Blog de opinión y creación literaria de Paco Labarga

11 de abril de 2016

Poética sin ética o poética patética

(Loewe, la marca pija también se ha erigido en voz de 
los sin voz, en la defensora de los oprimidos y todo eso)

Hay una mujer ecuatoriana residente en España que se llama Carla Badillo y que ha ganado la última edición del premio de poesía Loewe de Creación Joven. Ya de entrada, considerar joven promesa de la poesía a alguien de más de treinta años me parece excesivamente candoroso, pero lo que más me impresiona es que la galardonada poetisa, o como cojones se diga ahora, aseguró en una entrevista a esa cosa infecta que ha caído en manos de ladrones y mediocres, llamada agencia EFE, que tardó en escribir 'El color de la granada', título de la obra ganadora, “el mismo tiempo que tarda esa fruta en descomponerse, y es que no concibe su "poética sin riesgo y ahí -en la descomposición de la fruta- ya había un concepto". Tócate los cojones, la descomposición de la fruta es un cocepto: primera noticia.
Me da en la nariz que la gilipollez está cundiendo un huevo en todo el puto mundo. ¿Pero qué mierda es esa de 'poética de riesgo'?, ¿qué es eso de la descomposición de la fruta como concepto?. Además, no me imagino yo en la España actual a un poeta poniendo en riesgo su vida, como si fuera un albañil subido en un andamio sin protecciones. Riesgo, tal vez, afrontaron en otro tiempo poetas como Miguel Hernández o Machado, pero más por su militancia personal que por su poesía, que tampoco era tan brutalmente arriesgada.
En fin, considero que en esto de las artes y de la creación humana en general se nos ha ido la olla total...mente. Cualquier imbécil que un día visitó un país tercermundista o hispanoamericano es capaz de autoproclamarse portavoz de los sin voz, paladín de los excluidos o cualesquiera otras estupideces similares. Entiendo que a esta chica ecuatoriana le vengan de puta madre los 7.000 eurazos del premio Loewe (nombre pijo por excelencia y que, asociado a la poesía, produce sarpullido genital), pero intentar darle a eso una trascendentalidad metafísica me parece una exorbitancia desorbitada.
Y ya no te digo nada sobre lo que pasa en otros campos de la creación, como la gastronomía, la enología o las artes plásticas y visuales, incluida la arquitectura (no falta quien sostiene que esa puta basura que es el centro Niemeyer de Avilés es maravilloso). Ahí ya es la hostia consagrada. Hoy día te llega cualquier mequetrefe que no tiene ni la ESO, si acaso un grado medio de FP, y te presenta cualquier plato qué él llama 'deconstruido', lo cual, además de constituir un vómito incomestible (vervigracia la tortilla de patata deconstruida), es una patada directa en los cojones a conceptos tan complejos, ambiguos y hasta alambicados como el postestructuralismo, el posmodernismo, o la 'destruktion' del nazi Heidegger, derivada de forma pedante en la llamada 'deconstrucción' del franco-argelino Derrida (de estos filósofos engreídos y pagados de sí mismos también habría que hablar lo suyo).
Creo sinceramente que, en general, los grandes creadores ni siquiera saben que lo son, con la excepción acaso del sin par Esquilo o de Miguel Ángel. Pero parece que hoy día los artistas, del género que sea, están convencidos de que la mejor manera de adquirir importancia es dársela ellos mismos. Y lo hacen con fruición y de las maneras más bizarras. Por ejemplo, sé de un poeta laureado (bueno, premiado), que presume, eso sí, con afectada modestia, de ser el poeta del dolor, de reflejar con humildad la desesperación y “la memoria en la perspectiva de la muerte” (cágate lorito). Hasta tal punto llega en ese empeño, que incurre sin ambages en la mistificación (prefiero escribir mixtificación) y en construir a base de recuerdos reinterpretados una vida que no vivió, pues, lejos del dolor que dice haber sufrido y presenciado y de la resistencia que asegura haber protagonizado, se pasó la vida de forma más o menos muelle entre los cojines, la aquiescencia y la aprobación de los despachos oficiales. No quiero agotar los ejemplos, pero abundan quienes habiendo digerido, tolerado y hasta jaleado a dictadores de todo jaez, andan hoy por aquí dando ejemplo y hasta conferencias y recitales sobre poética y ética, sobre dignidad y defensa de los derechos humanos, retrotrayendo éstos nada menos que al 'Salmo de los Bienaventurados'. “Tócate los cojones tenía un criado que cuando no me los tocaba estaba parado”, que dijo otro gran poeta.
Por otro lado, no faltam artistas de éstos que se indignan cuando el Gobierno le mete un tajo abusivo a su más o menos lucrativa actividad, aplicando a ésta un IVA desproporcionado o impidiéndoles compatibilizar sus creaciones y deconstrucciones varias con la percepción de una pensión pública. Ahí sí se erigen en feroces activistas contra el poder estatuido. “Un atentado a la 'Cultura'”, proclaman airados. Pero, ¿por qué pollas pretenden hacernos creer que la CULTURA con mayúsculas consiste sólo en una obra de teatro, en un recital poético con bicicleta incorporada, en una canción de Víctor Manolo y Ana Belén (o Sabina y adláteres... ) o en una mierda de película de Almodóvar o cualquier otro truño similar?.
Resulta que estos próceres de nuestra CULTURA con mayúsculas han excluido de dicho club a todos los trabajos e investigaciones científicos, a todas las creaciones manuales o artesanas, dedicadas o no al ornato. Es intolerable esta exclusión, porque cultura es todo aquello que distingue al ser humano del resto de seres vivos. Comer y cagar no es exclusivo del ser humano, pero sí lo es elaborar un plato en un fogón, elaborar un vino y también pagar por ellos una pasta gansa. Todo eso es cultura, pero también lo es la guerra, el matrimonio, las religiones y las iglesias (que no son lo mismo), la moda, la peluquería, el bricolaje... y, por su puesto, también la política y follar con condón, valga la redundancia.
Considero que los artistas autoproclamados 'faros de la sociedad', 'defensores de los oprimidos' y 'voz de los sin voz' no son sino petimetres engreídos: una variedad de estafadores intelectuales. La 'poesía de riesgo' es nada, menos que nada, si ello fuere posible, porque comporta menos riesgo que el oficio de albañil. No debemos dejarnos arrastrar por la charlatanería: la cultura, la actividad artística y todas las creaciones humanas deben ser analizadas, disfrutadas y pensadas de forma humilde e íntima y no como espectáculo, porque eso reduce todo a eso, a un espectáculo, a una mera actividad económica o comercial. Lo otro es alharaca huera, o, como se dice hoy, puro postureo.
PD: “Poética de riesgo”, dice la pava. ¡Anda 'p'allá'!



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