Pero a nadie le importaba aquel desaguisado, porque La Crónica, con su director general convertido en el azote de Zapatero, quería venderle al PP el mérito de haberle cortado la hierba debajo de los pies al inepto presidente leonés, precisamente en su feudo electoral. No hizo falta, como es sabido, el PSOE se ahorcó él solo y aún sigue balanceándose en la soga con los pies colgando, como el suicida protagonista del Mundo Feliz de Aldous Huxley.
Por otro lado, tras el escándalo Gürtel, en el que anda metido hasta el corvejón el grupo Martínez Núñez, y tras lo de las donaciones en dinero negro de Bárcenas, el PP no está muy interesado en según qué compañías y la de MN es una de las peores imaginables.
De modo que, asediado por las deudas, con sus dueños en libertad bajo fianza acusados de graves escándalos financieros y delitos contables, fiscales y defraudaciones, todos ellos presuntos, hétenos aquí que La Crónica va a echar el cierre, eso sí habiendo dejado a deber a los trabajadores nueve nóminas y cuantiosas e incobrables deudas a todos sus acreedores.
Ahora, si alguien sostiene que mantener este periódico abierto tiene algo que ver con la libertad de expresión, díganme si no merece un par de hostias bien dadas.
Otro día seguiré hablando de los protagonistas de esta novela negra berciana que aún está por escribir y en la que El Padrino es uno de los grandes ‘protas’.

P.D. Mientras tanto, quedémonos con el título de aquel grabado de ‘Los Caprichos’ de Goya: “El sueño de la razón produce monstruos”, asaz válido en nuestro caso, donde “el sueño de La Razón engendró a Mariquita Pérez”.