Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

17 de marzo de 2014

Viva El Greco de los cojones


(Supuesto autorretrato de El Greco: la gente prefiere un domingo
de fútbol que a un Domingo Griego) 
 
Nada más inaugurarse en el palacio de Santa Cruz de Toledo la hipertrofiada exposición sobre El Greco ya ha sido visitada por más de 5.000 personas. Cinco mil personas que ya pueden presumir de ser expertas en la obra de este singular pintor. Lo cual me lleva a reflexionar que la moda no sólo abarca al corte y confección o al estilismo del cabello y del maquillaje, sino también al ARTE y la CULTURA con mayúsculas.
No alcanzo a comprender cómo, de repente, una obra pictórica compleja y enigmática en muchos sentidos, despierta el interés de una masa aborregada que habitualmente muestra una total indiferencia ante este tipo de manifestaciones.
La mayoría de las obras del Greco, y sobre todo las más importantes y significativas, pueden verse todos los días en diversas ubicaciones de Toledo y en el Museo Nacional de El Prado, en Madrid. Sin embargo, con la excepción, acaso, de El Entierro del Conde de Orgaz, que se exhibe en la iglesia toledana de Santo Tomé y que paradójicamente no forma parte de la macroexposición mencionada, apenas si despiertan un interés mínimo del público que el pasado fin de semana acudió en masa arrebatado por un súbito interés artístico sospechosamente sobrevenido.
Viene esto muy a cuento de lo que nos pasa hoy en día: no sólo estamos encantados con nuestra servidumbre y enamorados de nuestros negreros cotidianos, como por otro lado ya avanzó a mediados del siglo XVI Étienne de la Boétíe en su 'Discurso sobre la servidumbre voluntaria', sino que, además, vivimos en un perpetuo estado de pereza mental que nos lleva a aborrecer todo aquello que suponga pensar o reflexionar por nosotros mismos.
De este modo preferimos aceptar sumisamente como verdad incuestionable cualquier mentira repetida hasta la saciedad por nuestros verdugos: “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, “España gasta más de lo que recauda”, “La Guardia Civil no disparó pelotas de goma ni botes de humo contra los inmigrantes que se estaban ahogando en una playa de Ceuta”. Y suma y sigue. Sabemos que mienten con un dolo criminal, pero lo aceptamos de forma sumisa. Parece como que nos diera vergüenza disentir: Si el Gobierno lo dice será verdad.
Con esto del arte pasa lo mismo: Hay que ir a ver las obras del Greco aunque no nos digan ni aporten nada, como hay que decir que la poesía es un arma contra la opresión y que Gamoneda o los Panero son grandes poetas y referentes de rebeldía y de voz propia aun cuando no hayamos leído nada de ellos o lo que hemos leído nos parezca ramplón o, simplemente, carezca de interés alguno para nosotros.
Buscamos en poetas y artistas mediocres aquello que somos incapaces de decir, como si su voz, en general vocinglería y oscurantismo, pudiera suplir nuestro lamentable silencio cómplice.
Todo dios anda emperrado en que hay que proteger y potenciar la cultura, pero suelen referirse a la industria cultural, que es a la cultura lo mismo que La Razón al periodismo, Urdangarín a la honestidad o un cura pederasta a la protección de la infancia.
A mí el Greco siempre me gustó, tanto como para no asistir jamás a una macroexposición como la del palacio de Santa Cruz. De todos sus cuadros el que más me ha impresionado desde siempre es uno que puede que ni siquiera sea suyo, pero que rezuma Greco por todas partes: se trata de una rareza pintada sobre la tabla de la parte interior de la puerta de un sagrario de una iglesia de la Tierra de Campos palentina (prefiero no dar más datos, no vaya a ser que la roben). En el reverso de esa puerta está pintado un entierro de Cristo absolutamente maravilloso y en varias ocasiones lo he podido admirar y comentar con el párroco del pueblo, un hombre sencillo, pero de una gran erudición en materia de arte religioso rural.
En fin, un rato a solas con esa pintura y ese cura vale por todas las obras del Greco juntas y eso que guardo un magnífico recuerdo de una de mis visitas a los magníficos teleros de la iglesia de Santo Domingo el Antiguo (éstos sí, incluidos en la macroexposición).
No hay que tener apuro en decir que El Greco o Velázquez, Cervantes o García Márquez, Rosalía (y entraba), y Gamoneda o Juan Carlos Mestre nos importan una puta mierda, sobre todo cuando es exactamente así. De hecho, el propio Doménico Greco, profesaba opiniones muy despectivas sobre grandes genios de la pintura, como el gran Miguel Ángel, pero tuvo la valentía de hacerlas públicas, porque en el desempeño del duro y corto oficio de vivir no es necesario ser aquiescentes para tragar con toda la mierda que que nos sirven en la mesa. La poesía de Mestre o de Gamoneda son como la comida del Bulli, muchos de los que la alaban en público la escupen en privado. No hay que avergonzarse, si algo nos parece vomitivo es mejor decirlo y no comérnoslo, que tragarlo con el riesgo de que nos siente mal y nos convirtamos en imbéciles.
 
PD. Sépase que el gran aprecio por la pintura de El Greco data en realidad del siglo XIX y que con anterioridad suscitó más grandes rechazos que adhesiones, entre ellos los del propio Felipe II, que apartó al artista de los grandes proyectos iconográficos del Escorial y del gran tratadista de arte y mediocre pintor Francisco Pacheco, suegro de Velázquez. Quien quiera entender que entienda.
 

11 de marzo de 2014

ACEBES A VECES


(He aquí la lumbrera que nos protegió durante el 11-M)
 
Diez años ya de aquella memorable mañana en la que los trenes de cercanías de Madrid acumularon más retraso que nunca, llevándose de paso por delante la vida de dos centenares de personas.
Y el Gobierno emperrado en que había sido la ETA, pese a que, a medida que aumentaba el número de cadáveres, se iba comprobando que la cosa atufaba más a integrismo islámico que a integrismo vasco.
Pero lo que recuerdo como si fuera hace una década es la tarde anterior: unas horas antes de los atentados del 11-M el entonces ministro de Interior, Ángel Acebes, un orate balbuceante, presumía en un mitin en el Hotel Ponferrada Plaza, de los muchos logros del Gobierno de Aznar contra el terrorismo etarra. No reproduzco aquí mi crónica del mitin para que no se me tilde de comunista simpatizante con los asesinos. Así que cito la que publicó el Diario de León, firmada por Cristina Fanjul, nada sospechosa, por otro lado, de sectaria y antisistema, como yo: "Como colofón a su intervención ante los empresarios, el ministro de Interior recordó que los últimos años se han caracterizado por un crecimiento del Estado de Derecho y un retroceso del terrorismo, la coacción y el crimen representados por ETA. Así, recordó que el arrinconamiento de la banda se debe a la actuación de las Fuerzas de Seguridad del Estado y a la idea -defendida por el pacto por las libertades y contra el terrorismo- de que nadie pagará un precio político para que los terroristas dejen de matar. Acebes criticó así una vez más la actuación del secretario de ERC, Carod Rovira, y su encuentro con ETA".
Dijo más. Presumió de que ETA no atentaba porque no podía, porque carecía de capacidad operativa para hacerlo. Sin embargo, un día después, señaló públicamente que ETA había intentado un atentado similar al de los trenes de Atocha hasta en cuatro ocasiones, una de ellas en la Nochebuena anterior, pero de esos atentados frustrados no habló en el mitin, simplemente porque, para Acebes, 24 horas antes ETA era incapaz de llevarlos a cabo por la debilidad inducida por el Gobierno del PP.
La cuestión de los atentados se ha polarizado entre los que primero sostuvieron que fue ETA y luego una conspiración galáctica en la que participó el PSOE, los servicios secretos, la policía y la Guardia Civil, y los que sostuvieron que fueron los islamistas.
Hoy ya nadie acepta las teorías de la conspiración, salvo para salvar la honrilla, una vez demostrado que mintieron de forma escandalosa quedando peor que Cagancho en Almagro. Mintieron pensando que si conseguían prolongar la mentira de ETA hasta el domingo electoral del 14-M, entonces ganarían las elecciones y ya daría igual quien lo hubiera hecho. Pero la mentira fue tan burda que, para enmascararla, les obligó a iniciar una cadena de manipulación que implicaba a políticos y medios de comunicación como nunca se ha visto, aunque no quiere decir que no haya existido alguna otra similar.
Dio igual, los votos les mandaron a tomar por el culo y los mentirosos se pasaron siete años, hasta que retornaron al poder en 2011, deslegitimando el resultado de las urnas.
Pero lo que a mí me sorprende es que un tarado como Acebes insistiera en la autoría de la ETA, cuando, de haber sido la banda terrorista vasca, ello hubiera denotado una mayor incompetencia suya y de su gobierno: decir que fue la ETA la autora del mayor atentado terrorista de la historia de España cuando un día después de haber presumido de que esta organización estaba prácticamente desmantelada, sólo es propio de un ignorante y de un incompetente incapaz de encontrar una puta en un burdel. Ir más allá y tontear con la teoría conspiratoria en la que estarían implicados los servicios secretos y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, manejados nada menos que por Rubalcaba, es todavía peor, pues implicaba que el PP llevaba ocho años gobernando sin, al parecer, enterarse de como funcionaban estos cuerpos que debían garantizar nuestra seguridad, y, por si fuera poco, presumiendo de la buena labor del ministro de Interior. Eso sin contar con que atribuirle al tonto de Rubalcaba la capacidad para montar una conspiración así implica un síntoma añadido de idiocia. En fin, un desatino propio de un botarate, secundado por otros aprovechados y traidores al pueblo español, a los que este pueblo, que tanto presume de dignidad, no se ha dignado en perseguir y castigar debidamente.Tal vez ha llegado el momento de identificar a estos traidores y hacerles pagar su felonía. Pero mientras tanto, siguen gobernando y publicando mentiras e insultos, como un premio a su traición e incompetencia. Recuerdo que Acebes cobra pingües estipendios de una compañía multinacional. Lo mismo que cada puto incompetente, criminal y traidor que han tenido que soportar los españoles durante estas últimas décadas.
Para estos delincuentes  no cabe duda alguna: toda traición, villanía o mala acción tienen inmediatamente un gratificante beneficio.