Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

18 de enero de 2016

¡A ver si hay cojones!

Los autotitulados 'creadores' leoneses, verbigracia (palabra viejuna) Luis Mateo Díaz, Antonio Gamoneda, José María Merino y Antonio Colinas, amenazan con dejar de escribir si Hacienda no les permite compatibilizar sus ingresos por derechos de autor, conferencias y otras actividades.... con sus pensiones.
   Me parece vergonzoso que un tipo como Colinas cobre una pensión de 600 euros mensuales, pero no más vergonzoso que cualquier otro trabajador o pensionista en similar tesitura. No entiendo a santo de qué Hacienda tiene que hacer algún tipo de distingo entre un albañil y un premio Cervantes. Si Hacienda es perversa, que lo es, no hay que esperar a denunciar su perversidad a que nuestros coterráneos juntaletras sufran en sus propias carnes las laceraciones del 'Montonto' o del 'Tontoro' de turno. Y digo yo, ¿dónde cojones andaban todos estos 'divinos creadores' cuando millones de perroflauyas y yayoflautas y mareas de diverso color asaltaban las calles denunciando la estafa que Hacienda y el Gobierno infligen a diario a los españoles?. Pues andaban enfrascados en su tontuna seudointelectual, mirándose el ombligo si verse los huevos aposentados más o menos cómodamente en sus parnasos.
   No es esto, empero, lo que más me entrejode de toda esta polémica, porque entiendo que un abuelete ande ofuscado por no llegar a fin de mes con una paga digna. Me jode más que unos abueletes que se autoproclaman con excesiva frecuencia portavoces de los sin voz y salvaguardas espirituales de Occidente sólo se acuerden de Santa Bárbara cuando les atruena encima. Y digo esto a sabiendas de que ello me granjeará insultos y desprecios de estos prohombres y de sus acólitos anónimos, que se creen que han empatado en dignidad y talento con el mismísimo Jesucristo, siquiera sea, en el caso de los seguidores, por vía de cercanías.
   Ahora, lo que de verdad más me indigna es que estos tipos y centenares de corifeos suyos estén todo el santo (perdón, quise decir puto) día dando la turra con la importancia de nuestros creadores en la conformación de nuestra cultura y pensamiento. Y eso es pura y simple filfa y patraña. Estoy absolutamente seguro de que ni Luis Mateo ni Colinas ni Gamoneda ni Merino ni dios que los fundó tienen ni tendrán jamás repercusión alguna ni en la creación ni en la literatura ni en el arte ni en el pensamiento. 
   Existe una cierta propensión a creer que la cultura son cuatro poetas, dos dramaturgos y unos cantantes coñazo que nos castigan a diario con sus creaciones. Pero a mí, que Shakespeare y Cervantes me parecen absoluta, pero absolutamente sobrevalorados, al igual que el resto de literatos poetas, juntaletras y autointitulados 'creadores', estos escritores leoneses me parecen bastante pretenciosos y pagados de sí mismos. Véase si no es risible esto que dice Colinas: En el fondo, el caso ofrece una muy mala imagen del concepto que en nuestro país se tiene de la cultura, además de que produce un daño enorme al estímulo a la creación cultural”. Y Luis Mateo abunda en el absurdo de la obviedad al decir: “contribuimos al bien de la nación” y por eso queremos la pasta. Nos ha chingao, contribuyen al bien de la nación en la misma, o acaso menor, medida que el resto de los currantes.
   O sea, que la manida creación a la que tanto sacan a paseo depende más del dinero que reporta que de la inspiración y el talento. Y yo, gilipollas de mí, que creía que escribían por vocación y por amor a la literatura y a contar y narrar cosas y no por dinero. Son, en ese sentido, como Amancio Ortega y como Botín pero en plan juntaletras.
   Entiendo, no obstante, razonable lo que dice Colinas en otra de sus declaraciones: “En su día, cuando nos dimos de alta como autónomos, nadie nos avisó de que esto podía ocurrir algún día. Si lo hubiéramos sabido habríamos metido el dinero en una hucha”. O sea, nadie les avisó de la estafa. Vale, lo mismo les ha pasado a centenares de miles de pensionistas, de currantes y de inversores y no andan diciendo que hay un desprecio por la cultura. La cultura, afortunadamente, tiene relativamente poco que ver con lo que hacen estos escritores: eso sí, manufactureros de productos culturales, pero no de cultura en general, porque la cultura es todo lo que el ser humano realiza, desde la pintura o la poesía, hasta la guerra y las acciones terroristas y a ningún miembro de ETA se le ocurre protestar por que el Estado no le permita compatibilizar los atentados con recibir una pensión. Es más hay coches bomba que duelen menos que algunas mierdas publicadas.
   En fin, comprendo sus penurias y que estén molestos por el recorte de sus percepciones y tal vez sea de justicia que esa situación se revierta. Lo que me parece grotesco es que amenacen con dejar de escribir, como si sus escritos, o lo que cojones sea lo que pergeñen en sus molleras, fuera un alimento indispensable para nuestras vidas y espíritus. Y no lo es. Es incluso más que probable que sin sus escritos, afectadamente intelectuales cuando no pretenciosos, todos seríamos más cultos y menos engolados. Nos tratan como si fuéramos unos pobres seres ignorantes que precisamos de sus creaciones literarias para abandonar nuestra condición semianimal y botarate. Pero el mundo no avanza gracias a los escritos de Gamoneda ni de Cervantes ni de Quevedo, Homero o Borges, sino más bien por los artificios de albañiles, carpinteros, médicos, ingenieros, físicos, políticos, y, siendo justos, también en alguna medida de los escritores y de los poetas, y hasta por los curas y los papas.
   Siempre he juzgado que los derechos de autor en las obras de creación literaria (no en las docentes o científicas) debieran quedar completamente abolidos, entre otras razones porque juzgo sinceramente que la literatura se ha emponzoñado y empobrecido en la medida en que se ha profesionalizado. Por eso yo apenas leo nada de autores vivos: me parecen en general viejunos y mucho menos contemporáneos que Homero o Luciano.
   Ojalá que a los 'creadores' leoneses se les arregle el problema con Hacienda y se conviertan en lo que merecen, porque ya lo son, en jubilados, eso sí, con una pensión digna, pero que no nos amenacen con dejar de escribir por tal motivo, puramente crematístico, porque ante tal amenaza a mí sólo se me ocurre contestarles aquello de ¡a ver si hay cojones!