Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

25 de abril de 2014

El Grial de ágata (Ruiz de la Prada)


(He aquí una obra digna de una hoguera, pero no de Miguel Ángel)
 
Murió García Márquez y ahora tal parece que todo dios cenaba con él habitualmente, cuando lo cierto es que la mayoría ni siquiera ha escuchado un disco suyo. A mí me gustaba, mucho menos que Borges, pero me gustaba. Tenía cosas buenas y mediocridades indignas, como el 'Relato de un náufrago', la 'Crónica de una muerte anunciada' o el horripilante cuentecito de 'Un señor viejo con unas alas enormes', que recuerda a una Mary Poppins cutre salchichera. Sin embargo, a mí lo que más me gustó de García Márquez, aparte de algunos párrafos excelsos de su gran obra maestra, fue un relato sobrecogedor (que coge sobres como Rajoy y los suyos de manos de Bárcenas) titulado 'El último viaje del Buque Fantasma'. Una oración compuesta todo él, al contrario de muchos relatos que se leen hoy en día, y y que, en vez de una oración compuesta, no son sino una blasfemia descompuesta y da cagalera leerlos.

En fin, la muerte de García Márquez ha servido, empero, para maquillar el hecho de que aquí en España la literatura que verdaderamente interesa es la relacionada con el fútbol, con Paquirrín, con Belén Esteban y con la entrada en la cárcel de Ortega Cano, entre otros problemas filosóficos y estéticos de similar calado y jaez.

Por lo demás, concluyó la Semana de Pasión como cabía esperar, con otra cagalera después de tanto estreñimiento y constreñimiento. Lo bueno es que entre tanto olor a sacristía, mezclado con limonadas y aguardientes (y ríase la gente), estos mis oídos fatigados tuvieron que escuchar perlas imborrables: así, en la retransmisión de una procesión en Televisión de León, hubo un comentarista que llegó a comparar al voluntarioso aunque no excesivamente brillante imaginero Víctor de los Ríos con Miguel Ángel y con Leonardo, lo que es la hostia, pero no llama tanto la atención en un lugar que presume de tener la copa de la última cena de Cristo, una copa de ágata (Ruiz de la Prada) que dicen que fue por la que bebió Cristo en la última cena, que manda cojones el tal Cristo, todo el día predicando austeridad, como Rajoy y 'Tontoro', y se mamaba en copas hechas de piedras semipreciosas. Y eso todos los días, a menos que supiera de antemano que aquélla iba a ser la última cena y mandara sacar la mejor vajilla para aparentar ante las generaciones venideras, cosa factible por otra parte si se tiene en cuenta que era Dios y que sabía, entre otras cosas, que Judas lo iba a traicionar aquella misma noche (-Seré yo, Rabí. - Pues claro que serás tú, gilipollas, no iba a ser ninguno de estos otros mamandurrieros que tengo por apóstoles. Menos mal que San Pablo va a caerse del caballo, que, si no, este negocio se va a la puta mierda).

Resumiendo: que si que en León tenemos la copa-grial de la última cena, que en la catedral de Coria (Cáceres) presumen de tener el mantel que se usó en el sarao, y que en Génova (en Italia, no en la sede del PP) tienen el Sacro Catino, un plato verde que presuntamente también se usó en la cenita de marras, ya nada nos impide hacer una fiestuqui del copón, nunca mejor dicho. ¿A ver si la cena la cocinó el del Vivaldi u otro alipende de por aquí?. Un cenorrio de muerte.
 
Yo creo que han traducido mal los textos egipcios esos del grial de su puta madre (los textos egipcios son un poco jeroglíficos) y que en vez de una copa de ágata lo que pasa es que acabaron todos a gatas de la mamadura que se pillaron, que fue tan cabezona que algunos llegaron a pensar que el maestro levitaba. Al final todos al trullo por botellón.

También estamos asistiendo estos días al linchamiento, otros lo llaman juicio, de Elpidio Silva, el tipo engreído que se creyó capaz de encarcelar a Blesa, el mismísimo amigo de Aznar. La mascarada sólo sirve para constatar algo que yo sé desde hace mucho, que bajo tanta toga y tanta hostia pretenciosa y afectada, el mundo del derecho y la judicatura sólo esconden depravación, cocaína, vicio, putas y viejos y viejas rijosos amanerados por la molicie, pero muy piadosos... con los ricos e implacables con los pobres, pura basura humana que alguien tendrá que eliminar algún día.

La Semana Santa sirvió además para constatar una vez más la connivencia de las autoridades de la España aconfesional, gobernadores (subdelegados se llaman ahora), delegados autonómicos y presidentes de diputaciones, de audiencias provinciales, y militares con las manifestaciones públicas y ostentosas de la confesión católica. Es más, en estos días de asombro y perplejidad los legionarios no sólo portan a Cristo en brazos el único día del año que no están borrachos o fumaos, sino que otros conmilitones nombran generala a la Virgen o le dan una medalla. ¡Arriba España!, y luego se extrañan de que la gente mejor preparada empiece a huir de este país atacado por la ponzoña.


PD: No es cuestión de debatir aquí sobre carnaciones y policromías mates o con brillo en la obra escultórica de Víctor de los Ríos. Basta con analizar la expresión de las figuras y hasta el movimiento para comprender que no es Gregorio Fernández ni Martínez Montañéz, ni siquiera La Roldana. Respecto a Míguel Ángel, a ese no le llega ni a la suela de los zapatos.

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