(Vista de tres monumentos de Astorga desde el parque del Melgar)


Patrimonio visual de León: otro punto de vista


León, ciudad acogedora, de cortas distancias, 
está hecha a la medida de los humanos, 
que es como deben ser las ciudades 
en las que nos gusta vivir o haber vivido.
Manuel Martínez Bargueño

Hace apenas dos semanas la prestigiosa revista de viajes National Geographic publicó un interesantísimo artículo llamando la atención sobre una impactante estampa visual que puede contemplarse desde el parque del Melgar de la milenaria ciudad de Astorga: desde ese lugar podemos contemplar con un simple golpe de vista la conjunción de tres épocas históricas y por ende arquitectónicas que condensan el impresionante pasado de la capital de la Maragatería. En efecto, la estampa nos ofrece una vista de la muralla romana y, encima de ella, el neogótico modernista palacio episcopal, de Gaudí, y la catedral de Astorga, de marcado estilo barroco (aunque la revista diga que es gótica).
Esta imagen resulta epatante para el redactor de National Geographic y sin duda lo es, pero quiero llamar aquí la atención de otra de similar calado que nos ofrece la ciudad de León y que responde de forma más que afirmativa a la manida pregunta de “¿Hay quien dé más?”. Y sí, sin desmerecer el valor de la imagen astorgana, esta postal leonesa nos permite contemplar de una sola ojeada nada menos que cuatro épocas históricas diferentes representadas por otros tantos ejemplos arquitectónicos.
Para captar esta imagen basta situarse en la esquina del edificio de la Diputación Provincial ubicada en la confluencia de las calles Ancha y Ruiz de Salazar. Si alineamos nuestra mirada con esta última calle nos topamos a mano derecha con el palacio de los Guzmanes (actual sede de la Diputación, de marcado estilo renacentista). Enfrente, a mano izquierda, despunta el estilo neogótico con tintes modernistas de la Casa de Botines, del sin par Antonio Gaudí. Y no para ahí la cosa: siguiendo la línea que marca la fachada de la Diputación nuestra vista se topa con un lienzo de la muralla romana que otrora circundó la vieja ciudad legionense. Por último, si miramos al frente contemplamos la adusta y asombrosa torre de San Isidoro, coronada por su emblemática veleta en forma de gallo, que es uno de los símbolos más preclaros del románico español, cuando no europeo.

(Cuatro épocas históricas en una sola mirada)

Así pues, recomiendo muy encarecidamente detenerse en este punto para retener en nuestra memoria o en la de nuestro móvil una imagen única, por más que sería muy deseable que se suprimiera la profusión de elementos del mobiliario urbano que interfieren esta vista privilegiada: carteles anodinos y ostentosas farolas de más impacto visual diurno que nocturno, y hasta furgonetas de reparto, vallas de obra, tenderetes y tiovivos (ver foto de abajo) que en épocas de fiesta entorpecen y afean este magnífico patrimonio visual que precisa de forma urgente de una mayor protección y de esa cosa tan afectada y hortera que hemos dado en llamar ´puesta en valor´.

(Numerosos cachivaches afean esta vista singular)

Aparte del placer visual, todas estas arquitecturas son de un modo u otro visitables y si os fiais de mi ya estáis tardando en hacerlo. ¿Qué voy a decir yo sobre San Isidoro (con su basílica y su espectacular museo), del palacio de los Guzmanes y su precioso patio o sobre la Casa de Botines? Sí que, no obstante, os aconsejo muy especialmente subir al mirador situado sobre el lienzo de la muralla que flanquea el parque del Cid, pues desde allí hay también unas visitas inolvidables, pues a las antedichas de Botines, la muralla, la Diputación y la torre de San Isidoro, se suman, aunque no de una sola ojeada, las del Museo de León (que era una conocida ferretería) y, cómo no, la parte alta de la impresionante Catedral gótica. Todo un regalo para el sentido de la vista, para nuestras emociones y para nuestro sentido estético.


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