Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

8 de noviembre de 2016

'Literaturra'

(Así de simple) 
La literatura es como el sexo, está muy sobrevalorada. Hay que ver lo que es capaz de hacer la gente por echar un polvo, bueno, pues eso mismo o más es capaz de hacerlo también por escribir, por publicar y por darle a los demás una turra innecesaria y, sobre todo, inmerecida.
Se me dirá (1,80 metros) que soy un iconoclasta, que leer es la salvación del hombre, el antídoto de la ignorancia,
lo que hace libre al ser humano, lo que le permite desarrollar el propio discernimiento y todas esas gilipolleces y topicazos que a mí me provocan sarpullido en las criadillas.
Yo particularmente soy más partidario de la literatura y del sexo orales. Hablar, contar y divertirse supone para mí un buen ejercicio de aireamiento de las neuronas, que, salvo excepciones, no he encontrado nunca en la lectura. Si a ello le unimos que la Iliada, mi obra más 'favor', se concibió para ser contada o cantada en voz alta, lo mismo que los poemas de Snorri Sturluson (v.g. la saga de Egil Skallagrimsson) o que los romances del Prisionero o del Infante Arnaldos, entonces ya no tengo más que decir, salvo buagazas, mechodandrino y fimollante de Estepona (dícese de aquellas personas que gustan de hacer el amor en la vía pública con la gabardina puesta: mi pequeño homenaje a los geniales Tip y Coll).
No creo que por leer novelas uno vaya a ser más culto ni menos ignorante, antes al contrario: considero que Paulo Coelho, Pérez Reverte, Ildefonso Falcones, Lorenzo Silva, Sánchez 'Drogao' y toda la caterva de escritores de moda, sin contar los de la novela negra actual, que son una plaga, le están haciendo un daño incalculable a nuestros jóvenes, que no quieren ni por asomo asomarse a lo que les tienen que decir unos tipos tan plastas y tan endiosados, cuando no engreídos. Por esa, entre otras razones, ya solo leen a esos pelmazos los puretas y las marujas, que se han convertido en la reserva espiritual y literaria del orbe, haciendo realidad el sueño de Unamuno (fumemos, dijo Unamuno y el hijoputa sólo sacó uno).
Decían los imanes radicales en un pasado remoto (hoy día los imanes más radicales están pegados en las puertas de los frigoríficos) que todos los libros debían ser destruidos, porque ningún libro puede decir nada que no diga ya el Libro (el Corán). En tal caso ese libro es inútil, porque lo que dice ya ha sido dicho. Y si dice algo que no dice el Libro, entonces por ello mismo ha de ser destruido. Yo vengo a sostener algo parecido, sólo que yo creo que el Corán debe ceder su sitio al Drácula de Bram Stoker, o, en su defecto, al magnífico libro 'Ambiciones y reflexiones' de Belén Esteban.
Y de la poesía... ya ni te cuento, ¡coñazo supino!. ¿Pero por qué cojones debo yo sentirme arrobado y emocionado por la profunda visión de la vida, de la muerte y del amor también que tengan Mestre, Gamoneda, Jorge Guillén, Neruda, Cernuda o Cornuda?. De joven me gustaba Lorca (la ballena asesina), pero me quité. Ahora considero que la poesía es una experiencia íntima y, como tal, debe ser como la religiosidad, incluso como la religión, experimentada en privado. ¡Fuera la poesía de la escuela!. Lo mismo que la religión debe refugiarse en casa y en la catequesis, la poesía debe refugiarse en las teterías y cafeterías progres o, en su defecto, en el váter, mientras cagas o te masturbas (o sea, en un espacio íntimo).
Cuando los estiraos hablan de leer y de cultura siempre se refieren a Saramago, a Muñoz Molina y a poetillas de mierda. Nadie habla de la necesidad de leer a Einstein, a Sánchez Albornoz o a García de Valdeavellano, o a Humboldt, o a Darwin o a Newton, o a los grandes médicos y matemáticos, o a los arquitectos e ingenieros, o a los demógrafos y economistas. O a los especialistas en ciberciencia, en computación, en nanotecnología, en biología....
Sólo por joder recordaré aquí que tipos como Sócrates o Jesucristo nunca escribieron nada y quienes pusieron en su boca cosas que seguramente nunca dijeron fueron mixtificadores consagrados como Platón, como los evangelistas o como San Pablo. Y lo jodieron todo.
Consumir ficción a lo tonto (y la poesía, la filosofía y la teología son simples subgéneros de la literatura de ficción) es demoledor para la cultura y para la formación de la persona, a la que directamente la hace tonta, pedante y pagada de sí misma. Solo sirve para pasar el rato (como ver fútbol), para anestesiar la propia imaginación y para abundar de modo intolerable en el postureo y en la afectación del lector presuntuosamente culto.
Hasta aquí puedo escribir: concluyo diciendo que para mi gusto la mayor obra literaria de ficción de la historia de la Humanidad es una novela hiperbreve que leí cierto día y ya nunca me pude quitar de la memoria. Se titulaba 'Autobiografía de un jamón' y decía así: “Yo era un cerdo, pero me curé”. Así que se lo digo a todos los literatos: si no podéis mejorar esto, y esto me parece inmejorable, podíais cerrar el puto pico.

13 de septiembre de 2016

La mierda nuestra de cada día, dánosla hoy

(No lo creeréis, pero con esta mierda el autor pretendía  
encontrar la estructura básica del universo. 
Presuntuoso y envanecido como un poeta actual)
Hay que tragar mucha mierda cada día, pero, de entre toda la mierda que a diario tengo que deglutir, no la hay que me dé tanto asco como el excremento seudointelectual que intentan colarme en forma de pensamiento y expresión creativos y que no es otra cosa que una especie de dogma religioso disfrazado de sentimientos y sensibilidad humanos.
Para no caer en la 'escuridad' que tanto detesto voy a citar un ejemplo, una frase textual de uno de nuestros popes culturales: “La poesía es una aliada en la construcción utópica del porvenir, por eso su alianza está con las viejas palabras que siguen recordando tres principios: igualdad, inocencia y felicidad”.
Otro ejemplo más: “Si yo fuera poeta transformaría las palabras en sentimientos. Recogería palabras como libertad, esperanza, compasión y coherencia y las sembraría en lo profundo del alma de las personas. Apelaría a la magia de saber decir las cosas como sólo se pueden decir de esa manera, para hacer florecer los sentimientos más bellos en las actitudes y comportamientos que realizamos todos los días”.
Puras tautologías, como la existencia de un dios como principio de todo. Si dios es el principio de todo, ¿cuál es el principio de dios? Lo mismo aquí: igualdad, inocencia y felicidad. ¡Puta madre!, lo jodido es que no sabemos muy bien qué pollas quieren decir esos principios que el poeta tiene tan claros (con los grandes ojos de su espíritu: con sus ojones) ¿Y qué cojones es eso de una construcción utópica del porvenir?
Libertad, esperanza, compasión y coherencia: o sea que esos conceptos están en el alma de algunas personas, no de todas, gracias a la poesía. Una misión salvífica, como el bautismo y el abrazo de las enseñanzas del timador Jesucristo.
Seamos sinceros con nosotros mismos y admitamos que la poesía, como en general las creaciones artísticas y literarias, apenas tienen nada que ver ni con la libertad ni con la compasión ni con la coherencia ni con la inocencia ni con la felicidad humanas.
La poesía es antigua. Desde el improbable Homero hasta los afectados Gamoneda y Mestre mucha tinta se ha derramado en pos de esas pretendidas felicidad, inocencia y coherencia que tanto predican. Pero Homero cantó la belleza de la brutalidad de una guerra terrible, mientras que otros andan empeñados en describir el olor de las nubes, como un anuncio de compresas. La poesía de Baudelaire, de Rimbaud, de Byron, de Keats o de Whitman no influyó para nada en la vida de los ingleses, de los franceses o de los norteamericanos, como tampoco lo hicieron las vanguardias artísticas que anegaron París y hasta Barcelona. Al igual que la poesía, la pintura de Mondrían o de Kandinsky discurrió y discurre al margen de la realidad diaria. Unos la gozan íntimamente y algunos otros presumen de enterderla y tildan de ignorantes a quienes pasan como de la mierda de esa mierda. Finalmente los hay que utilizan las láminas de Kandinsky y de Mondrían para decorar las paredes de su chalé de un millón de 'ñapos'. Esos son los afortunados, los que hiceron de la asombrosa y revolucionaria concepción daliniana del arte y de la vida una jugosa forma de invertir lo ahorrado (digo lo robado). Esos mismos son ahora los que invocan con gran pompa a Mestre y a Gamoneda como adalides de la honradez intelectural. Pura filfa.
Neruda, un tipo acomodado y acaudalado que coleccionaba casas por el mundo, cantaba al amor de una manera displicente, como diciéndole al resto de los humanos que ellos no eran capaces de amar con la intensidad que él describía en sus poemas. ¡Estúpido!. Pero, en cualquier caso, su poesía no sirvió para impedir el asalto de Pinochet al poder, como tampoco sirvieron las obras de Alberti, Machado o Miguel Hernández para frenar al cabrón de Franco ni las de los poetas, filósofos y músicos alemanes para frenar el avance irrefrenable de Hitler. Por una simple razón, porque la poesía no tiene nada que ver con esta otra esfera de la realidad que es la vida de las personas. Son planos distintos e irreconducibles.
A un etíope, a un somalí o a un sudanés que se muere de hambre, miseria y enfermedades no lo puedes alimentar con poesía ni con láminas de Van Gogh. Y aunque la Unesco, la FAO y la ONU sean una puta mierda, que algo de eso hay, hacen una labor mucho más importante en el sentido de revertir esa situación injusta que todos los poetas, los pintores y los músicos del mundo juntos.
El arte (incluidas la literatura y la poesía) son como el ecologismo, un producto de sociedades avanzadas y económicamente acomodadas, que generan un importante excedente de ocio y tiempo libre susceptible de ser empleado en consumir productos culturales de ese tipo. El arte (incluidas la literatura y la poesía) es eso, un producto cultural y no conviene, por tanto, identificarlo con la 'Cultura', porque ello supone un reduccionismo intolerable, por excluyente, ya que deja fuera a otras manifestaciones y productos culturales de gran importancia, de mayor importancia, tales como la investigación con células madre, la investigación contra el cáncer, la economía, las matemáticas, la robótica, la astrofísica... por citar algunas. Hasta la política y la guerra son un producto cultural, porque hasta donde yo sé no hay ningún otro organismo vivo que se organice o se destruya de la forma en que lo hacen los seres humanos.
Me estoy poniendo excesivamente serio. Lo que quiero decir es que al que le guste la poesía que la viva, que la sienta o que se la meta por el culo, pero que no dé la turra con el rollo ese de la coherencia, la inocencia, la libertad y la igualdad, porque eso es pura palabrería y pura mentira. Igual pasa con el arte, sobre todo con la pintura y la música (mucho menos con la arquitectura). Si dices que la obra de Pollock (Jack el Salpicador) es una puta mierda presuntuosa e inverosímil te tildan de insensible e ignorante o consideran que eres un provocador. A ellos tampoco les gusta, pero aparentan que la entienden y que los transporta a un estado superior de la conciencia. Lo dicho, puro dogma religioso.

PD: Concluyo con una frase que no es mía, sino de un prestigioso matemático: "La verdadera negación de la literatura es hoy el clamor mediático de anticipos, publicaciones, presentaciones, recensiones, publicidades, patrocinios, premios, traducciones, reediciones y exhumaciones que acompañan al mercado editorial" (le faltó citar las entrevistas). O lo que es lo mismo, esto lo digo yo, que tanta poesía, tanto arte y tanta literatura de medio pelo hacen más daño que bien, porque tornan imposible discriminar y lanzan a las personas al consumo masivo e irremisible de productos culturales como el fútbol o el Gran Hermano. Es decir, fomentan aquello mismo que dicen combatir.

La mierda nuestra de cada día, dánosla hoy

(No lo creeréis, pero con esta mierda el autor pretendía  
encontrar la estructura básica del universo. 
Presuntuoso y envanecido como un poeta actual)
Hay que tragar mucha mierda cada día, pero de entre toda la mierda que a diario tengo que deglutir no la hay que me dé tanto asco como el excremento seudointelectual que intentan colarme en forma de pensamiento y expresión creativos y que no es otra cosa que una especie de dogma religioso disfrazado de sentimientos y sensibilidad humanas.
Para no caer en la 'escuridad' que tanto detesto voy a citar un ejemplo, una frase textual de uno de nuestros popes culturales: “La poesía es una aliada en la construcción utópica del porvenir, por eso su alianza está con las viejas palabras que siguen recordando tres principios: igualdad, inocencia y felicidad”.
Otro ejemplo más: “Si yo fuera poeta transformaría las palabras en sentimientos. Recogería palabras como libertad, esperanza, compasión y coherencia y las sembraría en lo profundo del alma de las personas. Apelaría a la magia de saber decir las cosas como sólo se pueden decir de esa manera, para hacer florecer los sentimientos más bellos en las actitudes y comportamientos que realizamos todos los días”.
Puras tautologías, como la existencia de un dios como principio de todo. Si dios es el principio de todo, ¿cuál es el principio de dios? Lo mismo aquí: igualdad, inocencia y felicidad. ¡Puta madre!, lo jodido es que no sabemos muy bien qué pollas quieren decir esos principios que el poeta tiene tan claros (con los grandes ojos de su espíritu: sus ojones) ¿Y qué cojones es eso de una construcción utópica del porvenir?.
Libertad, esperanza, compasión y coherencia: o sea que esos conceptos están en el alma de algunas personas, no de todas, gracias a la poesía. Una misión salvífica, como el bautismo y el abrazo de las enseñanzas del timador Jusucristo.
Seamos sinceros con nosotros mismos y admitamos que la poesía, como en general las creaciones artísticas y literarias, apenas tienen nada que ver ni con la libertad ni con la compasión ni con la coherencia ni con la inocencia ni con la felicidad.
La poesía es antigua. Desde el improbable Homero hasta los afectados Gamoneda y Mestre mucha tinta se ha derramado en pos de esas pretendidas felicidad, inocencia y coherencia que tanto predican. Pero Homero cantó la belleza de la brutalidad de una guerra terrible, mientras que otros andan empeñados en describir el olor de las nubes, como un anuncio de compresas. La poesía de Baudelaire, de Rimbaud, de Byron, de Keats o de Whitman no influyó para nada en la vida de los ingleses, de los franceses o de los norteamericanos, como tampoco lo hicieron las vanguardias artísticas que anegaron París y hasta Barcelona. Al igual que la poesía, la pintura de Mondrían o de Kandinsky discurrió y discurre al margen de la realidad diaria. Unos la gozan íntimamente y algunos otros presumen de enterderlas y tildan de ignorantes a quienes pasan como de la mierda de esa mierda. Finalmente los hay que utilizan las láminas de Kandinsky y de Mondrían para decorar las paredes de su chalé de un millón de ñapos. Esos son los afortunados, los que hiceron de la asombrosa y revolucionaria concepción daliniana del arte y de la vida una jugosa forma de invertir lo ahorrado (digo lo robado). Esos mismos son ahora los que invocan con gran pompa a Mestre y a Gamoneda como adalides de la honradez intelectural. Pura filfa.
Neruda, un tipo acomodado y acaudalado, cantaba al amor de una manera displicente, como diciéndole al resto de los humanos que ellos no eran capaces de amar con la intensidad que él describía en sus poemas. ¡Estúpido!. Pero, en cualquier caso, su poesía no sirvió para impedir el asalto de Pinochet al poder, como tampoco sirvieron las obras de Alberti, Machado o Miguel Hernández para frenar al cabrón de Franco ni la de los poetas, filósofos y músicos alemanes para frenar el avance irrefrenable de Hitler. Por una simple razón, porque la poesía no tiene nada que ver con esta otra esfera de la realidad que es la vida de las personas.
A un etíope o a un sudanés que se muere de hambre, miseria y enfermedades no lo puedes alimentar con poesía ni con láminas de Van Gogh. Y aunque la Unesco, la FAO y la ONU sean una puta mierda, que algo de eso hay, hacen una labor mucho más importante en el sentido de revertir esa situación injusta que todos los poetas, los pintores y los músicos del mundo juntos.
El arte (incluidas la literatura y la poesía) son como el ecologismo, un producto de sociedades avanzadas, económicamente acomodadas, que generan un importante excedente de ocio y tiempo libre susceptible de ser empleado en consumir productos culturales de ese tipo. El arte (incluidas la literatura y la poesía) es eso, un producto cultural y no conviene, por tanto, identificarlo con la 'Cultura', porque ello supone un reduccionismo intolerable, por excluyente, ya que deja fuera a otras manifestaciones y productos culturales de gran importancia, de mayor importancia, tales como la investigación con células madre, la investigación contra el cáncer, la economía, las matemáticas, la robótica, la astrofísica... por citar algunas. Hasta la política y la guerra son un producto cultural, porque hasta donde yo sé no hay ningún otro organismo vivo que se organice o se destruya de la forma en que lo hacen los seres humanos, por más poesía
Me estoy poniendo excesivamente serio. Lo que quiero decir es que al que le guste la poesía que la viva, que la sienta o que se la meta por el culo, pero que no dé la turra con el rollo ese de la coherencia, la inocencia, la libertad y la igualdad, porque eso es pura palabrería y pura mentira. Igual pasa con el arte, sobre todo con la pintura y la música (mucho menos con la arquitectura). Si dices que la obra de Pollock (Jack el Salpicador) es una puta mierda presuntuosa y afectada te tildan de insensible e ignorante y consideran que eres un provocador. A ellos tampoco les gusta, pero aparentan que la entienden y que los transporta a un estado superior de la conciencia. Lo dicho, puro dogma religioso.

PD: Concluyo con una frase que no es mía, sino de un prestigioso matemático: "La verdadera negación de la literatura es hoy el clamor mediático de anticipos, publicaciones, presentaciones, recensiones, publicidades, patrocinios, premios, traducciones, reediciones y exhumaciones que acompañan al mercado editorial" (le faltó citar las entrevistas). O lo que es lo mismo, esto lo digo yo, que tanta poesía, tanto arte y tanta literatura de medio pelo hacen más daño que bien, porque tornan imposible discriminar y lanzan a las personas al consumo masivo e irremisible de productos culturales como el fútbol o el Gran Hermano.

25 de julio de 2016

Engreimiento y decadencia

(Muñoz Molina. Y con ese careto avinagrado quiere ser objeto de admiración)

Se ha vuelto demasiado frecuente que prohombres de la cultura española salgan a la palestra en las redes sociales y en los medios de comunicación tradicionales lanzando invectivas contra los futbolistas, los políticos y la gente de la farándula. Un ejemplo textual: “Muñoz Molina: "Aquí sólo merecen admiración futbolistas o corruptos con éxito". También circula mucho una cita, no sé si apócrifa, de Valle Inclán, que dice “en España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo”. Y otras muchas en ese plan de lumbreras de nuestras letras como Javier Marías o Pérez Reverte.
Voy a ser políticamente correcto: Ya me empiezan a inflar un poquito los cojones esas frases, sobre todo cuando las dicen tipos a los que esta sociedad les ha reconocido un cierto mérito y les profesa cierta admiración, porque, se quiera o no, los méritos de Muñoz Molina, de Marías, de Reverte y de Valle Inclán, han sido y son ampliamente reconocidos, más incluso de lo que a mi juicio merecen.
O sea, que vamos a dejar de tocar los cojoncitos, porque lo que traslucen esas frases es una enorme vanidad, una pretensión idiócica de situarse moralmente por encima del resto de las personas. Algo así como: “mira el gilipollas de Cristiano Ronaldo o el retrasado de Messi, no saben ni hablar y cortan todo el bacalao, y aquí me tienes a mí, prácticamente empatado en dignidad y sabiduría con el mismísimo Jesucristo, y tengo que conformarme con dar dos conferencias pagadas por el estado sionista de Israel y con que mi mujer ande por ahí paseando por la radio la figura de Manolito Gafotas y el ambiente mundano de las calles de Niu York”, o cosas similares.
Pero, de verdad, ¿esta gente se cree que los males que aquejan a España vienen por esto?. ¿De verdad se creen que la gente admira a los corruptos?. ¿Piensan en serio que en Dinamarca o en Islandia o en el Reino Unido se valora mucho más a Bertrand Russell, a Ibsen o a Snorri Sturluson que a los héroes futbolíticos del momento?.
Si tan cultos son como parece desprenderse del impresionante tono apodíctico que habitualmente emplean deberían saber que ya en la Roma clásica, la de los emperadores, triunfaba el español Diocles, una especie de Fernando Alonso o Hamilton de las cuádrigas en las carreras del hipódromo, que era lo que por aquel entonces estaba en boga y hacía furor, mucho más que Séneca, Terencio o Plauto.
Siempre ha sido así, un futbolista, un cantante, una pedorra, un pedorro y hasta un político (que también puede ser pedorra o pedorro) son más populares en general que un Einstein, que un Wittgenstein, que un Hawking o que un simple maestro de escuela. De hecho, los Beatles o Pelé son mucho más famosos en todo el mundo que las decenas de premios Nobel que pululan por las universidades inglesas y americanas (en las españolas no hay ninguno), lo que no quiere decir que no se les reconozca su mérito y hasta se les admire.
Esto es lo normal, ni bueno ni malo, pero no creo que a Einstein le importara mucho si él tenía más o menos mérito o reconocimiento que Joe DiMaggio, con la única salvedad de poder follarse a la inalcanzable Marilyn, a la que por cierto, luego se tiró Arthur Miller, un escritor de medio pelo que a buen seguro también andaba diciendo que en Estados Unidos sólo había admiración por los jugadores de Béisbol, de Fútbol Americano y de Baloncesto o por hijoputas corruptos como luego se revelaron Nixon y Kissinger.
Si lo que de verdad pretenden Muñoz Molina y otros como él es cambiar las cosas, acaso debieran quejarse menos y trabajar más en esa dirección, buscando influir en la sociedad de alguna manera distinta a la de ahora, visto que lo que hacen no parece importarle, según ellos mismos se quejan, un puto carajo a esa sociedad. De Valle Inclán no voy a decir más que su obra me parece sobrevalorada en exceso y que no refleja la verdadera realidad de la España que pretendía plasmar. El esperpento es eso, una construcción intelectual y estética deformada y que, por ello, no responde a la realidad, sino a sus propias visiones, obsesiones y opiniones. Pienso muy sinceramente que la Generación del 98 hizo y sigue haciendo un terrible daño a España. La mayoría de sus integrantes, verbigracia Unamuno, denunciaban la decadencia de España, cuando quienes estaban en decadencia eran ellos mismos, de hecho, hace ya mucho que todos ellos son 'palmera plata acanalada'. 
Desde que los autores del 98 vivieron y murieron, España se rehizo y se desangró varias veces en una trayectoria dramática, terrible, pero también asombrosa, y aquí sigue España, rehaciéndose y desangrándose cada día, con malas universidades y excelentes equipos de fútbol. Tal vez eso no les guste a Muñoz Molina a Javier Marías y a Pérez Reverte, pero tampoco hacen nada por cambiarlo, bueno sí, criticar, como si eso bastara. Pero la gente les ha cogido tanta tirria, por pedantes y engreídos, que basta que digan una cosa para que se mofen de ellos. A Einstein le sudaba la polla que el vulgo no le entendiera. Quizás a éstos también. Pero una cosa sí les aseguro, que no se calienten: Muñoz Molina, Marías y Reverte no son Einstein ni su obra le llega a la de Einstein a la suela de los zapatos. Así que menos dar lecciones, ¡joder!, que sois ya más cansinos que Bertín Osborne y Belén Esteban. 
PD: Manda cojones el Molina éste, con lo de puta madre que estaba aquello de "Soy minero" y sale ahora con estas mierdas.


 

12 de mayo de 2016

Personajes, criaturas y caricaturas


Cada día abomino un poco más de los personajes en la literatura. De ahí mi mermado interés por el teatro y mi cada vez menor pasión por la novela. Un teatro sin personajes resultaría impensable. También una novela. Pero a mí no me gustan nada esas descripciones exhaustivas y autocomplacientes de los rasgos físicos y del carácter de los personajes, descripciones que, en general, acaban siendo una pura traslación, siquiera subliminal, de los del propio autor, que hace que el personaje sea un trasunto suyo, convirtiendo de este modo la obra literaria en una biografía, o peor aún, en una autobiografía.
Habitualmente, de un personaje literario sólo me interesan, a lo sumo, un par o tres de rasgos. Por ejemplo: alto y anarquista; juez viejo y rijoso (aunque sea una redundacia); cura y pederasta (ahí lo dejo); Vampiro y abstemio…. Pero odio ese puto rollo de que un autor fatigue mi paciencia con páginas enteras describiendo el cabello y las arrugas de un personaje o sus atuendos y su personal visión de la vida, de la política, del amor, el color de los pelos de su culo y la delicada mirada con que observa el mundo... de los cojones.
Así las cosas, alguien podría llegar a pensar que mis preferencias se orientan más hacia géneros como la poesía. Aparentemente la poesía carece de personajes. Sin embargo, a poco porro que uno sea comprobará que la poesía actual, casi toda ella de género lírico, intimista, introspectivo e introvertido (y aún no sé por qué), no es más que un inmenso monólogo de autor, el verdadero y vanidoso protagonista de la práctica totalidad de los poemas contemporáneos. Algunos poetas hay que, incluso, han llevado su personaje hasta la vida real y éste les ha absorbido, se ha adueñado de ellos. En alguna medida Unamuno fue uno de éstos: se sentaba a reflexionar sobre la decadencia de España en una plaza de Medina de Rioseco o frente a la iglesia mudéjar de Aguilar de Campos y allí colegía él que España estaba jodidamente mal. Vale, que no te digo que no, pero España sigue hoy muy mal y mira dónde quedaron Unamuno y toda su generación del 98, de personajes agobiados por el desalentador declive de España.
Ahora bien, si hay alguien erigido en protagonista de su obra, como un personaje histriónico que roza lo estomagante, al llevar sus ensoñaciones poéticas hasta el límite de la realidad, y por ello también de la estulticia, ya rallando en la idiocia, ese es mi dilecto Mestre, que se ha convertido en una caricatura de sí mismo.
No me resisto a entresacar aquí algunos párrafos de una entrevista que le hizo en 2013 un poetastro de medio pelo y mucha petulancia, más que nada para que juzgue el lector por sí mismo y se haga una idea de cuánta bobaliconería nos hacen tragar estos preasuntos intelectuales defensores de la Cultura, de los oprimidos y de no sé cuántas cosas más:
Pregunta: Estimado Juan Carlos, ¿cómo le gustaría que le presentaráramos?
Respuesta: Presentar, mostrar, exihibir, malos verbos, amigo Hasier, para el que no le cuenta los dientes a los caballos. Hablemos mejor de lo que silenciosamente ha de ser lo borrado como tachadura de las presencias obsesivas. El poeta acude a la cita con lo invisible, no al mostrador de las exhibiciones.
Prometedor comienzo, ¿eh?. Eso de “el que no le cuenta los dientes a los caballos” es la repolla. Pero aún no habéis leído nada. Esperad, que ésta también es muy buena.


Pregunta: ¿Cuál es el camino, cuáles los senderos que ha atravesado Juan Carlos Mestre para alcanzar la precisión y la alucinación de su lenguaje poético, tan latente en La bicicleta del panadero? [Como se ve, el entrevistador también se las trae de pedante. Aquí cada uno va a colar sus propios eructos, vengan o no a cuento]
Respuesta: Se suele entender por alucinación las sensaciones subjetivas radicalmente falsas, en algo ciegas, en mucho quiméricas. No, yo no he tenido nunca consciencia de padecer tal transitoriedad enajenante en mi lenguaje. Escribo como pienso, y pienso tal como vivo, contra el rejuvenicimiento de las plañideras y la tristeza teórica de las cátedras [....] Mi poesía habla de mi vida, de mi participación en el advenimiento y en el presentimiento, en la vértebra filosófica del pensar y en el balanceo de lo que otra mano desde lo misterioso empuja, desestabiliza y desordena. Asunto diferente sería el modo del actuar lingüístico, el procedimiento de la elección no elegida, la inclinación hacia la capacidad negativa de lo identificatorio con lo nombrado […] el único trastorno es la realidad fingida de lo real. Yo escibo lo más lejanamente posible a la innecesaria obviedad realista, soy un caracol descalzo sobre el rastro de los conversadores del peligro, me atrae la búsqueda, recortar con las tijeras de la invisibilidad los contornos sobrantes, pero también intento prestar mi cabeza al ciudadano más próximo, realizar la excavación en términos de lo posible, en estímulos racionales del hallazgo. Estamos hablando de materiales poéticos, no de bisbiseos melancólicos para llamar la atención de los gatos domésticos de la docencia. De momento dejemos el irracionalismo para el canto de las ranas. [Y así hasta el estrago. Ahora, no me jodas, que eso de la “elección no elegida” es ya 'pa' jiñarse, por expresarme en términos cultos].


Antes de concluir, leed esto otro, que tampoco tiene desperdicio:
“Lo que se revela lo hace en cuanto fluir cuántico de las particulas elementales de la conciencia, de la fragante actividad atómica de lo musical, quarks con sabor al significado que transportan y que aún invisibles a la observación del delator gramático llegan al poema a testimoniar su ser de memoria, su nostalgia de porvenir, y sueño, la resignificación del mito… La lucha por la sobrevivencia acaso sea también la lucha por los significados del existir, la comprensión del destino humano y la resistencia transcultural a los territorios impuros del poder”.

[La madre que me parió: “fluir cuántico de las partículas elementales de la conciencia”, “fragante actividad atómica de lo musical”, “quarks con sabor al significado que transportan”, “delator gramático”, “ser de memoria”, “resignificación del mito”, “inmanente superstición”, “resistencia transcultural a los territorios impuros del poder”].


No sigo más, lo mastico, pero soy incapaz de tragarlo. Toda la entrevista o la masturbación lírica o lo que sea es igual de afectada, una pura mixtificación. Pongo a continuación el enlace por si algún masoquista quiere pajearse mentalmente con adefesios de similar jaez: http://www.koult.es/2013/03/entrevista-a-juan-carlos-mestre-poeta-de-la-conciencia-civica/.
Algunos párrafos me recuerdan a aquellas estupideces de Feliciano de Silva que tanto enloquecían al patético Don Quijote: “la razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura”, y “los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas se fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza”.
Pues lo de Mestre es igual, imbecilidad en estado puro, es el Feliciano Silva berciano y contemporáneo. Lo dicho, todo un personaje. ¿Entendéis ahora por qué no me gusta la literatura de personajes?, porque para que alguien me cuente gilipolleces tan intragables ya cuento yo las mías. Así que hala, “a mamarla a Parla”, que yo también soy poeta.


PD: Y no digo más por no levantar la liebre


21 de abril de 2016

Culturetas, melómanos y estetas como carretas

 (Quieren hacer un templo cultural en el templo
 de la Cultural y los culturetas se quejan)

Se ha puesto basilisco perdido el personal cultureta de León con motivo de la propuesta de ubicar el conservatorio de música, templo de la cultura, en los anexos del estadio de fútbol Nuevo Amilivia, templo de la Cultural. Aquí, por lo que se ve, todo dios se ha convertido en un melómano recalcitrante, pero a mí, qué queréis que os diga, la música me parece un ruido insoportable en general, aunque en teniente ya no. En mi absoluta ignorancia juzgo horrísono a Wagner y a Mozart y prefiero cien veces a los Beatles, a AC/DC o a los Creedence, pero sin idolatría ni fundamentalismo ninguno. De la ópera no tengo sino que precisar que como, dicen en mi pueblo, no entiendo un 'cagao', porque todas las que conozco están en alemán, en italiano o en ruso, idiomas incomprensibles para mis cortas entendederas. Yo a veces he observado atónito a unas tipas muy gordas gritando como verduleras y a unos tipos caducos y engolados intentando aparecer como jóvenes galanes. No te digo más que estos putos ojos que se han de comer los gusanos, cuanto antes mejor, han visto nada menos que a Montserrat Caballé interpretando, con sus dos mil arrobas escasas, a la bailarina bíblica Salomé. Vamos, que el Bautista se habría decapitado a sí mismo ante tal esperpento.
En fin, creo de verdad, y no es por escandalizar, que la cultura cultureta, en todas sus manifestaciones, está muy sobredimensionada y aún más sobrevalorada: Leer o escribir poesía no te hace ni más libre ni más listo ni mejor persona. Escuchar con delectación y entender de música clásica tampoco. De hecho, todos los altos cargos nazis eran gentes muy capaces de emocionarse con Wagner, con Mozart y con Vivaldi, mientras no les dolían prendas de gasear a millares de judíos y gitanos o defender los experimentos médicos con mujeres embarazadas. Es más, consideraban el genocidio como algo profiláctico, un regalo que la Humanidad algún día les agradecería. En los ratos libres que la actividad de envasar nueces de California le dejaban, Borges vino a contar algo de esto mismo en su Deutsches réquiem y los culturetas de turno se le echaron encima tildándolo de facha.
Los nazis, los pronazis, los protonazis y los postnazis también eran y son muy cultos y leídos en general, aunque en cabo furriel ya menos. Algunos fueron incluso muy buenos escritores y pensadores: verbigracia Louis-Ferdinand Céline, con su impresionante Viaje al fin de la noche, o el filósofo coñazo Martin Heidegger, que tanto influyó en el 'pijoprogre' Sartre, igualmente destestable.
Ahora se ha puesto muy de moda en las redes de araña sociales enumerar los diez libros que cada uno salvaría de un incendio, y andan no pocos como “pollos sin cabeza” (que dijo ese prodigio de cultura y sabiduría que fue el Mulá Omar, otro que tenía un ojo...) eligiendo aquellos títulos que mejor puedan epatar a sus parroquianos, seguidores o amigos del Facebook y del Twitter. Yo, como inculto, ágrafo e iletrado que soy, propuse salvar nueve ejemplares de la Ilíada y el último libro de Belén Esteban: los nueve volúmenes de la Ilíada los echaría a quemar, para así poder cocinar y obtener calor y luz para leer el libro de la Esteban. ¿Por qué?, pues porque la Ilíada la he leído muchas veces y el de Belén Esteban no. Además, por otra razón, porque después de cagar me daría palo limpiarme el culo con la Ilíada, mientras que el libro de Belén Esteban puede que, sin saberlo, esté llamado a cumplir un importante papel (higiénico) en nuestra sociedad consumista, ecoinsostenible, mercantilizada, depauperada y poco libre.
Y aquí quería yo llegar: no sé vosotros, pero yo soy mucho más feliz cagando que escribiendo, leyendo o escuchando ópera, de ahí que muchos digan, y yo así lo creo, que lo que escribo es una defecación perpetrada con el teclado del ordenador. Desde mi punto de vista, follar, incluso no pagando, o emborracharse con cerveza o gin tonic son actos mucho más placenteros que leer a Walt Witman (y ya no te digo nada de Gamoneda), escuchar a Wagner o tocar ese instrumento de sonido insoportable que es el violín.
Todos los putos días nos aporrean la cabeza con mensajes del tono de que un país que no lee es un país sujeto a la manipulación de los políticos demagogos y corruptos. Yo no sé cuánto se lee en España ni en otros países, pero sí sé que los presuntos demagogos e hijos de puta que nos gobiernan tienen todos muchos estudios, muchos viajes, mucha cultura y son grandes estetas amantes de la ópera y del arte contemporáneo, especialmente expresionismo abstracto y arte conceptual, que dan mucho empaque (algunos también leen el Marca).
Otra: Muchísimos culturetas encumbrados y adorados con profusión se declaran y son absolutamente ignorantes en ciencia, en tecnología, en economía y en sociología y antropología políticas. Es más, no pocos de ellos desprecian públicamente el uso de la tecnología, de la ciencia, de la economía y de la política, por tratarse de ocupaciones propias de gente de bajos niveles éticos y estéticos. Para ellos es mucho mejor leer Rinconete y Cortadillo o una mierda similar o peor de Vargas Llosa o de otro Ferrero Rocher de turno.
Lo digo sin rodeos (sin ambages, que es más pedante). Me la pela el lugar donde Silván, la Junta y la Separada pongan el conservatorio, me la pela el conservatorio en sí mismo y me la pelan su primo el auditorio y su pariente cercano el Musac. Yo tengo mi propia cultura y mis propios eructos intelectuales y lo que menos me gusta es acudir aborregado a escuchar versos y sones eructados por otros individuos encantados de haberse conocido y que, no teniendo nada que decir, van y lo dicen. A estas altuas casi todos los tres o cuatro que me leen saben ya por qué escribo este blog y que la frecuencia con que publico adolece de graves desarreglos (o sea, que básicamente publico cuando me sale de los cojones). Vale, no soy un buen ejemplo de ciudadano ni de hombre culto, ni siquiera de hombre. Pero inferir que sin un conservatorio, sin una lectura pública del Quijote o de versos de Gamoneda o sin una representación de una obra adaptada de Cervantes o de Mamet el mundo se va al carajo y, por ello, los dictadores y demagogos se van a cebar con nosotros es de una inmensa imbecilidad. Los cabrones que se ceban con nosotros lo hacen con independencia de lo que leamos, de lo que escuchemos o de lo que hagamos, y sabed que muchos de esos cabrones también escriben poesía y teatro y aman la música con la delectación de un Félix de Azúa, de un Mestre, o de cualquier otro autor de Villafranca, cuando se escuchan a sí mismos. No lo dudéis, seguro que entre los poetas y los escritores y los amantes de la música y los músicos hay más cabrones e hijos de puta que entre la gente que se sitúa al margen de toda esa cultura cultureta.
PD. Nunca jamás logrará nadie que me guste la mierda de la música clásica, la mierda de la ópera, italiana, alemana o rusa, ni la mierda de la poesía de mierda. Mis sensibilidades, poética y personal, se orientan más hacia una buena pinta de cerveza fría o dos o tres... así hasta caer desplomado, porque yo soy un cerdo de la piara de Epicuro y de Kayyam.






11 de abril de 2016

Poética sin ética o poética patética

(Loewe, la marca pija también se ha erigido en voz de 
los sin voz, en la defensora de los oprimidos y todo eso)

Hay una mujer ecuatoriana residente en España que se llama Carla Badillo y que ha ganado la última edición del premio de poesía Loewe de Creación Joven. Ya de entrada, considerar joven promesa de la poesía a alguien de más de treinta años me parece excesivamente candoroso, pero lo que más me impresiona es que la galardonada poetisa, o como cojones se diga ahora, aseguró en una entrevista a esa cosa infecta que ha caído en manos de ladrones y mediocres, llamada agencia EFE, que tardó en escribir 'El color de la granada', título de la obra ganadora, “el mismo tiempo que tarda esa fruta en descomponerse, y es que no concibe su "poética sin riesgo y ahí -en la descomposición de la fruta- ya había un concepto". Tócate los cojones, la descomposición de la fruta es un cocepto: primera noticia.
Me da en la nariz que la gilipollez está cundiendo un huevo en todo el puto mundo. ¿Pero qué mierda es esa de 'poética de riesgo'?, ¿qué es eso de la descomposición de la fruta como concepto?. Además, no me imagino yo en la España actual a un poeta poniendo en riesgo su vida, como si fuera un albañil subido en un andamio sin protecciones. Riesgo, tal vez, afrontaron en otro tiempo poetas como Miguel Hernández o Machado, pero más por su militancia personal que por su poesía, que tampoco era tan brutalmente arriesgada.
En fin, considero que en esto de las artes y de la creación humana en general se nos ha ido la olla total...mente. Cualquier imbécil que un día visitó un país tercermundista o hispanoamericano es capaz de autoproclamarse portavoz de los sin voz, paladín de los excluidos o cualesquiera otras estupideces similares. Entiendo que a esta chica ecuatoriana le vengan de puta madre los 7.000 eurazos del premio Loewe (nombre pijo por excelencia y que, asociado a la poesía, produce sarpullido genital), pero intentar darle a eso una trascendentalidad metafísica me parece una exorbitancia desorbitada.
Y ya no te digo nada sobre lo que pasa en otros campos de la creación, como la gastronomía, la enología o las artes plásticas y visuales, incluida la arquitectura (no falta quien sostiene que esa puta basura que es el centro Niemeyer de Avilés es maravilloso). Ahí ya es la hostia consagrada. Hoy día te llega cualquier mequetrefe que no tiene ni la ESO, si acaso un grado medio de FP, y te presenta cualquier plato qué él llama 'deconstruido', lo cual, además de constituir un vómito incomestible (vervigracia la tortilla de patata deconstruida), es una patada directa en los cojones a conceptos tan complejos, ambiguos y hasta alambicados como el postestructuralismo, el posmodernismo, o la 'destruktion' del nazi Heidegger, derivada de forma pedante en la llamada 'deconstrucción' del franco-argelino Derrida (de estos filósofos engreídos y pagados de sí mismos también habría que hablar lo suyo).
Creo sinceramente que, en general, los grandes creadores ni siquiera saben que lo son, con la excepción acaso del sin par Esquilo o de Miguel Ángel. Pero parece que hoy día los artistas, del género que sea, están convencidos de que la mejor manera de adquirir importancia es dársela ellos mismos. Y lo hacen con fruición y de las maneras más bizarras. Por ejemplo, sé de un poeta laureado (bueno, premiado), que presume, eso sí, con afectada modestia, de ser el poeta del dolor, de reflejar con humildad la desesperación y “la memoria en la perspectiva de la muerte” (cágate lorito). Hasta tal punto llega en ese empeño, que incurre sin ambages en la mistificación (prefiero escribir mixtificación) y en construir a base de recuerdos reinterpretados una vida que no vivió, pues, lejos del dolor que dice haber sufrido y presenciado y de la resistencia que asegura haber protagonizado, se pasó la vida de forma más o menos muelle entre los cojines, la aquiescencia y la aprobación de los despachos oficiales. No quiero agotar los ejemplos, pero abundan quienes habiendo digerido, tolerado y hasta jaleado a dictadores de todo jaez, andan hoy por aquí dando ejemplo y hasta conferencias y recitales sobre poética y ética, sobre dignidad y defensa de los derechos humanos, retrotrayendo éstos nada menos que al 'Salmo de los Bienaventurados'. “Tócate los cojones tenía un criado que cuando no me los tocaba estaba parado”, que dijo otro gran poeta.
Por otro lado, no faltam artistas de éstos que se indignan cuando el Gobierno le mete un tajo abusivo a su más o menos lucrativa actividad, aplicando a ésta un IVA desproporcionado o impidiéndoles compatibilizar sus creaciones y deconstrucciones varias con la percepción de una pensión pública. Ahí sí se erigen en feroces activistas contra el poder estatuido. “Un atentado a la 'Cultura'”, proclaman airados. Pero, ¿por qué pollas pretenden hacernos creer que la CULTURA con mayúsculas consiste sólo en una obra de teatro, en un recital poético con bicicleta incorporada, en una canción de Víctor Manolo y Ana Belén (o Sabina y adláteres... ) o en una mierda de película de Almodóvar o cualquier otro truño similar?.
Resulta que estos próceres de nuestra CULTURA con mayúsculas han excluido de dicho club a todos los trabajos e investigaciones científicos, a todas las creaciones manuales o artesanas, dedicadas o no al ornato. Es intolerable esta exclusión, porque cultura es todo aquello que distingue al ser humano del resto de seres vivos. Comer y cagar no es exclusivo del ser humano, pero sí lo es elaborar un plato en un fogón, elaborar un vino y también pagar por ellos una pasta gansa. Todo eso es cultura, pero también lo es la guerra, el matrimonio, las religiones y las iglesias (que no son lo mismo), la moda, la peluquería, el bricolaje... y, por su puesto, también la política y follar con condón, valga la redundancia.
Considero que los artistas autoproclamados 'faros de la sociedad', 'defensores de los oprimidos' y 'voz de los sin voz' no son sino petimetres engreídos: una variedad de estafadores intelectuales. La 'poesía de riesgo' es nada, menos que nada, si ello fuere posible, porque comporta menos riesgo que el oficio de albañil. No debemos dejarnos arrastrar por la charlatanería: la cultura, la actividad artística y todas las creaciones humanas deben ser analizadas, disfrutadas y pensadas de forma humilde e íntima y no como espectáculo, porque eso reduce todo a eso, a un espectáculo, a una mera actividad económica o comercial. Lo otro es alharaca huera, o, como se dice hoy, puro postureo.
PD: “Poética de riesgo”, dice la pava. ¡Anda 'p'allá'!



31 de marzo de 2016

Mi vieja afición a la ciencia ficción


                                                 (Una obra maestra y una sorpresa)

Hace ya muchos años que ando un poco estragado de tanta literatura. Después de numerosas y variadas lecturas de lo que se llama coloquialmente narrativa de ficción, he llegado a la desalentadora conclusión de que la tal ficción apenas aporta a los lectores otra cosa que no sea matar el rato. Es decir, que no es sino un mero ejercicio de evasión que no confiere a sus practicantes ningún tipo de cualidad estética o moral añadida distinta de la que pueda conferir ver en la televisión productos como Gran Hermano o Mujeres y Hombres y Viceversa.
Pese a ello, de vez en cuando mi fibra sensible vibra con algunos felices hallazgos, llamémosles literarios, muy alejados empero de trivialidades al uso, como las mediocres obras de Cervantes y los estomagantes dramas de Shakespeare, por no hablar de los coñazos literarios de los autores locales.
Por si fuera poco, uno ya no puede entrar en una librería sin verse abrumado por decenas de títulos surgidos al socaire del centenario del nacimiento o de la muerte de algún autor consagrado. Libros por doquier sobre la vida cotidiana en el Siglo de Oro, sobre las costumbres en la Inglaterra del XVI y del XVII. Eso sin contar la ingente cantidad de bodrios afectados y arrogantes de novela negra, erótica, histórica, autoayuda y mierdas de esas.
Para conjurar dicha perplejidad suelo deambular por las estanterías dedicadas al arte y a la historia, pero, en general, en ellas yace la misma basura ampulosa y ramplona, con la agravante de una sobreabundancia incomprensible de libros sobre las vanguardias pictóricas (especialmente Dalí y Mondrian), en el caso del arte, y de libros sobre el nazismo y los campos de exterminio o de la Guerra Civil española, en el caso de la historia.
De modo que no puedo resistirme a echar una ojeada a los libros de ciencia ficción. Un pequeño homenaje a mi ya lejana época de juventud, cuando disfrutaba de sorpresas agradables, como 2001 Una Odisea en el Espacio (el libro, escrito a la par que se hacía la afamada película), Hacedor de Estrellas (de Stapledon), de Pavana (K. Roberts) y de los relatos de Asimov, Sturgeon, del inigualable F. Brown. O las novelas de Leiber, Silverberg, Heinlein, Bradbury (éste siempre me gustó un poco menos). Los maravillosos Arthur C. Clarke, Hal Clemens, Priest (El mundo invertido), Jack Vance, Larry Niven, Simak, Stanislav Lem, Frank Herbert... y así sin parar, en un intento vano de agotar géneros y subgéneros, hasta llegar a los precursores, desde H.G. Wells, hasta los hermanos Rosny (Ainé y Jeune, el mayor y el pequeño). Sin olvidar las fantasías desaforadas de Cyrano de Bergerac (El otro mundo) y de Luciano de Samosata. Curiosamente, y contra la creencia oficial, uno de mis escritores favoritos, Julio Verne, apenas escribió ciencia ficción, pero, bueno, lo quiero tanto que se lo perdono.
Cito a estos genios y algunas de sus genialidades para contraponerlos a tanta mierda disfrazada de fantasía, de ciencia ficción y de pretenciosa novela histórica. Todo son juegos de tronos, sagas imbéciles y paridas paridas bajo el manto aquiescente y ultramediático del incomprendido Lovecraft y del sobrevalorado, por aburrido, Tolkien: Laura Gallego, J. K. Rowling, George R. R. Martín (un Tolkien de mierda)... y no sigo, porque la lista sería interminable e inabarcable.
Bueno, pues en ésas, y después de años sin 'incursionar' (como dicen los pijos indoctos) en los procelosos mundos de yupi de la 'sci-fi', ayer mismo me topé con una sorpresa agradabilísima: 'Planilandia', de Edwin Abbott, una obrita a la que seguía la pista desde los lejanos tiempos en que mi amigo Manolo Pastrana me mostró la sección de Juegos Matemáticos de Scientific American, que dirigía con mano maestra el maestro Martin Gardner, que en paz descanse. Para no aburrir, el librito compagina, en sus apenas 150 páginas de relatos con letra suficientemente grande, la sátira social (al estilo de Swift o Rabelais) con la fantasía matemática. Así, se plantea cómo sería la existencia de un mundo de dos dimensiones, o de una sola dimensión, o de 'n' dimensiones, y de la posibilidad de conectar con esos mundos y de si la imbecilidad humana será susceptible de repetirse en tantas dimensiones como mundos dimensionales podemos imaginar. Para dar una idea, sin aburrir, de lo que hay en las páginas interiores, diré que uno de los relatos se titula: 'Acerca del aplastamiento de la Sedición Cromática'. Es evidente que cualquier atisbo de Julia Navarro, de Ángeles Caso, de Noah Gordon o de Sánchez Adalid es inrastreable.
La primera edición de esta obra data nada menos que de 1884. Me trae vagos recuerdos de la Alicia de Lewis Carrol y me introduce de lleno en la vida y la obra de otro padre incontrovertible de la ciencia ficción y de los universos pluridimensionales: Charles Howard Hinton, un tipo de vida azarosa que casó con una hija del matemático George Boole (el del álgebra de Boole), del que ya escribí aquí en su día y que él mismo desconoció el genio que fue, hasta que la incomporensión de sus propios coterráneos lo relegó al olvido del que lo rescató la ciencia de la supercomputación.
Con todo este rollo he querido decir que el mundo y su dilatada trayectoria espacio temporal abundan en este tipo de obras geniales y sorprendentes que esperan a que alguien las descubra por sí mismo como el tesoro que son; y que negarse a esos hallazgos personales para sumergirse en los caminos trillados de las obras manidas de los Cervantes, Shakespeare, o más cerca, de los Pereira, Gamoneda y Mestre, o de la pléyade de enanos pseudocreadores que pululan por El Bierzo, por León y por España es, según entiendo, un intolerable ejercicio de autocastración que no me encuentro con ánimos de acometer y menos aún de aplaudir.

21 de marzo de 2016

Las SS y el KKK

                     (Los militares de Astorga colaboran en la puesta a punto del prototipo de la escudería de Jesús Nazareno en la Semana Santa de Ponferrada. Foto de Infobierzo)

No sé si serán las fechas o qué, pero hoy me han entrado ganas de hablar de las S.S., de las semanas santas que pululan por nuestro territorio como una varicela turístico-mística.
¡Qué alegría da ver desfilar por las calles a esos cristos horriblemente lacerados y sangrantes! Tentaciones dan de poner debajo un caldero a modo de cáliz mondonguero y hacer unas morcillas de sangre redentora, que seguro que saldrían divinas. No, no os pongáis tan estupendos con mis blasfemias, que no lo son, pues eso mismo hacen cada día miles de sotanosaurios, cuando, en un orgiástico ágape antropofágico, degluten con beatitud y arrobo el cuerpo del Hijo del Hombre, que no sé por qué lo llaman así, porque hasta la saciedad hemos leído en el Catecismo, ya de Ripalda, ya del padre Astete, que Cristo de quien de verdad es hijo es de Dios. ¿Y San José, el Vejestorix o Edadepiedrix cristiano, qué opina de esto?, pues no sé muy bien, pero al parecer se lo tragó todo, el pobre. Es lo que tiene emparejarse con una hembra de buen ver y mucho más joven.

En fin, que con tanto Master Chef, tanto Top Chef, tanto Ferrán Adriá y tanto Arguiñano anda todo dios como loco con la fiebre culinaria, de modo que el pan es carne y la sangre vino y la hostia es pan deconstruido que es carne y sangre a la vez y no se cuántas pijadas que se escapan a mi obtuso entendimiento.

A mí lo que me gusta de verdad es eso de las procesiones. Están las escuderías, digo las cofradías, como locas preparando la nueva temporada. Los boxes echan humo. La de Jesús Nazareno oficial, porque hay muchas no oficiales, está preparando unas nuevas suspensiones y me cuentan en secreto que ha montado un nuevo sistema antiderrapaje para que los pasos no se salgan en en las curvas por muy deprisa que vayan. Además, sé de una cofradía que ha instalado en sus pasos una especie de KERS (Kinetic Energy Recovery System), que permitirá a sus imágenes acelerar a toda hostia cuando suene una saeta, para así evitar las flechas y que asaeteen más al ya de por sí alanceado Jesucristo.

Reconozcámoslo, la Semana Santa es un gran laboratorio de I+D+i, como la Fórmula 1. Las escuderías están todo el santo día investigando nuevas propuestas e introduciendo avances tecnológicos con el fin de que a cualquier puta mierda de estatua de escayola se le llegue a otorgar el certificado de Interés Turístico. En no pocos casos, para minimizar el horror proveniente de la impericia del tallista, se le pone al paso un nuevo chasis, lleno de (marciales) dorados de gran efectismo y asaz agradables al vulgo. En otras ocasiones se trae a unos militares para que porten la sacra figura a hombros o brazo en alto, como vulgares legionarios, dando así una muestra del gran porte marcial (dorado) de nuestros militares, como un mensaje subliminal de lo bien defendidos de cojones que vamos a estar en el caso de que esos mocetones impolutamente uniformados tengan que defendernos algún día.

En ese camino imparable de la innovación, cuya meta como dije es la declaración de interés turístico, no falta quien propone que las Vírgenes Dolorosas o de los Dolores desfilen con una cajita de paracetamol o de ibuprofeno entre sus retorcidas manos. Yo no lo veo mal, porque en estos días de aflicción la pena es tan grande que apenas puede soportarse si no es bebiendo como hijoputas cualquier tipo de brevaje espirituoso, jugando a las chapas y al bacarrá o ambas cosas a la vez: mamándose como un militar y jugándose las pestañas como un perdulario. También podemos esnifar farlopa e ir de putas para mitigar el dolor, pero esa es otra historia más propia de las festividades familiares.

Juzgo más que comprensible que en España gusten a la vez las procesiones y las corridas de toros: a fin de cuentas ambas consisten en recrearse en la tortura y la muerte de un bicho. Lo que no entiendo muy bien es por qué la muerte de Cristo mueve a tanto dolor si, a fin de cuentas, todos saben que como hijo de dios, que no de San José, es inmortal y va a resucitar como si del propio Rajoy se tratase. Fíjate si la estupidez humana es inabarcable, que hay quien quiere suprimir los toros, la Semana Santa y hasta las diputaciones. No, si también querrán cerrar los estancos y los puticlubes. Hay gente que carece de la más mínima coherencia nacional. Tortura, sangre, corrupción, drogas, prostitución: la pura esencia española. ¿Cómo puede haber alguien de buen corazón que pretenda acabar con nuestras sanas tradiciones? Son chavistas, leninistas, estalinistas... individuos que defienden los derechos humanos, los derechos animales, los derechos divinos. Derechos les daba yo.

Vuelvo al tema: En Semana Santa lo mejor, para los que somos de León y contentos de ser de aquí (cuando digo de aquí digo de León y provincia), es lo de 'matar judíos'. Bueno, esta costumbre va a acabar siendo declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. De hecho, ya la han copiado desde Hitler y sus S.S. hasta los grupos yihadistas, éstos últimos la aplican en cuanto pueden, el otro, no, ya no. Pero es más, también pretenden implantar una variante innovadora los propios judíos, a la que van a llamar 'matar palestinos'. Hasta ahora la han practicado con notable éxito.

En fin, para que no falte de nada, también tenemos a los papones, que desfilan por las calles con velas y atavíos propios del Ku Klux Klan, y eso que gracias a Snowden y Wikileaks hoy sabemos a ciencia cierta que la reforma de la sede del KKK se financió con dinero negro.

PD: Y ya no hablo más de la Semana Santa porque no quiero tirar de la manta. Así que hala, a matar judíos.


10 de febrero de 2016

El efecto Twitter en El Bierzo

(Mira, una disposición legal que asegura que a los efectos institucionales, jurídicos y administrativos El Bierzo se llama así, con E mayúscula y sin hacer la contracción)

No es de mi entero agrado meterme en estos berenjenales, porque la lengua lo mismo que sirve para hablar y degustar los alimentos , también sirve para otro tipo de comidas, y ya se sabe lo que eso trae consigo: generalmente infecciones.
Pero tengo que entrar al trapo respecto a una manida y un tanto aburrida polémica sobre cuál ha de ser la denominación correcta: 'del Bierzo' o 'de El Bierzo'. Hay que decir que ayer mismo el Consejo Comarcal de El Bierzo reavivó la polémica al aseverar que va a continuar sin hacer la contracción, cosa que recomendaba encarecidamente Valentín García Yebra, un gran filólogo berciano, pero que ya está muerto. ¿Por qué recalco lo de que está muerto?, pues no por ofender, sino porque la lengua es una herramienta viva y para los vivos, que va evolucionando al margen de sus usuarios y próceres por más dilectos o perínclitos que sean, como lo prueba el hecho de que por muy bien que se expresara Cervantes en la lengua cervantina (que manda cojones, ya sólo faltaría que, siendo de su propiedad -cervantina- no se hubiera expresado bien en ella, aunque nunca se me olvida el sin par Paul Groussac hablando de las incorrecciones y faltas de estilo del Quijote), hoy día no hay dios que lo entienda, porque la lengua ha cambiado, por más que Andrés Trapiello se esfuerce en hacer comprensible algo que, mal que le pese, suena un tanto viejuno por expresión y por argumento.
Bien, pues la respuesta a la pregunta sobre cuál debe ser la denominación correcta 'de El Bierzo' o 'del Bierzo' es:
Depende. ¿De qué depende?. De según como se mire todo depende...
Por un lado, la Real Academia Española, RAE, establece como criterio general que
se escribe con mayúscula inicial el nombre propio de las comarcas, esto es, los territorios que en un país o una región se identifican por determinadas características físicas o culturales: las Alpujarras, la Alcarria, los Monegros. El artículo que antecede al nombre propio de una comarca se escribe con minúscula: la miel de la Alcarria, el azafrán de la Mancha, el clima de los Monegros; por tanto, la forma el se amalgamará, como es preceptivo, con las preposiciones a o de: las playas del Algarve, el vino del Bierzo”. Esto podía habérmelo inventado, pero para que se sepa que no lo he hecho he de decir que así se indica en la Ortografía de la lengua española (2010), que se puede consultar en la propia página web de la RAE.
Bien, este es el argumento al que se aferran quienes defienden a capa y espada la utilización de la contracción en 'del Bierzo'. Efectivamente, más explícita no puede ser la RAE, al utilizar el vino del Bierzo como ejemplo.
Sin embargo, convendría aquí hacer notar que las normas de la RAE no son como las que aparecen en el BOE y que su infracción no tiene carácter punible en ningún caso. Todo lo más, comporta un descrédito social. Aunque ya ni eso.
Pero para quienes se muestran tan fundamentalistas respecto a las admoniciones y recomendaciones de la RAE, tengo que incidir en lo dicho, cuando todos los académicos mueran la lengua seguirá evolucionando y que lo que ayer era blanco hoy es gris y mañana muy bien puede ser negro. Esto mismo y no otra cosa es lo que parecía querer decirnos el académico leonés Salvador Gutiérrez cuando en una entrevista aparecida en ileon.com el 28 de enero de 2011, en la que podía leerse: “Salvador Gutiérrez, que ha sido el coordinador de la nueva normativa de la Real Academia Española (RAE) de la lengua, se ha encargado esta mañana de contradecir al también filólogo -recientemente fallecido- y ha asegurado que la institución aboga por la opción contraria. Así, Villafranca del Bierzo debe escribirse Villafranca de El Bierzo, "separado y el artículo en mayúscula". El filólogo fallecido al que alude es, claro, García Yebra.
Por si no hubiera sido suficientemente explícito, en el párrafo siguiente, Gutiérrez explica las razones de tal cambio de orientación de la RAE respecto a la postura mantenida en su día por el ilustre y respetado García Yebra: “Estas divergencias obedecen, según el académico, a que "el uso manda más que los emperadores" y, sobre todo, porque la lengua es "un organismo vivo". Reconoce, sin embargo, que "todos opinamos" pues todo el mundo, al fin y al cabo, "tiene interiorizada la ortografía".
Bien. Pues lo cojonudo es que ahora la RAE no ha seguido la orientación de Salvador Gutiérrez y aduce que el propio Gutiérrez utilizó en su discurso de ingreso en la Academia, en 2008 la denominación 'el Bierzo', con minúscula, abriendo así la puerta al uso ulterior de una eventual contracción: «Hacia atrás queda, parda y lejana, la inmensa planicie asturicense, sembrada de pueblos maragatos que se funden con el paisaje. [...] Delante, el Bierzo de esperanza, húmedo y rico jardín hacia el que confluyen verdes y profundos valles, heridos de inquietud minera» (pág. 9).

Aquí digo yo lo mismo que Rubén Darío (delantero centro del Atlético de Managua y gran poeta): “De las blasfemias de las academias líbranos señor”.
O sea, que, según esto, podríamos muy bien usar 'El Bierzo', 'el Bierzo', 'de El Bierzo' y 'del Bierzo' como nos saliera de los cojones y no por ello estaríamos infringiendo norma alguna. Si acaso costumbre rancia, porque citar a estas alturas como autoridad lingüística a Gil y Carrasco, como hace mi admirado Témez, diciendo que el escritor villafranquino (de dónde iba a ser si no) utilizaba la contracción 'del Bierzo' es como no decir nada, porque el tal Gil murió hace casi dos siglos y desde entonces para acá la lengua ha cambiado una 'jartá'. Es lo mismo que pasa con el Quijote, sólo que sustituyendo a Andrés Trapiello por Valentín Carrera.
Pero aún hay otro punto en el que los talibanes del castellano no han reparado. La puta costumbre de no leerse todos los argumentos y razonamientos, influencia, envenenada sin duda, de Twitter . Así, en una respuesta personal que me dio en su día la RAE ante esta consulta, la academia de la blasfemia asegura con tono apodíctico respecto a un caso similar. “En el caso de la Rioja, debe tener en cuenta que, pese a ser coincidentes en denominación, la escritura de la comarca y de la comunidad autónoma es diversa. Si nos referimos a la región o comarca, de acuerdo con la norma general, el artículo debe escribirse en minúsculas (la Rioja alavesa); mientras que se escribe con mayúscula únicamente cuando forma parte del nombre oficial de las comunidad autónoma correspondiente, La Rioja:«El presidente de La Rioja declaró ayer que su comunidad será solidaria con otras que carecen de agua» (El Mundo [España 24.8.1994]).”

Y aquí quería yo llegar, porque La Rioja, como nombre de una administración pública viene determinado en una ley de igual modo que El Bierzo como ente territorial singular viene determinado en otra disposición legal de la misma naturaleza: Ley 17/2010, de 20 de diciembre, de modificación de la Ley 1/1991, de 14 de marzo, por la que se crea y se regula la Comarca de El Bierzo.

Quienes critican sin saber deberían saber, o intentarlo al menos, antes de informarse . El Consejo Comarcal de El Bierzo se llama así, 'de El Bierzo', sin contracción, porque así se llama oficialmente esa administración pública, les guste o no a Yebra, a Gil y Carrasco a Témez o a San Pedro bendito.
Entiendo que no les importen nada los magníficos argumentos expresados por Xabier Lago Mestre, regogidos en su blog (obierzoceibe.blogspot.com) bajo el título: Nueva defensa del topónimo El Bierzo ante la Junta de Castilla y León. Lo entiendo porque Lago Mestre es muy culto, pero un poco cansino. Vamos que no le ha llamado dios por los caminos de la amenidad. Por tal motivo, citaré nuevamente un párrafo de una artículo del susodicho Salvador Gutiérrez, publicado el 2 de diciembre de 2010 en ese periódico nacionalista radical que es el ABC y que habitualmente no sirve ni para limpiarse el ojete: “Existe un empleo de la mayúscula de relevancia circunscrito a contextos especiales como los señalados por la Ortografía en los párrafos citados más arriba: “En el uso de las mayúsculas intervienen otros muchos factores, como la intención de quien escribe, el tipo de texto o el contexto de aparición”. Por razones de consideración institucional, los hablantes pueden intencionalmente expresar su respeto en el uso de la mayúscula., lo que no implicaría una contradicción con la regla general”. Qué, cómo se os queda el cuerpo.
Y para finalizar, que esto está quedando largo y ya parezco a Lago Mestre, citaré a la Fundeu, he de decir que, con contracción o sin ella, nadie pone en duda aquí que esto es 'el Bierzo' y no Bierzo a secas. Pues bien, la Fundeu asegura textualmente: “Se recuerda que el artículo debe usarse siempre con mayúscula inicial delante de todos los topónimos en los que el artículo forma parte del nombre propio”. En fin, las opiniones son como las alomorranas, cada uno tiene las suyas, pero llamar ignorante a quien tiene una opinión diferente es una exorbitancia. O lo que es lo mismo, desde mi punto de vista le pueden dar por el culo con un soplete.
PD: ¡Hostia, qué largo ha quedao!

18 de enero de 2016

¡A ver si hay cojones!

Los autotitulados 'creadores' leoneses, verbigracia (palabra viejuna) Luis Mateo Díaz, Antonio Gamoneda, José María Merino y Antonio Colinas, amenazan con dejar de escribir si Hacienda no les permite compatibilizar sus ingresos por derechos de autor, conferencias y otras actividades.... con sus pensiones.
   Me parece vergonzoso que un tipo como Colinas cobre una pensión de 600 euros mensuales, pero no más vergonzoso que cualquier otro trabajador o pensionista en similar tesitura. No entiendo a santo de qué Hacienda tiene que hacer algún tipo de distingo entre un albañil y un premio Cervantes. Si Hacienda es perversa, que lo es, no hay que esperar a denunciar su perversidad a que nuestros coterráneos juntaletras sufran en sus propias carnes las laceraciones del 'Montonto' o del 'Tontoro' de turno. Y digo yo, ¿dónde cojones andaban todos estos 'divinos creadores' cuando millones de perroflauyas y yayoflautas y mareas de diverso color asaltaban las calles denunciando la estafa que Hacienda y el Gobierno infligen a diario a los españoles?. Pues andaban enfrascados en su tontuna seudointelectual, mirándose el ombligo si verse los huevos aposentados más o menos cómodamente en sus parnasos.
   No es esto, empero, lo que más me entrejode de toda esta polémica, porque entiendo que un abuelete ande ofuscado por no llegar a fin de mes con una paga digna. Me jode más que unos abueletes que se autoproclaman con excesiva frecuencia portavoces de los sin voz y salvaguardas espirituales de Occidente sólo se acuerden de Santa Bárbara cuando les atruena encima. Y digo esto a sabiendas de que ello me granjeará insultos y desprecios de estos prohombres y de sus acólitos anónimos, que se creen que han empatado en dignidad y talento con el mismísimo Jesucristo, siquiera sea, en el caso de los seguidores, por vía de cercanías.
   Ahora, lo que de verdad más me indigna es que estos tipos y centenares de corifeos suyos estén todo el santo (perdón, quise decir puto) día dando la turra con la importancia de nuestros creadores en la conformación de nuestra cultura y pensamiento. Y eso es pura y simple filfa y patraña. Estoy absolutamente seguro de que ni Luis Mateo ni Colinas ni Gamoneda ni Merino ni dios que los fundó tienen ni tendrán jamás repercusión alguna ni en la creación ni en la literatura ni en el arte ni en el pensamiento. 
   Existe una cierta propensión a creer que la cultura son cuatro poetas, dos dramaturgos y unos cantantes coñazo que nos castigan a diario con sus creaciones. Pero a mí, que Shakespeare y Cervantes me parecen absoluta, pero absolutamente sobrevalorados, al igual que el resto de literatos poetas, juntaletras y autointitulados 'creadores', estos escritores leoneses me parecen bastante pretenciosos y pagados de sí mismos. Véase si no es risible esto que dice Colinas: En el fondo, el caso ofrece una muy mala imagen del concepto que en nuestro país se tiene de la cultura, además de que produce un daño enorme al estímulo a la creación cultural”. Y Luis Mateo abunda en el absurdo de la obviedad al decir: “contribuimos al bien de la nación” y por eso queremos la pasta. Nos ha chingao, contribuyen al bien de la nación en la misma, o acaso menor, medida que el resto de los currantes.
   O sea, que la manida creación a la que tanto sacan a paseo depende más del dinero que reporta que de la inspiración y el talento. Y yo, gilipollas de mí, que creía que escribían por vocación y por amor a la literatura y a contar y narrar cosas y no por dinero. Son, en ese sentido, como Amancio Ortega y como Botín pero en plan juntaletras.
   Entiendo, no obstante, razonable lo que dice Colinas en otra de sus declaraciones: “En su día, cuando nos dimos de alta como autónomos, nadie nos avisó de que esto podía ocurrir algún día. Si lo hubiéramos sabido habríamos metido el dinero en una hucha”. O sea, nadie les avisó de la estafa. Vale, lo mismo les ha pasado a centenares de miles de pensionistas, de currantes y de inversores y no andan diciendo que hay un desprecio por la cultura. La cultura, afortunadamente, tiene relativamente poco que ver con lo que hacen estos escritores: eso sí, manufactureros de productos culturales, pero no de cultura en general, porque la cultura es todo lo que el ser humano realiza, desde la pintura o la poesía, hasta la guerra y las acciones terroristas y a ningún miembro de ETA se le ocurre protestar por que el Estado no le permita compatibilizar los atentados con recibir una pensión. Es más hay coches bomba que duelen menos que algunas mierdas publicadas.
   En fin, comprendo sus penurias y que estén molestos por el recorte de sus percepciones y tal vez sea de justicia que esa situación se revierta. Lo que me parece grotesco es que amenacen con dejar de escribir, como si sus escritos, o lo que cojones sea lo que pergeñen en sus molleras, fuera un alimento indispensable para nuestras vidas y espíritus. Y no lo es. Es incluso más que probable que sin sus escritos, afectadamente intelectuales cuando no pretenciosos, todos seríamos más cultos y menos engolados. Nos tratan como si fuéramos unos pobres seres ignorantes que precisamos de sus creaciones literarias para abandonar nuestra condición semianimal y botarate. Pero el mundo no avanza gracias a los escritos de Gamoneda ni de Cervantes ni de Quevedo, Homero o Borges, sino más bien por los artificios de albañiles, carpinteros, médicos, ingenieros, físicos, políticos, y, siendo justos, también en alguna medida de los escritores y de los poetas, y hasta por los curas y los papas.
   Siempre he juzgado que los derechos de autor en las obras de creación literaria (no en las docentes o científicas) debieran quedar completamente abolidos, entre otras razones porque juzgo sinceramente que la literatura se ha emponzoñado y empobrecido en la medida en que se ha profesionalizado. Por eso yo apenas leo nada de autores vivos: me parecen en general viejunos y mucho menos contemporáneos que Homero o Luciano.
   Ojalá que a los 'creadores' leoneses se les arregle el problema con Hacienda y se conviertan en lo que merecen, porque ya lo son, en jubilados, eso sí, con una pensión digna, pero que no nos amenacen con dejar de escribir por tal motivo, puramente crematístico, porque ante tal amenaza a mí sólo se me ocurre contestarles aquello de ¡a ver si hay cojones!