Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

24 de noviembre de 2014

Basura espacial



(Imágenes de las naves espaciales de 'Interstellar', arriba, y '2001 Una odisea en el espacio', abajo)
Después de tragarme pacientemente las casi tres horas de la afamada película 'Interstellar' y reflexionar someramente sobre ella, he llegado a la conclusión de que, como poco, debiera haberse titulado 'Basura espacial', pues basura y no otra cosa es el producto cinematográfico que se le ofrece al sufrido espectador al nada módico precio de 7,20 euros la entrada a la sala de proyección.
La historia le hace tantos guiños a varios clásicos del género que, de tanto guiño, se ha quedado completamente tuerta. Al final, tras una pretenciosa ampulosidad de efectos espaciales sobre gravitación no hay más que un vulgar remedo de la genial y deliberadamente lenta y tediosa '2001 Una odisea en el espacio': los acoplamientos entre los transbordadores y la nave interestelar, la propia nave con forma de noria de feria, las hibernaciones.... todo, bueno, todo menos la fantasmagórica presencia del supercomputador HAL* 9000 ominoso protagonista de la cinta de Kubrick que, recuérdese es de 1968, un año antes de la llegada del hombre a la luna.
Además del fusilamiento incuestionable de 2001, 'Interstellar' hace más o menos veladas referencias a obras maestras indubitables de la ciencia ficción, tales como 'Los hijos de Matusalén' (Las cien vidas de Lazarus Long), del gran Heinlein, 'Estación de tránsito', de Simak, por no decir que lo único aparentemente novedoso, el tratamiento de la relatividad temporal einsteniana, es burdo si se lo compara con el tratamiento que ese mismo tema recibe en 'El planeta de los simios', me refiero como es obvio a la magistral novela de Pierre Boulle, y no a la infecta reinterpretación de las películas yankis y del odioso y acartonado Charlton Heston.
En fin, seguro que el vulgo, tan acrítico como poco exigente, se lo pasa bien en la peli y no faltará quien aprecie en la inconsistente historia alguna gilipollez pseudofilosófica y medio trascendente, al igual que muchos la vieron en la horrenda adaptación que Ridley Scott hizo en 'Blade Runner' de una obra especialmente densa e inquietante, aunque no la mejor de él, de Philip K. Dick (siempre me llamó la atención que el director de una obra tan excelsa como 'Alien el octavo pasajero' fuera capaz de parir un bodrio semejante, en el que los robots son medio poetas que hablan de naves en llamas más allá de Orión, cuando todo el mundo sabe que, si los comparamos con la mayoría de los poetas y escritores leoneses y aun españoles, los robots seguro que son mucho más creativos a la hora de enfrentarse a la experiencia literaria).
Bueno, toda esta diatriba viene a cuento de que, para ver la puta película antedicha, hube de deglutir deprisa y corriendo y, por tanto, sin degustar debidamente, una hamburguesa de buey de un sabor y factura más que aceptables y que, por el mismo precio de la entrada del cine, me brindaba, en cambio, un placer que a la postre se reveló asaz mayor.
Creo que, salvo honrosas y escasas excepciones, el cine no es el soporte más adecuado para las historias de ciencia ficción. En realidad creo sinceramente que el cine no es el soporte adecuado para ninguna buena historia del género que sea. Sin embargo, por lo que se refiere a la ciencia ficción juzgo más recomendable leer a Heinlein, a Williamson ('La legión del espacio), a Asimov, a Bradbury, a Arthur C. Clarke (y a tantos y tantos de los que algún día empezaré a hablar) que ver películas basadas en guiones mediocres y plagiarios y dirigidas por artistas que no comprenden el fenómeno al que se enfrentan, porque la ciencia ficción no es sólo un género literario, sino que es un lenguaje, más bien un argot, cuyo conocimiento, nunca pleno, lleva años y esfuerzo denodado.
De modo que si alguien lee esto y tiene que elegir entre ver 'Interstellar' o un bodrio similar y dar cuenta de una buena hamburguesa o de otro plato rico, rico, que no lo dude ni un instante y se dedique a comer, que, al fin y al cabo (furriel), es lo más divertido que el ser humano es capaz de hacer con los pantalones puestos.
(*) Como curiosidad, para quien no ande muy ducho en las anfractuosidades de la ciencia ficción, señalaré que lo primero que todo buen aficionado al género debe saber es que el nombre del ordenador de 2001, HAL, lo formó Arthur C. Clarke con las letras que van inmediatamente situadas en el alfabeto antes de las de IBM, por aquel entonces y ahora el nombre del gigante de las computadoras.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Filezboy
Paco, he leido con atención tu crítica sobre interstellar... está llena de rabia tio! como dice mi psicoterapeuta (mi loquero) la rabia es producto de carencias y falta de felicidad, vete tu a saber.

Respeto tu opinión sobre basura espacial, yo creo lo contrario, obra maestra. Cuando una película es capaz de polarizar al público, en dos bandos tan opuestos, es porque al menos es especial, y espacial tambien!.

Te puedo explicar todos los temas de similitudes, y sobre todo las técnicas, soy ingeniero y de los listos.

Para crear graveda es necesario hacer que una nave rote, y la forma más sencilla es hacerla en forma de noria...pero bueno no te quiero aburrir mas.

ah!, se me olvidaba, el libro, sueñan los androides con ovejas eléctricas es un bodrio, pero blade runner lo supera. Esto ocurre pocas veces, que un film supere a su libro, pero bueno.

un saludo majo

Anónimo dijo...

Pues lo cierto es que usted, según su foto, tiene toda la pinta de preferir una hamburguesa a una buena película.