(Depósito de Quintana del Marco)

Los cruceros del agua

Toda el agua del mundo es una abuela

que nos cuenta naufragio y regatas

que nos moja la sed y da permiso

para seguir viviendo otro semestre.

Mario Benedetti


Existe un amplio consenso acerca de los valores simbólicos, arquitectónicos y estéticos de edificios como la Catedral de León, la de Astorga o la Basílica de San Isidoro. Sobre esto poca discusión cabe.

Sin embargo, quiero llamar la atención aquí sobre otras construcciones más humildes, menos emotivas, pero más funcionales y, sobre todo, absolutamente necesarias para el desenvolvimiento de la vida cotidiana de las personas y de las comunidades. Hablo de fábricas, de estaciones de tren, otrora de molinos, bodegas, palomares...

Y existe un tipo de construcciones especialmente interesantes en las que apenas reparamos y que en los pueblos de llanura prestan un servicio esencial a la comunidad y que, por añadidura, brindan habitualmente una presencia física espectacular. Me refiero a los depósitos de agua, gigantes arquitectónicos destinados al abastecimiento de agua potable de la población. Los hay de muchas formas y de varia tipología, pero estéticamente muchos de ellos tienen un elemento común: son visibles desde varios kilómetros a la redonda, desde mucho antes de llegar al pueblo respectivo en el que están ubicados.

En los lugares donde hay enclaves elevados: montañas, colinas, oteros, etc. los depósitos de agua no resultan especialmente impactantes, porque están situados en zonas altas, a veces camuflados en el paisaje, por lo que muchas veces ni siquiera son fácilmente apreciables. Pero en los pueblos donde no hay elevaciones naturales, en las llanuras y los páramos, estos depósitos tienen que erigirse de forma artificial, dando como resultado columnas y torres enormes, que permitan una adecuada distribución del agua a los vecinos ,aprovechando la gravedad y la energía potencial que proporciona la altura de la que la planicie carece.

Y es precisamente sobre estas torres, que juzgo magníficas, sobre las que hoy quiero lucubrar. He escogido un conjunto heterogéneo de este tipo de edificaciones que jalonan el paisaje del páramo, asio como el tramo del Camino de Santiago que discurre entre León y Astorga, pero cualquiera puede fijarse en otros lugares y ubicaciones, porque hay decenas, centenares de ellas diseminados por toda España y muy particularmente por Castilla y León. He dado en llamar a estas estructuras los 'Cruceros del Agua', porque los considero como faros o hitos que orientan visualmente al viajero, peregrino o no, y tienen mayor presencia, incluso, que las seculares iglesias parroquiales, cuyas espadañas y torres eran los primeros elementos en dar visibilidad al núcleo poblacional correspondiente.

Me referiré en primer lugar a un depósito absolutamente excepcional proque conjuga la funcionalidad con la ornamentación y hasta con el mensaje de la reivindicación territorial, simbolizada en la figura de un león rampante flanqueado por las letras Q y M y tan solo afeado por el impacto visual de la enorme volumetría de una fea nave aledaña destinada a usos deportivos. Estoy hablando del depósito de agua de la localidad de Quintana del Marco (En la foto que encabeza este artículo). Sobre él no digo más que hay verlo e interpretar sus formas y su simbología para entender de qué estoy hablando.

A pocos kilómetros de Quintana del Marco se erige un conjunto magnífico de dos depósitos situados uno frente a otro: están enclavados en pleno núcleo de Valcabado del Páramo y componen una presencia espectacular. El primero de estos depósitos es relativamente pequeño con un vaso de forma cilíndrica rebajada en la base, sostenido por una gran columna de hormigón. Esta construcción debió quedarse pequeña en su día y obligó a construir uno nuevo y más grande, que se se erige justo enfrente y cuyo baso en un gran recipiente en forma de prisma cuadrangular sostenido por un enjambre de columnas de hormigón que están a la vista, sin ningún tipo de recubrimiento, lo que le otorga una mayor espectacularidad y, por qué no decirlo, originalidad. Tanto el vaso, como las columnas están pintadas alternando los colores morado, amarillo y blanco, dando vistosidad a la estructura, que, junto con la otra más pequeña, forman un dúo constructivo digno de ser contemplado y, en cualquier caso, de detenerse para tal fin.

(Depósitos de Valcabado del Páramo)

Pasando ya al tramo jacobeo entre León y Astorga, la localidad de Villadangos del Páramo nos regala una espléndida construcción de almacenamiento y distribución de agua en forma de prisma rectangular, realizada enteramente en ladrillo, que nos llama la atención desde que salimos de la localidad precedente de San Miguel del Camino, o desde la subsiguiente de San Martín del Camino si venimos desde Astorga. Es sin duda, por la simplicidad y grandiosidad de su fábrica, un edificio sorprendente, situado en una plazuela en pleno casco urbano y, por su monumentalidad, digno de ser mirado con detenimiento, incluso admirado.

                                                           (Depósito de Villadangos del Páramo)

Antes de la enormidad prismática del de Villadangos, muy cerca del emblemático santuario de la Virgen del Camino podemos contemplar, en el pueblo de este mismo nombre, un bello ejemplo de depósito sustentado por columnas de hormigón que forman una especie de tronco de cono sobre el que apoya el vaso contenedor de agua, que también tiene forma de tronco de cono, pero invertido respecto a la columnata de la base. Tal vez a vosotros no, pero a mí me parece de un gran efectismo plástico.

(Depósito de la Virgen del Camino)

A poco de salir de la Virgen del Camino ya podemos vislumbrar en lontananza el que podemos definir como el depósito más disruptivo de este tramo jacobeo. Se trata del depósito de San Miguel del Camino. ¿Por qué entiendo que es el más disruptivo?, porque está ejecutado enteramente en metal: una enorme estructura cilíndrida de vigas de acero recubierta por una malla, también metálica, que deja traslucir el entramado interior y en cuya cuya cúspide reposa el vaso, también cilíndrico y también de metal. Emplearé para definirlo una expresión de la más pura y pedante terminología artística: me 'puto encanta'. Este modelo de depósito metálico también encuentra su émulos en las proximidades: concretamente en la Aldea de la Valdoncina y en Robledo de la Valdoncina.


(Depósito de San Miguel del Camino)

Y no puedo omitir una referencia a un depósito de agua que es brutal y brutalista: el de San Martín del Camino: un enorme tronco de cono invertido sustentado por una grandiosa columna cilíndrica de varias decenas de metros de altura, únicamente mancillada por sendas pintadas de los quintos del 95 y el 98 (para aclarar, por si hubiera dudas: los del 98 no son precisamente los de la famosa generación literaria). El conjunto está coronado por una tapa en forma de estructura cónica de gran efecto visual, toda ella ejecutada enteramente en hormigón y situada en el mismo Camino de Santiago. El peregrino, el viajero o el curioso pueden contemplarlo desde la misma salida de Villadangos y perfectamente alineado con la carretera nacional N-120. Este depósito merece una parada para contemplarlo, aunque sea bajo el pretexto nada bastardo de tomarse una cervecita en el bar ubicado bajo él.

                                                 (Depósito de San Miguel del Camino)

También es interesante, por más que su aspecto sea más común, el depósito de Hospital de Órbigo, una esbelta estructura cilíndrica adornada con arcos de ladrillo ciegos sobre el paramento exterior, a modo de los arcos lombardos de los primeros templos románicos, con la particularidad de que cada arco enmarca en su parte superior un pequeño óculo redondo. Por otro lado, el hecho de estar en medio del campo, aislada del caserío realza su altura y su belleza. El depósito está coronado por lo que en arquitectura religiosa se llama tambor o linterna y adornado por un característico nido de cigüeña.

Todos estas magníficas construcciones, estos 'cruceros del agua', suelen pasar inadvertidos para los viajeros, jacobeos y no jacobeos, comprensiblemente deseosos de admirar las bellezas de la cercana Astorga o de la más lejana Compostela. Ya entiendo que la catedral maragata y que el palacio de Gaudí, tan de Walt Disney él, constituyen reclamos ineludibles, pero si con estas líneas consigo que a partir de ahora miréis con otros ojos estas estructuras tan útiles y tan maravillosas, habrá merecido la pena.



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