Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

12 de febrero de 2014

La Razón persigue la verdad

(Cada vez más literatura y basura son sinónimos)
 
 
No soy un gran fan del Quijote, como no lo soy de la novela en general (en teniente sí). Sea como fuere, debo reconocer que, al contrario de la gran mayoría de las novelas actuales, el Quijote nos regala felices invenciones, o lo que Borges denominaba "magias parciales". Una de ellas es esta frase que, según el autor (autoría que el propio Cervantes niega), aparecía en uno de esos libros de caballería que ponían loca la cabeza al buen hidalgo manchego: "La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, con tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura" (o lo que es lo mismo: la gallina). Leído esto, alguien me dirá (1,90 aproximadamente):
- ¿Dónde pretendes llegar?.
- Y yo que sé. ¿No ves que estoy en el paro y por tanto soy un desecho humano?
En fin, que en estos tiempos de caspa y sotaneo ('neosotaneo' o secta 'sotánica'), lo más socorrido es decir que la gente está anestesiada por culpa de Sálvame y del fútbol. Y no es que no sea cierto, sino que se queda corto. Es indudable que el fútbol y la telebasura (valga la redundancia) coadyuvan al adormecimiento de la población para que, a mayor gloria de la Iglesia y del Gobierno (valga la redundancia) trague pollas como ollas y se relama después de haber ingerido esa bazofia por efusión. Pero hay, además, otras anestesias destinadas a quienes por hache o por be no gustan de los placeres del balompié ni de los desvaríos y affaires de Belén Esteban y de Paquirrín: se trata de la literatura y la poesía contemporáneas. En cada mierda de ciudad o pueblo, por catetos que sean, surgen por doquier conventículos y círculos de vates e intelectuales de medio pelo que, como decía Blake de Swedenborg y Rembrandt, no dicen una sola verdad nueva y, en cambio, repiten hasta la saciedad todas y cada una de las viejas mentiras.
Hartos estamos de escuchar que este o aquel poeta es un referente por su compromiso en la lucha por la libertad y la dignidad humanas, cuando sabemos que toda su vida y su obra no son sino una amalgama de vanidades y ejercicios lingüísticos más o menos epatantes, paridos bajo el cobijo de las ubres de alguna administración pública u organismo asimilado (diputaciones e institutos de cultura provinciales comarcales o similares).
Poetas e intelectuales que se autoproclaman portavoces de los más desfavorecidos son habituales. Doble desgracia si, además de ser desfavorecido, resulta que tienes a un pedante soplándote la oreja o la polla y dando recitales y editando versos a cuenta de tu puta y depauperada imagen. Y lo mismo cabe decir de los novelistas (Julia Navarro, Pérez Reverte, Paul Auster, Ruiz Zafón, Sánchez Dragó,... Eso por no citar a la pléyade de autores de novela negra o de novela histórica que agreden de continuo nuestra sensibilidad estética).
En la línea de esa honestidad intelectual que tanto predican sobre ellos mismos, más les valdría reconocer que lo que les gusta es figurar en las tertulias literarias y en las ferias del libro, en las listas de ventas o de premiados de las Cajas de Ahorros y en las lecturas públicas de textos y poemas, que hinchan mucho el ego.
El verdadero escritor contemporáneo murió hace muchos siglos y los contemporáneos del futuro son, seguro, a día de hoy intelectuales absolutamente desconocidos, pero que elaboran en la intimidad una obra arcana que algún día cobrará un sentido único, genial y maravilloso: a Homero se lo empezó a conocer siglos después de su muerte, y casi otro tanto cabe decir de Van Gogh o de Vermeer.
Nos dicen que se lee poco, pero yo digo que la mayor parte de lo que los ciudadanos leen es tan nauseabundo como las andanzas de Belén Esteban o las interioridades de la vida de Ortega Cano. La literatura basura inunda las editoriales, como Planeta, un engendro multinacional propiedad de una familia semianalfabeta en dos idiomas, catalán y castellano, que amenaza con dejar Cataluña si este territorio se independiza de España, una razón más en favor de la independencia catalana.
La prensa, escrita o digital, tampoco son mejores: vender las bondades de la lectura y, a continuación leer el ABC, La Razón, El País o El Mundo (todos pertenecientes a conglomerados empresariales de dudosa filiación, alguno de ellos el propio grupo Planeta), es equivalente a sostener que se posee una amplia formación gastronómica porque se ve por la tele Top Chef o Pesadilla en la Cocina. Pensar que la cultura gastronómica es Ferrán Adriá o Alberto Chicote es lo mismo que creer que los antropófagos de Nueva Guinea Papúa constituyen una variante inexplorada y sorprendente de la cocina de autor.
En fin, "la razón de la sinrazón" que enloquecía a don Quijote, y con ello no quiero acusar a los medios de comunicación o a los intelectuales de esconder la verdad, ni mucho menos, todos ellos persiguen la verdad, tanto que la tienen ya
acorralada y a punto de rendirse.
 
PD. Llevaba meses sin escribir nada en este blog. Se entenderá por qué: la literatura es cada vez más un sinónimo de basura, con una diferencia, al menos la basura puede reciclarse.