Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

21 de abril de 2016

Culturetas, melómanos y estetas como carretas

 (Quieren hacer un templo cultural en el templo
 de la Cultural y los culturetas se quejan)

Se ha puesto basilisco perdido el personal cultureta de León con motivo de la propuesta de ubicar el conservatorio de música, templo de la cultura, en los anexos del estadio de fútbol Nuevo Amilivia, templo de la Cultural. Aquí, por lo que se ve, todo dios se ha convertido en un melómano recalcitrante, pero a mí, qué queréis que os diga, la música me parece un ruido insoportable en general, aunque en teniente ya no. En mi absoluta ignorancia juzgo horrísono a Wagner y a Mozart y prefiero cien veces a los Beatles, a AC/DC o a los Creedence, pero sin idolatría ni fundamentalismo ninguno. De la ópera no tengo sino que precisar que como, dicen en mi pueblo, no entiendo un 'cagao', porque todas las que conozco están en alemán, en italiano o en ruso, idiomas incomprensibles para mis cortas entendederas. Yo a veces he observado atónito a unas tipas muy gordas gritando como verduleras y a unos tipos caducos y engolados intentando aparecer como jóvenes galanes. No te digo más que estos putos ojos que se han de comer los gusanos, cuanto antes mejor, han visto nada menos que a Montserrat Caballé interpretando, con sus dos mil arrobas escasas, a la bailarina bíblica Salomé. Vamos, que el Bautista se habría decapitado a sí mismo ante tal esperpento.
En fin, creo de verdad, y no es por escandalizar, que la cultura cultureta, en todas sus manifestaciones, está muy sobredimensionada y aún más sobrevalorada: Leer o escribir poesía no te hace ni más libre ni más listo ni mejor persona. Escuchar con delectación y entender de música clásica tampoco. De hecho, todos los altos cargos nazis eran gentes muy capaces de emocionarse con Wagner, con Mozart y con Vivaldi, mientras no les dolían prendas de gasear a millares de judíos y gitanos o defender los experimentos médicos con mujeres embarazadas. Es más, consideraban el genocidio como algo profiláctico, un regalo que la Humanidad algún día les agradecería. En los ratos libres que la actividad de envasar nueces de California le dejaban, Borges vino a contar algo de esto mismo en su Deutsches réquiem y los culturetas de turno se le echaron encima tildándolo de facha.
Los nazis, los pronazis, los protonazis y los postnazis también eran y son muy cultos y leídos en general, aunque en cabo furriel ya menos. Algunos fueron incluso muy buenos escritores y pensadores: verbigracia Louis-Ferdinand Céline, con su impresionante Viaje al fin de la noche, o el filósofo coñazo Martin Heidegger, que tanto influyó en el 'pijoprogre' Sartre, igualmente destestable.
Ahora se ha puesto muy de moda en las redes de araña sociales enumerar los diez libros que cada uno salvaría de un incendio, y andan no pocos como “pollos sin cabeza” (que dijo ese prodigio de cultura y sabiduría que fue el Mulá Omar, otro que tenía un ojo...) eligiendo aquellos títulos que mejor puedan epatar a sus parroquianos, seguidores o amigos del Facebook y del Twitter. Yo, como inculto, ágrafo e iletrado que soy, propuse salvar nueve ejemplares de la Ilíada y el último libro de Belén Esteban: los nueve volúmenes de la Ilíada los echaría a quemar, para así poder cocinar y obtener calor y luz para leer el libro de la Esteban. ¿Por qué?, pues porque la Ilíada la he leído muchas veces y el de Belén Esteban no. Además, por otra razón, porque después de cagar me daría palo limpiarme el culo con la Ilíada, mientras que el libro de Belén Esteban puede que, sin saberlo, esté llamado a cumplir un importante papel (higiénico) en nuestra sociedad consumista, ecoinsostenible, mercantilizada, depauperada y poco libre.
Y aquí quería yo llegar: no sé vosotros, pero yo soy mucho más feliz cagando que escribiendo, leyendo o escuchando ópera, de ahí que muchos digan, y yo así lo creo, que lo que escribo es una defecación perpetrada con el teclado del ordenador. Desde mi punto de vista, follar, incluso no pagando, o emborracharse con cerveza o gin tonic son actos mucho más placenteros que leer a Walt Witman (y ya no te digo nada de Gamoneda), escuchar a Wagner o tocar ese instrumento de sonido insoportable que es el violín.
Todos los putos días nos aporrean la cabeza con mensajes del tono de que un país que no lee es un país sujeto a la manipulación de los políticos demagogos y corruptos. Yo no sé cuánto se lee en España ni en otros países, pero sí sé que los presuntos demagogos e hijos de puta que nos gobiernan tienen todos muchos estudios, muchos viajes, mucha cultura y son grandes estetas amantes de la ópera y del arte contemporáneo, especialmente expresionismo abstracto y arte conceptual, que dan mucho empaque (algunos también leen el Marca).
Otra: Muchísimos culturetas encumbrados y adorados con profusión se declaran y son absolutamente ignorantes en ciencia, en tecnología, en economía y en sociología y antropología políticas. Es más, no pocos de ellos desprecian públicamente el uso de la tecnología, de la ciencia, de la economía y de la política, por tratarse de ocupaciones propias de gente de bajos niveles éticos y estéticos. Para ellos es mucho mejor leer Rinconete y Cortadillo o una mierda similar o peor de Vargas Llosa o de otro Ferrero Rocher de turno.
Lo digo sin rodeos (sin ambages, que es más pedante). Me la pela el lugar donde Silván, la Junta y la Separada pongan el conservatorio, me la pela el conservatorio en sí mismo y me la pelan su primo el auditorio y su pariente cercano el Musac. Yo tengo mi propia cultura y mis propios eructos intelectuales y lo que menos me gusta es acudir aborregado a escuchar versos y sones eructados por otros individuos encantados de haberse conocido y que, no teniendo nada que decir, van y lo dicen. A estas altuas casi todos los tres o cuatro que me leen saben ya por qué escribo este blog y que la frecuencia con que publico adolece de graves desarreglos (o sea, que básicamente publico cuando me sale de los cojones). Vale, no soy un buen ejemplo de ciudadano ni de hombre culto, ni siquiera de hombre. Pero inferir que sin un conservatorio, sin una lectura pública del Quijote o de versos de Gamoneda o sin una representación de una obra adaptada de Cervantes o de Mamet el mundo se va al carajo y, por ello, los dictadores y demagogos se van a cebar con nosotros es de una inmensa imbecilidad. Los cabrones que se ceban con nosotros lo hacen con independencia de lo que leamos, de lo que escuchemos o de lo que hagamos, y sabed que muchos de esos cabrones también escriben poesía y teatro y aman la música con la delectación de un Félix de Azúa, de un Mestre, o de cualquier otro autor de Villafranca, cuando se escuchan a sí mismos. No lo dudéis, seguro que entre los poetas y los escritores y los amantes de la música y los músicos hay más cabrones e hijos de puta que entre la gente que se sitúa al margen de toda esa cultura cultureta.
PD. Nunca jamás logrará nadie que me guste la mierda de la música clásica, la mierda de la ópera, italiana, alemana o rusa, ni la mierda de la poesía de mierda. Mis sensibilidades, poética y personal, se orientan más hacia una buena pinta de cerveza fría o dos o tres... así hasta caer desplomado, porque yo soy un cerdo de la piara de Epicuro y de Kayyam.






1 comentario:

Bouza Pol dijo...

No está mal la parrafada, parca, delicada y atenta, del cidadano Labarga, que llega de Ponferrada.

"Llegué a la calle Ancha, que no es tanto, y dime cuenta que esta gente de Ponferrada apenas lee, ¿cómo es posible que habiendo recorriddo yo, a pie, sin guardaespaldas, más de trescientos metros, no hubiera habido ni una sola alma ilustrada, ni caritativa, que me solicitara un aautógrafo? ¿Acaso, en esta gran urbe, que se autoproclama Capital del Bierzo, no conocen, no han leido, no se han impresionado con la fecunda versatilidad de mi pluma, plasmada en multitud de obras de extraordinaria enjundia y belleza...? ¿Es posible que no estén al tanto, y al cuanto, de mi inmortal obra "La Diosa del Cúa"?

Decepcionado con tanta ignorancia, con tantísima ingratitud, decidí marchar rápidamente de ciudad tan inhóspita, ¡vaya devotos de la Virgen de la Encina, qué gente! (Perdónenme los lectores algunas palabras un tanto sulfuradas que me han salido sin querer...,es culpa de las malas influencias de Pérez-Reverte y de Paco Labarga)

Es parte del Capítulo III de mi novela "LA DIOSA DEL CÚA", titulado: "OBISPO y AVISPA"